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Falsa soberanía
Ezra Shabot | Línea directa
La soberanía entendida como el derecho de cada Estado a tomar sus propias decisiones con base en la defensa de los intereses nacionales, es más un recurso retórico que un concepto que se pueda aplicar en la práctica. En nombre de esa soberanía se desataron conflictos bélicos en donde el nacionalismo fungió como el pegamento que unificaba a los individuos en contra de otros que asumían el mismo derecho a existir que su enemigo.
El nacionalismo mexicano, utilizado por los regímenes de la Revolución como recubrimiento ideológico para justificar una dictadura de partido renovada sexenalmente, ubicó a la cultura anglosajona protestante y específicamente a los Estados Unidos como el enemigo de la nación mexicana, tanto por sus invasiones militares como por difundir valores culturales ajenos al México católico.
Después de algunas décadas de coexistencia producto del Tratado de Libre Comercio, hemos regresado al concepto de la soberanía limitada, no por acuerdos internacionales que benefician a las partes, sino por la mayor o menor fuerza que cada Estado pueda demostrar frente a los poderosos empezando por supuesto con los Estados Unidos de Trump.
En este contexto la capacidad negociadora de México frente al gigante del norte es casi nula y está conformada por la presión migratoria que se puede ejercer sobre los norteamericanos, y el tema del crimen organizado que por si mismo representa un indicador de ausencia de soberanía en buena parte del territorio mexicano. Todo el discurso lleno de alusiones a la “dignidad nacional” y a la “no subordinación” frente al imperio, carecen de sostén en el ámbito de lo militar, lo económico e incluso lo estrictamente político.
Sin posibilidad alguna de responder a Trump en igualdad de condiciones, a Claudia Sheinbaum sólo le queda recuperar la soberanía interna tanto en lo concerniente a migración ilegal, como en aquello que está relacionado con la complicidad mutua de políticos y criminales encaramados en la estructura de gobierno a nivel local y nacional. O sea, se trata de restaurar el poder perdido dentro del territorio nacional para convertir en realidad el término “soberanía”, y desde ahí encontrar mecanismos de defensa efectivos frente a un imperio conducido a partir del capricho de una sola persona, impredecible y convencida de su superioridad sobre todo el mundo.
Si el proyecto de país de la 4T era inviable en un mundo de mercados abiertos y democracias liberales, también lo es en este retroceso autoritario que no permite acciones o políticas que vayan en contra del interés particular de Donald Trump. Si no hay avances significativos en el ámbito de la seguridad, y una modificación radical en la política exterior de Sheinbaum con respecto a los enemigos de los norteamericanos – Cuba, Irán y Rusia – la renegociación del T-MEC será un infierno para los negociadores mexicanos.