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Los políticos y los pecados capitales
Mi editora, Arelí Quintero, me sugirió, dada la conmemoración religiosa que vivimos, dedicar esta colaboración a los siete pecados capitales y su relación con algunos personajes de la política mexicana.
Para presentar a determinados políticos como arquetipos de transgresores de los mandatos religiosos y no parecer hipócrita y/o arrogante, hice un examen de conciencia del que deduzco que de los siete pecados capitales, soy perpetrador de seis de ellos. La envidia me es ajeno. No envidio la vida de otros sabiendo que la mía tiene su propio sabor, contenido, grado de dificultad y recompensa. No quisiera estar en los zapatos de Carlos Slim, serán muy finos pero calza medio número menos que yo y me apretarían.
De los otros pecados sí me consideró infractor. (Iba yo a escribir que tampoco se me da la avaricia, pero ¡ni madres! Capaz que me leen los administrativos de El Economista y dejan de pagarme). Peco de avaricia. Sólo trabajo por dinero. Cuando no me aumentan el sueldo, me da por arrojar granadas a los departamentos de contabilidad.
Lo que expresé respecto de mi carencia de envidia demuestra que peco de soberbia cuando lo presumo. Lucho denodadamente por no caer en los cuatro pecados restantes. No siempre lo logro. Ahora mismo, apenas me estoy calmando de un ataque de ira. Algo pasó en mi computadora que perdí tres cuartas partes ya escritas de mi colaboración. (Ésa es la razón por la que no se publicó mi columna ayer martes). Estoy super-mega-encabronadísimo. Reconstruir lo escrito me da reteharta hueva. Estoy a punto de pecar de pereza. Pero el cumplimiento del deber se impuso, estoy escribiendo. Antes de hacerlo, cené. La gula es el pecado capital que más se incrementa con la edad. Ley de Ajenjo: Después de los 65 años, la gula se acrecienta en sentido inversamente proporcional al decremento de la lujuria .
Pecados y pecadores
Los pecados capitales (de caput, capitis, cabeza en latín) llevan este calificativo porque, según el catecismo católico, generan otros pecados, otros vicios.
Trataré de definir, por orden alfabético, las siete faltas a la moral cristiana que nos ocupan, incluyendo el elenco de los personajes de la vida política nacional que -lo sabemos por los medios de difusión- han caído en ellas.
Avaricia: Pecado que consiste en la acumulación desaforada -y con fuero- de riqueza, recurriendo para este propósito a la deslealtad, a la traición y al soborno. Entre la clase política nacional contamos con miles de ejecutantes de esta contravención. Sólo citaré a tres de ellos -sé que no acudirán a la cita porque andan huyendo-: Genaro García Luna, Andrés Granier y Juan Sabines.
Envidia: Este pecado lo cometen los que desean de manera delirante algo que alguien tiene y que perciben que a ellos les falta. A esta especie pertenece Germán Martínez, que durante nueve meses del gobierno de Calderón fue Secretario de la Función Pública y no pescó un ajolote, al enterarse de que la maestra Gordillo había sido aprehendida, manifestó sentir envidia de la buena . Como la envidia es un pecado, es imposible en su naturaleza la calidad de buena. Así que sólo sintió envidia. Debería de haber sentido vergüenza.
Gula: Esta infracción se caracteriza por la excesiva ingesta de comida. Entre los políticos tiene como su representante y caballito (¿elefante?) de batalla a don Agustín Carstens. Aunque también el catecismo considera que es gula ingerir bebidas alcohólicas. Por lo tanto, el doctor Carstens no está solo, lo acompaña en el rubro Jorge Emilio González El Niño Verde Botella. ¡Aguas con la cartera, don Agus!
Ira: Es un sentimiento no controlado de cólera, enfado, odio y deseo de venganza. Para encontrar un pecador de ira, basta con remontarse al sexenio anterior o viajar a Harvard, donde se encuentra Felipe Calderón, al que su correligionario Javier Corral le expresó de manera epistolar: Espérate a que conozcas la condición humana a partir de que dejes el poder y entiendas que lo que más te ha perjudicado eres tú, tu carácter colérico al que le gana el coraje .
Lujuria: Pecado que se produce por el deseo sexual desordenado e incontrolable. Este desacato a la moral cristiana es muy común en los políticos, ya que el poder es considerado un afrodisiaco. El personaje de la política nacional que da la pauta en este renglón es el gobernador de Jalisco, Jorge Aristóteles Sandoval Díaz, presunto padre de un hijo concebido extramaritalmente con la modelo Christiane Mildred Flores.
Pereza: El más sutil de los siete pecados; es la flojedad, el descuido, la negligencia y el tedio en las cosas que estamos obligados a hacer. Toca a Gerardo Laveaga, presidente del Instituto Federal de Acceso a la Información y Protección de Datos, ser el representante político en la especialidad. Según el comisionado Ángel Trinidad Zaldívar, Laveaga es perezoso para desahogar los asuntos que le llegan e, inclusive, hace la meme en sesiones importantes.
Soberbia: Es el pecado de Lucifer al querer ser igual a Dios. Es la sobrevaloración del Yo al alcanzar un estatus elevado y subvalorizar el contexto. El mejor ejemplo de la política mexicana en este renglón lo tenemos en el reclusorio femenil de Tepepan, se llama Elba Esther y se apellida Gordillo.