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Holanda pone el ejemplo
Los holandeses entendieron que el Estado no puede ocuparse de todo. No hay dinero que alcance para suministrar todo tipo de servicios.
Todo tiene un límite y los holandeses lo entendieron. Durante su primer discurso frente al Parlamento, el recién proclamado rey de Holanda, Guillermo Alejandro, afirmó que el Estado de Bienestar de la segunda mitad del siglo XX estaba terminado y debía ser sustituido por una sociedad participativa.
La intervención sistemática del gobierno en la economía y la corrupción excesiva en la política generan escenarios de gran incertidumbre, en donde la gobernabilidad y estabilidad se ponen en riesgo. Después de muchos años en los que la mayoría de los países europeos adoptó el Estado de Bienestar para garantizar que prácticamente todos los ciudadanos tuvieran acceso a servicios de educación, salud, pensión y hasta seguro de desempleo, se dieron cuenta de que financiar todo esto con impuestos en algún punto resulta insostenible. La crisis europea lo comprobó.
El tsunami económico que ha azotado a Europa en los últimos años exige una revisión profunda de un sistema que necesita reinventarse y replantearse. Los holandeses entendieron que el Estado no puede ocuparse de todo. Al hablar de una sociedad participativa, la propuesta es promover que los propios ciudadanos, colaborando entre sí, se hagan cargo de cosas que hasta ahora suministraba el Estado. La Fundación Burke lo explica claramente. Si alguien está desempleado, su red familiar y de amigos puede darle los contactos para encontrar trabajo en vez de esperar que lo haga el Estado a través de un seguro de desempleo que se financia con impuestos.
Sabemos que un peso, un dólar o un euro rinde más en manos de quien lo gana que en manos del gobierno. Los holandeses entendieron que el Estado de Bienestar corrompe en ambos sentidos: a la gente que recibe los beneficios (los hace dependientes) y al Estado porque crea una enorme burocracia. Cuando los ciudadanos dan por hecho que el gobierno resolverá sus problemas, se anula la solidaridad y se pierde el interés de ayudar al otro, pues papá gobierno se encargará de todo. Este círculo vicioso crece como bola de nieve.
Al abolir el Estado de Bienestar y recortar el gasto público en más de 46,000 millones de euros, los holandeses ponen el ejemplo. No hay dinero que alcance a un Estado para suministrar todo tipo de servicios. El único camino viable es la solidaridad y el fortalecimiento de una sociedad participativa en donde la mayoría de los ciudadanos entendamos nuestra libertad y nos hagamos responsables de la parte que nos toca.
Twitter: @armando_regil