Lectura 4:00 min
Estados Unidos insiste: no es nearshoring, es friendshoring
Las remesas no son un triunfo del régimen de López Obrador, son el resultado de la expulsión de millones de mexicanos que no encuentran oportunidades económicas en su propio país y se ven obligados a dejar atrás patria y familia para sobrevivir.
Los expulsados económicos deberían dar vergüenza a quien prometió terminar su sexenio con un crecimiento acumulado del Producto Interno Bruto de 30%, pero que apenas logrará entregar una economía del tamaño de la que había al cierre del gobierno anterior.
Como sea, todos esos miles de millones de dólares que llegan desde el exterior por concepto de remesas, básicamente desde Estados Unidos, son los dólares mejor repartidos de la economía mexicana y ahí seguirán equilibrando las cuentas nacionales y, por lo tanto, sirviendo a la propaganda oficial.
Está claro que buena parte de la economía mexicana es resiliente ante las políticas públicas contrarias al sentido común y la promoción del crecimiento.
Pero no todas las inversiones que creemos que se dan de manera automática podrían soportar otros seis años de más de lo mismo.
Nos hemos acostumbrado al término nearshoring y lo tomamos como una afortunada e inevitable reubicación de las cadenas productivas que por cuestiones geopolíticas están obligadas a salir de China y llegar a territorio mexicano.
Creemos que es de sentido común que si el término de esta relocalización habla de cercanía (near) no hay otro destino posible que no sea México que tiene frontera y acuerdo comercial con Estados Unidos.
Pero no necesariamente la proximidad es el único parámetro que toman en cuenta, tanto el gobierno de Estados Unidos como las empresas con planes de movimiento.
Hay que escuchar con atención lo que dice la administración del presidente estadounidense Joe Biden, en voz de su secretaria del Tesoro, Janet Yellen, sobre el necesario proceso de desvinculación estratégica con China.
Depender menos de ese gigante asiático no está a discusión, pero Yellen no habla de un nearshoring como condición indispensable para que un gran número de empresas se alejen del yugo chino.
La secretaria del Tesoro de Estados Unidos prefiere usar todo el tiempo el término friendshoring. Esto es, privilegiar la amistad, la compatibilidad y confiabilidad de los destinos de inversión sobre simplemente que sean puertos cercanos.
Y cuando ella habla de esa relocalización su “top of the mind” no es México, es India y su vastísima mano de obra. Su segunda mención tampoco es México, es Vietnam. ¡Cómo puede tener prioridad Vietnam sobre México cuando Ho Chi Minh está a 14,500 kilómetros de distancia de Washington DC!
Muy fácil, porque en eso de la amistad, compatibilidad, confiabilidad y garantías está más cerca ese país del sudeste asiático con todo y su socialismo dominado por el Partido Comunista de Vietnam que la errática Cuarta Transformación de López Obrador.
Evidentemente que implica varios días en barco para surtir el mercado estadounidense, pero la distancia se compensa con la garantía de respeto al Estado de derecho, de energía suficiente, de infraestructura útil, de mano de obra abundante y sin amenazas del estado de ánimo del gobernante.
Claro, hay industrias como la automotriz que no tragan fuego y prefieren ver cómo consiguen electricidad en México, pero tener la frontera a menos de 500 kilómetros, pero el mensaje es uno: amistad sobre cercanía.