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Opinión

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¿Cómo pegará la crisis mundial en México?

Los datos económicos de la crisis económica aparecen más graves día a día y los funcionarios y corifeos de gabinete económico insisten en que la crisis es un fenómeno creado desde afuera. Como si de algo ayudara el insistir que ellos no son los responsables.

El Índice General de Actividad Económica (IGAE) reporta para febrero un negativo en el crecimiento de 9.6 por ciento. La pérdida en el empleo del sector obrero industrial aumenta, el desempleo en este sector llega a 6.6 por ciento. El indicador de desempleados de oficina en la industria es de 3.9 por ciento. Los que han sido los principales afectados por el desempleo son obreros y jóvenes de entre 24 y 35 años de edad.

Con estos datos de principio de año y la depresión continua y pronunciada de Estados Unidos, el augurio de depresión leve de una caída de 2% se aleja y hace posible un negativo de 6 a 8% para el resto del año.

Aun así, Agustín Carstens declara que México librará bien el problema, incluso que con la depresión, México crecerá. Habrá que pedir alguna explicación razonable al Secretario de Hacienda que sigue con esas afirmaciones, a pesar de ser insostenibles con los datos de la realidad. Una de las explicaciones es que la crisis no fue generada por nuestra economía, razón por la cual no nos debe ir tan mal. Se espera que por las condiciones internas, las fuerzas económicas del mercado nacional propicien que la recuperación sea rápida y anticipada a la crisis en el resto del mundo.

Desde un punto de vista razonable las cosas se pondrán difíciles, principalmente porque se ha construido en 30 años una economía subordinada al mercado estadounidense y dependiente del desarrollo tecnológico de los grandes corporativos industriales.

El comercio entre EU y México tuvo un crecimiento impresionante, pero con una característica fatal, la importación de mercancías intermedias y materia prima fue mayor que el producto terminado exportado. De ahí que si agregamos el comercio de mercancías terminadas que consumimos de los productores del norte, lo que resulta es un déficit que amplía la divergencia entre ambas economías en lugar de lograr la convergencia.

De ahí que al reducirse el consumo en el mercado de EU nuestros trabajadores industriales pierden el empleo. Esto se complica aún más si otros mercados también dejan de crecer. José Ángel Gurría declaró en una reunión en Roma que el decrecimiento de los países de la OCDE será de 4.3% para el 2009.

La otra parte que resulta en grave complicación de estas tres décadas de subordinación, es la transformación de nuestro sistema financiero. Los capitales mexicanos se especializaron en algunas ramas de la producción que eran demandadas en el exterior, por ejemplo destacan la cerveza, mezclilla, cemento, café y obviamente el petróleo. Ninguna de ellas se ocupó de aspectos ligados al desarrollo de tecnologías, y salvo alguna excepción, tampoco se diversificaron en otras ramas de la producción.

Otro aspecto relevante es que los bancos y el sistema de pagos entraron en el paquete que se vendió al mejor postor y se dejó en manos de extranjeros un servicio estratégico para el desarrollo nacional.

Por una parte, la captación de inversiones se canaliza a la Bolsa, mecanismo de una cadena de flujos financieros en la que participan algunas empresas que operan en México, generadoras de un producto que se dirige a la exportación y a un sector reducido de la población. Por otro lado, el manejo del crédito como instrumento de desarrollo fue dirigido exclusivamente al consumo, y nunca hubo condiciones adecuadas para dar crédito y estimular la producción.

La captación de ahorro se hizo por fondos de inversión que tienen un ámbito reducido de operación, al tiempo de abrir las afores que administran el ahorro forzoso de pensiones, que también tiene un esquema de inversión que se apoya en bonos de deuda pública centralmente, pero para un gobierno que le da miedo invertir en la producción.

Todo esto es parte de una estructura económica que nos dejó sujetos a la economía de EU como si fuera una bicicleta amarrada a un tráiler, cuando éste va a gran velocidad nos destartalamos por la estructura desigual y por lo mismo, cuando se frena tenemos el riesgo de deshacernos por la colisión. En eso estamos ahora.

Ciertamente la culpa de la crisis es del sistema financiero global, gran parte en posesión de EU, pero es mucha la responsabilidad de políticos mexicanos el haber construido un aparato económico subordinado sin haber  pensado en las necesidades del desarrollo nacional.

*Juan Pablo Arroyo Ortiz ha sido Presidente del Colegio Nacional de Economistas y su correo electrónico es jparroyo@unam.mx

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