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Finanzas Personales

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Comprar por estatus: cómo la deuda aspiracional mina las finanzas de los mexicanos

El consumo aspiracional y la influencia de las redes sociales impulsan el sobreendeudamiento en México. Analizamos cifras recientes, causas psicológicas y señales de alerta para evitar caer en la deuda aspiracional.

Comprar una vida que no se puede sostener económicamente es causa de sobreendeudamiento.Pexels

El consumo aspiracional es una de las causas frecuentes del endeudamiento entre los mexicanos, más en estos tiempos, donde la saturación publicitaria y las redes sociales rompen con facilidad los filtros del autocontrol y donde con unos cuantos clics compras por internet y accedes a una línea de crédito por aplicación.

Si bien viajar por Europa y Asia o adquirir bolsas, carteras, zapatos, relojes o teléfonos celulares de marca o gama alta no es un delito, sí atenta contra el bolsillo cuando no se hace de forma planeada y con plena consciencia del impacto que puede tener en nuestras finanzas.

En 2025, la deuda promedio de los mexicanos fue equivalente a ocho veces su ingreso promedio, lo cual refleja un problema de sobreendeudamiento en ascenso, dice Javier Salmerón, co-country manager de Bravo México, empresa reparadora de crédito.

Ricardo Arenas, chief content officer de Yotepresto, plataforma de financiamiento colectivo, considera que el sobreendeudamiento se debe a la incipiente educación financiera que existe en el país y recursos insuficientes por causas como el desempleo.

A esos factores, dice, se suma el fenómeno del consumo aspiracional: “tenemos un montón de personas viendo vidas ajenas y con objetivos sumamente elevados para su momento actual, lo cual puede tergiversar sus posibilidades reales”.

Comprar sin límites nos puede llevar a caer en la “deuda aspiracional”, es decir, el endeudamiento generado al adquirir bienes, servicios o estilos de vida que superan la capacidad de pago real, impulsado por el deseo de proyectar éxito, estatus o pertenencia, dice la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef).

Baja autoestima, el problema de fondo

Erika Villavicencio-Ayub, directora de la consultora Dser Organizacional e investigadora en la UNAM, coincide que el consumo aspiracional tiene el potencial de ser un generador de deuda.

Desde el punto de vista sicológico, explica, cuando una persona compra una cartera de marca que está fuera de su capacidad adquisitiva, no está adquiriendo el objeto, sino una especie de boleto de entrada a un grupo socioeconómico al que claramente no pertenece. Esto se conoce como la trampa de identidad. “Como es evidente que no pertenecemos a ese estatus, nos va a impactar en nuestra economía, propiciando de manera directa esta deuda”.

Cuando esta persona no tiene el dinero suficiente para financiar esa "identidad ficticia”, acude “al salvavidas que tiene a su alcance: el puente del crédito”. El riesgo, dice la especialista, es que esa deuda se salga de control.

Este tipo de compras generan un “ciclo de estrés. Primero, un pico de dopamina al tener la cartera que deseabas, pero éste es efímero, y luego viene, de manera “abrupta”, un bajón emocional que produce cortisol, la hormona del estrés. “Muchas veces la persona no comprende este ciclo, pero lo vive y lo siente”. Ese instante de dopamina es el que lleva a querer comprar de forma repetitiva.

“En el fondo de todo esto, la deuda aspiracional es un síntoma que refleja la baja autoestima que tiene la persona, inclusive es un reflejo de la profunda necesidad de validación externa, cosa que no necesariamente pasa”, señala Villavicencio-Ayub.

Para la especialista, las redes sociales son el escaparate de la comparación social y tienen el potencial de hacerle creer a la mente que todos tienen una vida lujosa excepto la persona en cuestión, lo cual genera ansiedad, frustración y un sentimiento de insuficiencia. Además, las redes también actúan como un estimuló constante que va rompiendo los filtros del autocontrol y pone todo en charola de plata para que dar el paso a la compra.

¿Cuándo se vale comprar?

La experta en sicología y ciencias del comportamiento destaca que no se debe satanizar el consumo, pero sí se debe evaluar antes de hacerlo. Un punto a considerar es el costo por uso. Por ejemplo, la compra de un celular de alta gama se justifica si es necesario para realizar una labor que genera ingresos y no necesariamente es una adquisición óptima si sólo se emplea para presumirlo con los amigos.

Otro factor que se debe evaluar es la salud financiera. Si el producto o el viaje se puede pagar de contado o a crédito, pero sin afectar el resto de los gastos fijos y las cantidades de dinero que se destinan al ahorro, se puede comprar. Un último punto es responder para qué se quiere adquirir, si es por algo genuino y personal o sólo para mostrar a los demás.

“Aquí hay una regla de oro que no debemos preguntar: si te lo compras y no se lo puedes contar ni mostrar a nadie en redes sociales, ¿seguirías insistiendo en adquirirlo?”. Si la respuesta es no, no es un deseo genuino.

Escribe tus dudas a fernando.franco@eleconomista.mx

Periodista económico

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