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Comprar casa en pareja: claves legales y financieras para proteger el patrimonio

En el marco del Día del Amor y la Amistad, especialistas del sector inmobiliario advierten que adquirir una vivienda sin acuerdos claros puede convertirse en una fuente de conflicto

Ilustración: Archivo

Comprar una casa en pareja representa una de las decisiones patrimoniales más relevantes que se toman en conjunto. No solo implica una inversión de largo plazo, también conlleva implicaciones emocionales y legales que pueden definir la estabilidad de ambos.

En el marco del Día del Amor y la Amistad, especialistas del sector inmobiliario advierten que adquirir una vivienda sin acuerdos claros puede convertirse en una fuente de conflicto, incluso en relaciones estables.

Según la experiencia del especialista en inmobiliaria Roberto Ordorica, director general de Alignmex Real Estate Capital, la mayoría de los conflictos al comprar en pareja no surgen por la propiedad en sí, sino por acuerdos que nunca se hablaron.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), más de 65% de los hogares propietarios en México adquirió su vivienda mediante algún tipo de financiamiento. Esto implica compromisos de pago que pueden extenderse entre 15 y 25 años.

Sin embargo, cuando la responsabilidad financiera se asume en conjunto, las diferencias en ingresos, expectativas o planes personales pueden hacerse más visibles con el tiempo.

La Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (Enigh) indica que cerca de 40% de las parejas experimenta variaciones importantes en sus ingresos a lo largo del tiempo. Cambios laborales, emprendimientos o pausas profesionales impactan directamente en la capacidad de sostener una inversión inmobiliaria compartida.

¿Cómo evitar conflictos?

Desde su experiencia, Ordorica identifica problemáticas recurrentes y las formas en las que se pueden evitar:

  • Aportaciones desiguales: Cuando uno de los integrantes contribuye más al enganche o a los pagos mensuales, la ambigüedad puede generar tensiones. La recomendación consiste en definir desde el inicio cómo se reflejan esas diferencias en la propiedad o en los acuerdos económicos.
  • Cambios en los ingresos: Es común que la situación laboral de alguno se modifique. Resulta clave establecer previamente qué ocurrirá si uno deja de aportar temporalmente y cómo se redistribuyen los gastos.
  • Decisiones sin reglas: Vender, rentar o remodelar la vivienda puede convertirse en un punto de fricción si no existe un criterio común. Definir cómo se tomarán estas decisiones reduce desacuerdos mayores.
  • Posibilidad de separación: Es común evitar hablar sobre un posible divorcio o separación, pero constituye una de las principales fuentes de conflicto patrimonial. Establecer qué pasaría con la propiedad en ese escenario no debilita la relación; reduce la incertidumbre y protege a ambas partes.
  • Desconocimiento de la copropiedad: Muchas parejas firman sin comprender las implicaciones legales del esquema elegido. Informarse y seleccionar conscientemente la forma de adquisición ayuda a prevenir problemas futuros.

En un mercado inmobiliario donde el financiamiento hipotecario domina y los compromisos pueden durar hasta un cuarto de siglo, la compra de una casa en pareja exige algo más que capacidad de pago: requiere claridad, acuerdos y planeación financiera.

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