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El ladrón silencioso que te roba sin que te des cuenta (Parte 2 de 3)

Joan Lanzagorta | Patrimonio
En la primera parte mencioné que el enemigo silencioso que nos roba todos los días, casi sin darnos cuenta, es la inflación: nuestro dinero pierde poder adquisitivo cada día.
Comenté también que se da como resultado de un equilibrio roto entre la cantidad de dinero que hay en la economía y la cantidad de bienes y servicios que hay para comprar.
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Hay tres grandes fuerzas que generan presiones en los precios:
1 - Demanda en aumento (hay más gente queriendo comprar más cosas)
Imagina que tu colonia de repente crece. Llegan nuevas familias, se abren nuevos negocios y la gente empieza a tener un poco más de dinero en el bolsillo, ya sea por nuevos empleos o por aumentos de sueldo. ¿Qué crees que pasa en la tiendita de la esquina? De repente, hay más clientes queriendo comprar la misma cantidad de huevos y leche.
¿Qué hace el dueño de la tiendita? Como no puede hacer que la gallina ponga más huevos, ni puede sacar más leche de las vacas, aplica la lógica más simple del mercado: sube un poco los precios.
Con esto logra dos cosas: gana más para cubrir sus costos, pero también, sutilmente, evita que sus estantes se vacíen tan rápido.
Esto no pasa solo en la tiendita. Pasa con las casas (si más gente quiere vivir en tu ciudad, la renta sube), con los coches (si más gente puede pagar uno, su precio se mantiene alto) y con las vacaciones (si todos quieren viajar en verano, los vuelos y hoteles son más caros).
Esa es la fuerza de la demanda que empuja los precios hacia arriba porque la oferta no crece tan rápido. En una economía como la mexicana, que está creciendo y generando más empleo, esta presión es constante.
2 - Cuesta más caro producir las cosas (las empresas le pasan el costo al consumidor)
No solo hay más gente queriendo comprar; también es más caro hacer las cosas. Y ese costo extra, créeme, siempre termina en tu factura.
Seguramente has escuchado que Trump está imponiendo tarifas comerciales a ciertos países y productos. ¿Quién crees que pagará la factura? Los consumidores.
Pero hay otros ejemplos:
El mayor gasto de una empresa muchas veces son los salarios. Si hay un incremento al salario mínimo o los trabajadores piden aumentos para no perder poder adquisitivo (justamente por la inflación), la nómina de una empresa se dispara. Un restaurante que pagaba 50,000 pesos mensuales en sueldos ahora puede tener que pagar 55,000. Eso se suele trasladar a los precios que tú pagas.
La energía y el transporte. Todo lo que compramos tuvo que ser movido en un camión, tren, barco o avión. Esos vehículos usan combustibles y su precio depende del precio del petróleo: si suben, se encarece el flete.
Insumos clave. A veces, el problema viene de afuera. México no produce todo lo que necesita. Importamos muchas cosas. Si hay un problema en otro país (una guerra, una sequía, una nueva ley), el precio de ciertos insumos se dispara.
Entonces, si producir el maíz para las tortillas o el bistec es más caro, al final del día, tú terminarás pagando más por los tacos.
3 - El miedo se cumple solo (lo que espera la gente que suceda)
Poca gente entiende esto, pero las expectativas a veces son la fuerza más poderosa. La inflación no sólo se trata de números reales; también se trata de lo que la gente cree que va a pasar.
Si todo el mundo —los empresarios, los trabajadores, tú y yo— esperamos que la inflación el próximo año será del 10% y no del 3% como “pronostica” Banxico, ¿qué crees que hacemos?
El empresario, en vez de esperar a que sus costos suban, sube los precios de sus productos ahora mismo, "por si acaso". Los trabajadores, al negociar su contrato, piden un aumento del 13% para así ganar por encima de la inflación que se viene. Tú, si estás pensando en cambiar de coche el próximo año dices: "mejor lo compro ahora, antes de que suban los precios”.
Cuando todos actuamos movidos por este miedo anticipado, provocamos la inflación que temíamos. Nos convertimos en una profecía autocumplida. Los precios suben porque todos esperamos que suban. Se genera una inercia, una "inercia inflacionaria", que es extremadamente difícil de parar, incluso si las otras dos fuerzas (demanda y costos) se calman.
En la tercera y última parte vamos a ver el daño real que esto causa a tu dinero a largo plazo y cómo defenderte de este ladrón silencioso.


