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Mujeres, trabajo y transición demográfica
México entra en una nueva etapa demográfica con menos nacimientos y una población que envejece. En este contexto, la mayor participación laboral de las mujeres será clave, pero requerirá políticas de cuidados y cambios en el mundo del trabajo.
Ilustración EE: Nayelly Tenorio
México atraviesa una transición demográfica que está reconfigurando no solo a las familias, sino también al mercado laboral, el crecimiento económico y la participación de las mujeres. En menos de un siglo, el país pasó de tener familias numerosas a registrar menos nacimientos de los necesarios para mantener estable su población. La tasa de fecundidad en México se redujo de 6.8 hijos por mujer en 1960 a 1.9 en 2023, por debajo del nivel de reemplazo poblacional estimado en 2.1.
Si la tendencia persiste, la estructura poblacional eventualmente se invertirá. Menos nacimientos hoy implican menos población en edad de trabajar mañana, mientras aumenta la población de adultos mayores. Es decir, el bono demográfico se está agotando en el país y se estima que llegará a su fin hacia 2030. A partir de entonces, el crecimiento económico dependerá cada vez más de la productividad y la innovación, y menos de la expansión de la fuerza laboral.
La caída en la tasa fecundidad es el resultado de una combinación de transformaciones sociales y económicas: la urbanización, mayor acceso a la educación, la difusión de métodos anticonceptivos y la implementación de políticas públicas enfocadas en la planeación familiar. Durante los años setenta, bajo el gobierno del presidente Luis Echeverría, se promulgó la Ley General de Población y se masificaron campañas como “la familia pequeña vive mejor”, que aún permanecen en la memoria colectiva.
En términos económicos, estos cambios implicaron una reasignación del tiempo y las oportunidades de las mujeres. En México, la tasa de participación económica de las mujeres pasó de 12% en 1960 a 46% en 2025. Cuando las mujeres pueden elegir si quieren tener hijos y cuándo hacerlo, cambian las trayectorias educativas, la inserción laboral, la capacidad de acumular ingresos y el horizonte profesional al que pueden aspirar.
Ante este escenario, ¿cómo responder a los cambios demográficos? La transición encierra una paradoja. Por un lado, tener menos hijos podría facilitar una mayor participación laboral de las mujeres. Por otro, el envejecimiento de la población incrementará la demanda de cuidados. Si esta nueva carga vuelve a recaer desproporcionadamente en las mujeres, la baja fecundidad no reducirá las brechas de género, podría ampliarlas. La respuesta tampoco se centra en incentivar más nacimientos, sino por transformar las condiciones que permitan a las mujeres participar plenamente en la economía.
La apuesta real es que la economía funcione con más mujeres en el mercado laboral. Para ello se necesita una política de cuidados que no descanse –prácticamente por completo– en los hogares. Entre las acciones clave están construir infraestructura de cuidados, como estancias infantiles y educación inicial con horarios compatibles con el trabajo (la salida de preescolar suele ser a las 12 del día).
También es necesario rediseñar las licencias para que sean parentales, es decir, compartidas y que involucren a los hombres, de modo que respondan a la realidad del mercado laboral actual. Las licencias de maternidad otorgan 12 semanas y no han cambiado desde 1970. En contraste, los permisos de paternidad se establecieron hasta 2012 y duran cinco días.
Finalmente, es indispensable transformar las reglas del empleo con esquemas de flexibilidad, evaluación por resultados y corresponsabilidad en las empresas, de modo que la maternidad o las pausas por cuidados no penalicen la carrera de las mujeres.
Como lo explica Claudia Goldin, la caída de la fecundidad no se explica solo por factores económicos o tecnológicos, sino por el aumento de la autonomía de las mujeres combinado con la falta de condiciones reales para compartir los cuidados. La forma en la que México responda a esta transición demográfica definirá no solo el futuro del mercado laboral, sino también su capacidad de crecer frente a una población que envejece. Ampliar las oportunidades económicas de las mujeres solo se vuelve más relevante.