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¿Cómo gestionar una muerte en el trabajo?
La muerte de un trabajador impacta emocional y operativamente a las empresas, ya que no solo implica la pérdida de una vida, sino también la estabilidad emocional de un equipo de trabajo que, de no atenderse, puede derivar en estrés postraumático y riesgos laborales como accidentes.
la muerte genera emociones como miedo, tristeza, culpa, incertidumbre, preocupación y shock e identificación proyectiva que puede afectar a los equipos de trabajo.
La muerte de una persona dentro de una organización puede marcar a un equipo de trabajo, no solo por la tristeza, sino también por la culpa y responsabilidad que puede generar entre sus compañeros. Unos minutos antes la persona se servía café, había respondido un correo o bromeaba en el pasillo, después todo era silencio, ya no respondía, ya no estaba.
Una muerte súbita, un accidente o incluso un suicidio pueden percibirse como eventos aislados en el espacio de trabajo; sin embargo, no lo son y aunque cada caso requiere un tratamiento diferente, tener un plan de acción es fundamental.
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El pasado 19 de marzo de 2026 se reportó la muerte de una mujer que cayó de la Torre Reforma Latino en la Ciudad de México. Entre sus pertenencias se encontró una tarjeta de empleado, por la cual se dedujo podría haber estado laborando en una de las empresas del inmueble.
El caso ha dejado interrogantes que aún se espera se resuelvan, pero independientemente de si trabajaba o no en el lugar, el hecho lleva a cuestionarse, ¿están los espacios de trabajo preparados para abordar una situación así?
¿Cómo gestionar la muerte en un equipo de trabajo?
La muerte en el entorno laboral no solo detiene la operación, sacude emocionalmente al equipo, expone vacíos en los protocolos internos y obliga a líderes y áreas de Recursos Humanos a actuar en medio del shock, ¿quién comunica la noticia, cómo se acompaña, qué se dice y qué no?
Aunque la Ley Federal del Trabajo (LFT) establece lineamientos sobre prestaciones y procedimientos tras el fallecimiento, la gestión emocional y organizacional del duelo no tiene reglas claras. Esto es relevante porque la muerte genera miedo, tristeza, culpa, incertidumbre, confusión, nerviosismo, preocupación y shock, incluso identificación proyectiva.
De acuerdo con Jorge Gutiérrez Siles, psicoanalista y consultor senior de Kaysa Salud y Bienestar, cuando las personas se exponen a la muerte en el trabajo y no se les brinda atención psicológica pueden desarrollar estrés postraumático al punto de pensar que eso también podría pasarles.
“Un trastorno de estrés postraumático debe prevenirse porque es muy difícil de erradicar”, explica que, al principio, el evento puede no generar un impacto visible, pero al pasar el tiempo hace efecto y entonces entra la responsabilidad de la organización.
La especialista en salud mental en el trabajo y creadora de Espacio Psyche, María Macías, resalta que cuando muere un trabajador es necesario que la organización actúe rápido e informe al equipo de forma transparente, humana y sin entrar en detalles a toda la empresa.
“Los silencios desorganizan la experiencia de quienes se quedan en la oficina, pasan los días y estas necesitan dar sentido a lo ocurrido, haya sido un compañero cercano o no tan cercano”, menciona.
¿Cómo dar la noticia de la muerte al equipo de trabajo?
Los expertos coinciden en que la acción de la empresa debe ser inmediata, especialmente si la muerte ocurrió en el espacio de trabajo. Afirman que se debe informar con claridad y rapidez para evitar rumores, con un lenguaje sobrio y empático que no profundice en el cómo o dónde, sin juicios ni narrativas que despiertan morbo.
“Al dar la noticia hay que nombrar la situación con claridad. Hay que evitar discursos muy fríos o formales y dar lugar a la conmoción”, subraya María Macías. Enfatiza que, en el caso de un suicidio, se puede decir que una persona del equipo se quitó la vida, pero sin entrar en detalles que la revictimicen.
A su vez, Jorge Gutiérrez Siles puntualiza en que los líderes deben evitar narrativas cargadas de emocionalidad para que la gente no se identifique; además deben apelar a lo confidencial para respetar el proceso de duelo de cada persona, especialmente porque habrá a quienes les afectará más que a otros.
Ambos refieren que, cuando se da la noticia, también se debe abrir un espacio de escucha y contención donde se brinden canales de apoyo directo para los trabajadores, pero en especial para los líderes y quienes eran más cercanos al trabajador, con quienes deberá hacerse un seguimiento especial.
“Es necesario que los líderes tengan formación para manejar situaciones difíciles, porque son ellos los principales contenedores para sus equipos, para acompañar a las personas para que no se sientan solas”, recomienda Macías.
¿Cómo prepararse para vivir el duelo en el trabajo?
Jorge Gutiérrez recomienda contar con un protocolo de acompañamiento en eventos de pérdida y duelo que contemple diversas fases, por ejemplo, la notificación, la comunicación del evento, la contención inmediata, el acompañamiento y el cierre simbólico. “Tenemos que dar homenaje y cerrar el proceso”.
Sugiere que este protocolo debe alinearse con las guías de la NOM 035 y detallar el acompañamiento que se le dará a las personas en el ámbito emocional y de manera focalizada que prevenga riesgos psicosociales; asimismo, se tendrán que redistribuir funciones con ajustes graduales de trabajo.
Al respecto, María Macías recuerda que el duelo es un proceso emocional y psíquico que rompe con la rutina habitual del trabajo. “Desorganiza y no es lineal. Conforme pase el tiempo se va presentando de manera distinta y se va acentuando más la ausencia”, dice.
Afirma que acompañar el duelo implica reconocer que el ritmo de trabajo cambiará temporalmente y que precipitar el regreso a la normalidad es contraproducente. La psicóloga clínica cuenta que, cuando un duelo no se trata tiene dos efectos: baja productividad desconexión, ausencias, errores o hiperproductividad.
Considerando que el duelo no es un proceso lineal y que una muerte en el entorno laboral intensifica las emociones de las personas, los expertos recomiendan realizar check-ins recurrentes para detectar señales de alerta en los equipos, ampliar el acceso servicios de salud mental y fomentar espacios reales de comunicación que permita a las personas hablar de cómo se sienten y detectar señales de alerta en caso de ser necesario.