Lo primero que nos viene a la mente al escuchar Jordania es el mar Muerto o Petra, sin embargo, es un país con una amplia riqueza natural, arqueológica , gastronómica y, por supuesto, religiosa, el cual, a pesar de estar junto a una zona de conflicto, no tiene problemas en cuanto al turismo. 

Desde que México y Jordania abrieron sus respectivas embajadas en el 2014, el flujo de visitantes mexicanos a ese país creció 50%, por lo que se prepara un relanzamiento de campaña de promoción turística para que se conozcan más lugares de ese país, como el desierto Wadi Rum y los castillos, el cañón de Wadi Mujib, su capital Amman o las playas de Aqaba.

El embajador jordano Ibrahim Obeidat explica que, contrario a otros países árabes, Jordania está muy abierto al turismo y ofrece una gran calidez, al no haber prohibiciones de vestimenta, consumo de alimentos y mucho menos en el lenguaje. Dijo que están interesados en llevar más turismo mexicano porque “les gusta divertirse, viajar, comer y no estar sujetos a itinerarios, como los europeos, que son más serios o de levantarse temprano”. 

Los jordanos están más relacionados con el idioma español que inglés o europeo, pues miles de palabras en castellano tienen origen árabe y cientos de ellas suenan igual en ambos idiomas. 

La forma más directa de llegar a Jordania desde México es tomar un vuelo a Chicago o Nueva York, de donde salen tres vuelos directos de Royal Jordanian a Amman, la capital jordana; o vía Frankfurt, Madrid y Roma. Si se llega en grupo de 12 personas o más no se requiere Visa, pero en caso de ser menos, este documento se tramita directamente en el aeropuerto. 

Para los turistas que gustan de las riquezas y caprichos de la naturaleza hay muchas opciones. Está Mujib, cerca de la costa este del mar Muerto, la reserva natural más baja del mundo, a 410 metros bajo el nivel del mar, pero con montañas que alcanzan 900 metros. O bien, el oasis termal de Ma’in, en donde emerge agua a más de 60 grados centígrados que desciende de las rocas formando piscinas naturales. Laberintos de roca monolítica que se elevan desde el desierto hasta unos 1,750 metros resultarán un desafío para los visitantes de Wadi Rum, donde también se puede ver el amanecer desde un globo aerostático. 

Una expedición en vehículos 4x4 para recrear el viaje del emperador Adriano de norte a sur, pasando por ciudades bíblicas y fortalezas legionarias, o una caravana de personas a lomos de cabellos o burros en las tierras altas y centrales y los desiertos del este de Jordania pasando una semana en ruta y acampando en un lugar diferente cada noche son otras opciones para el turismo que no sólo quiere conocer Petra o el mar Muerto. 

La comida típica más común que un visitante puede comer en la calle es el falafel sándwich, pero hay variedad de platillos que serán un manjar para el turista, como Mezze, arb, mansaf, cordero relleno, kofta o sayyadieh. Como dicen los jordanos, una semana no será suficiente para conocer las riquezas naturales, culinarias y culturales de ese país.

[email protected]