Los créditos grupales son, en muchas ocasiones, el único acceso que una persona de muy bajos ingresos tiene a los servicios financieros formales; sin embargo, éstos a veces no tienen las características adecuadas para que quienes acceden a ellos tengan una evolución positiva que impacte tanto en su negocio como en su forma de vida, según un análisis centrado en las historias de las microempresarias Helena y Marta.

De acuerdo con el análisis, realizado por Cynthia Villareal, directora general del Programa Nacional de Financiamiento al Microempresario (Pronafim), y Pablo Uribe, consultor de AT Kearney, la metodología grupal no siempre se adapta a las necesidades de las personas y las presiona para tomar financiamientos que no necesitan.

Por ejemplo, si Helena o Marta quisieran pagar anticipadamente su deuda tras una buena venta (en su negocio), tendrían que cubrir los intereses restantes de todo el periodo , explica el análisis.

Además, las dos personas se ven presionadas a seguir solicitando créditos, aun cuando no los necesitan, pues no quieren perder los beneficios generados por su antigüedad en el grupo, por ejemplo, un mayor monto de crédito.

Según la regulación que próximamente se emitirá respecto al microfinanciamiento, el microcrédito grupal estaría dirigido a personas que en conjunto avalen los adeudos o se constituyan como deudores solidarios, entre sí. El monto máximo del financiamiento sería de hasta 8,500 Udis (aproximadamente 46,000 pesos) por persona y el plazo no podrá exceder un año.

De supervivencia y crecimiento

Dicho análisis segmenta a las microempresarias, de acuerdo con sus características de desarrollo y capacidades en el manejo de sus negocios, en dos grupos: Supervivencia y En Crecimiento.

A Marta, quien estudió hasta cuarto de primaria y se dedica a la venta ambulante de dulces, se le ubica como microempresaria de Supervivencia. Utiliza sus ventas diarias para cubrir sus necesidades más inmediatas. Como no lleva registro de su negocio, no tiene claridad de cuáles son los montos de sus ventas ni de los costos y ganancias que le genera.

Marta es la integrante más reciente del grupo, entró con un crédito de 4,000 pesos, que utilizó para comprar los dulces que actualmente vende. Conoce el valor del crédito que solicitó y, aunque no entiende el concepto de intereses, sabe que sí puede pagar la cuota semanal de su deuda.

Por su parte, Helena es considerada una microempresaria dentro del segmento En Crecimiento; tiene su educación básica concluida pero, al no encontrar empleo, decidió poner un puesto semifijo en la calle, donde vende tacos. Sus ventas semanales alcanzan los 4,000 pesos en promedio.

Helena ya ha participado en varios ciclos de crédito con el grupo. Por este motivo, su línea de crédito alcanza los 10,000 pesos, mismos que ha utilizado para comprar insumos y realizar mejoras ocasionales a su puesto. Aunque sí conoce la tasa de interés que se le cobra, prefiere calcular el costo del crédito identificando el valor que debe pagar semanalmente por cada 1,000 pesos prestados , explica.

Ambas microempresarias pertenecen al mismo grupo solidario de crédito de Unidas Podemos, la intermediaria financiera más popular de su localidad , se detalla.

El estudio arroja que los acreditados que se encuentra en ambos segmentos dependen del acceso al crédito para operar sus negocios. Al no contar con historial crediticio ni garantías, los acreditados de Supervivencia y En Crecimiento sólo tienen acceso a los créditos grupales y solidarios que ofrecen las instituciones microfinancieras .

En ambos casos, cerca de 50% de sus ventas semanales se utiliza para cubrir los costos de los productos que venden; 25% para el pago del crédito que reciben, y el restante son sus ganancias.

El análisis refleja que es posible mejorar las condiciones de los créditos grupales. Las instituciones de microfinanzas podrían permitir a las microempresarias descansar uno o más ciclos, sin que se afectaran las condiciones, características y derechos ganados derivados de sus créditos .