Los excolaboradores de Manuel Medina Mora destacan tres cosas del banquero: inteligencia, astucia para los negocios y lo reservado que era en el tema personal. "Como jefe, era tremendamente exigente, a más no poder, algo que no era fácil", dice una persona que estuvo muy cerca de Medina Mora, quien dirigió Banamex y llegó a los puestos más altos en Citi en el mundo.

Manuel Medina Mora murió la madrugada de este miércoles en la Ciudad de México, a los 69 años de edad.

Como jefe era implacable, enojado, sardónico, nunca gritaba. Manuel, como le decían sus cercanos, se ganó la confianza de Roberto Hernández y Alfredo Harp Helú cuando la casa de bolsa Accival se adjudicó la licitación y adquirió Banamex en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari.

No era del grupo de los empresarios ganadores, pero se ganó la confianza para dirigir las riendas del Banco Nacional de México en lugar de Roberto Hernández, ya pasada la crisis de los años noventa y el inicio del nuevo siglo.

Las pocas personas que visitaban la casa de Medina Mora, lo hacían para revisar ahí temas muy confidenciales, como la oferta que lanzó Banamex para comprar Bancomer en 2001; o la venta a Citi, poco después de que el gobierno no les dejó adquirir a su principal competencia.

Las reuniones en el Palacio de los Condes de San Mateo de Valparaíso, en el Centro Histórico de la capital del país, eran comunes los fines de semana para atender temas tan importantes como Bancomer o Citi.

Manuel Medina Mora tenía cara de póker. Pocas veces se le escuchaba una gran carcajada, sonreía, educado, adusto; pero sin grandes expresiones.

Era bromista, muy, pero muy en corto, dice un excolaborador. Le gustaba el buen tequila y mejor café.

Las invitaciones a su casa a sus colaboradores eran escasas, bien planeadas, como gringos, recuerda otro exdirectivo de Banamex. "Te invitaba a cenar a las 9 de la noche y a la media noche te despedía, porque había que trabajar al día siguiente".

Cuenta que en los negocios veía la "big picture", no le gustaban los detalles, no se metía en la operación del banco. Sin embargo, cuando fue presidente de la Asociación de Bancos de México (ABM), de 2003 a 2005, no se le iban los detalles con los reporteros.

Se preparaba, una tarde antes de la entrevista, repasaba su mensaje, lo que quería decir o lo que pensaba que los reporteros le preguntarían. Siempre tenía el dato preciso.

En las llamadas entrevistas banqueteras, bateaba de izquierda y de derecha, tenía una gran facilidad para responder las preguntas de los reporteros, con seguridad y fundamentos; siempre con un trato amable.

Nunca evitó hablar de las comisiones bancarias, de los asaltos a las sucursales o de las cajas de seguridad robadas en una sucursal de Banamex  y el debate sobre la seguridad policiaca de las mismas; ni de la reducción de las tasas de interés de créditos hipotecarios a un dígito, que presumía con alegría.

Manuel Medina Mora dejó de ser la cabeza de la ABM y migró a dirigir Citi en América Latina, y después copresidente de Citi. No volvió a atender a la prensa nacional.

Explicaba que era por respeto a los directores de Banamex en ese periodo, Javier Arrigunaga y Enrique Zorrilla.

Querido y odiado por los banqueros, no era grosero, era elitista, lo cierto es que cuando dirigió los destinos de Banamex, llevó al banco a querer comprar a su competencia, ser adquirido por Citi y era el segundo más grande del sistema bancario mexicano.

Fue miembro del consejo de administración de Grupo Financiero Banamex y del banco, puesto que dejó en noviembre de 2016, afectado por el escándalo del caso de Oceanografía, un fraude que mermó la imagen del banquero y la institución crediticia.

La muerte de Manuel Medina Mora es una oportunidad de resaltar la labor del banquero mexicano que llegó a los más altos niveles de dirección de Citi en el mundo, algo que ningún otro connacional ha logrado.