El Banco de Inglaterra, por su 325 aniversario, decidió revelar al público una serie de curiosidades, como un billete de 10,000 euros, si su valor del siglo XVIII se tradujese a dinero actual.

La exposición, que abrió cuenta con más de 300 objetos, durará hasta mayo del 2020. Llevará al visitante por la historia de la entidad, el segundo banco central más antiguo del mundo después del de Suecia.

No faltan los lingotes de oro —de los que el banco guarda unas 400,000 unidades en sus cajas fuertes—, pero el recorrido comienza trasportando al visitante a una época lejana, en que el valor de los billetes del banco estaba escrito a mano. El billete más antiguo presentado al público data de 1702, y valía 40 libras, una suma enorme para aquella época, ya que equivaldría a más de 10,000 euros, (11,400 dólares) actuales.

A pocos metros, se expone otro billete, pero este falso, presentado al Banco de Inglaterra en dos ocasiones, separadas por un periodo de 30 años. Alguien había intentado borrar el primer tampón que marcaba la pieza como una falsificación.

“Es una historia fascinante que muestra como la gente sigue probando suerte”, bromea Jenni Adam, comisaria del museo del Banco de Inglaterra. Hasta 1832, la falsificación de divisas estaba castigada con la pena de muerte en el país.

Sin embargo, ahora la falsificación es casi imposible, dice Miranda Garrett, responsable de Colecciones del museo, destacando que “el banco sigue trabajando muy duro para mejorar la seguridad”.

Infrarrepresentación femenina.

Cuando fue creada en julio de 1694, la entidad empleaba a 19 personas, y servía principalmente para respaldar los créditos del Estado.

Un siglo más tarde, en 1797, se ganó el apodo de la anciana de Threadneedle Street, debido a una caricatura que la representaba como una señora mayor sentada sobre una caja fuerte, indignada ante las carantoñas del primer ministro de la época.

Ha crecido considerablemente desde su creación. Hoy tiene 4,000 empleados. Pero su misión no ha cambiado tanto: “mantener la estabilidad financiera de Reino Unido”, recordó Adam.

Nacionalizado en 1946, e independiente del gobierno desde 1997, el banco central tiene como principal objetivo mantener la inflación anual cercana a 2% para preservar el valor de la moneda, pero permitiendo el crecimiento económico.

Pero la exposición no se limita a narrar sus más de tres siglos, sino que “intenta reflejar historias, y no únicamente las de los gobernadores, sino también las de los empleados”, dijo Garrett. Y especialmente, las de las empleadas.

Fue en 1894, 200 años después de su creación, cuando la primera mujer entró en su plantilla.

Puede parecer tarde, pero el Banco de Inglaterra fue la primera entidad en la City de Londres que abrió sus puestos a las mujeres.

Sin embargo, una caja utilizada hasta 1970 para transportar documentos designa a su destinatario como el “cajero jefe”, es decir, forzosamente un hombre. Este cargo actualmente es ocupado por una mujer.

Las mujeres en puestos de responsabilidad son actualmente 32% en el Banco de Inglaterra, frente a 14% para la industria financiera británica en su conjunto, lo que no impide que la institución sea regularmente criticada por su falta de diversidad. Reputación que no mejoró cuando en mayo del 2018 el vicegobernador Ben Broadbent se vio obligado a pedir disculpas por haber descrito a la economía británica como “menopáusica” y poco dinámica.

Queda por ver cuándo accederá por fin una mujer a la función suprema de gobernador. El puesto se debe renovar en enero del 2020, pero, de momento, los nombres mencionados para suceder a Mark Carney son de hombre.