El desarrollo de la reunión Biden-López Obrador se vio en tres acciones previas que fueron clave para mandar su línea para el encuentro:

  1. El 25 de febrero la subsecretaria interina de la Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado, Julie J. Chung, categóricamente instó a México, en relación con la iniciativa de la ley eléctrica, a “escuchar a los accionistas y a las compañías del sector privado y a proveer realmente una cultura de una atmósfera de libre inversión y transparencia para que las empresas estadounidenses sigan invirtiendo en México”.
  2. El establecimiento con celeridad de una reunión virtual el viernes 26 de febrero entre el canciller Marcelo Ebrard y el Secretario de Estado Blinken para “planchar” la agenda.
  3. Horas antes de la reunión del 1 de marzo, la vocera de la Casa Blanca, Jen Psaki, en un briefing con los medios, adelantó que no habría avance en los temas propuestos por López Obrador apenas el viernes anterior: el préstamo de vacunas y estructurar un programa para la migración, similar al “bracero” que estuvo vigente de 1942 a 1964. Posteriormente Biden dijo claramente que su prioridad es utilizar las vacunas para la población de su país y lograr que en septiembre más del 70% de la población estadounidense esté vacunada; después consideraría ayudar a otros países incluido el nuestro.

Esos fueron los únicos dos tópicos en los que López Obrador alcanzó a plantear previamente que tenía “temas para la reunión”, además de reiterar —refiriéndose al llamado de corregir la iniciativa de la ley eléctrica— que “exigirá respeto y no injerencia en asuntos de la política energética que sólo competen a los mexicanos”.

El encuentro transcurrió de manera amable y sin fricciones. El ritmo de la agenda fue totalmente impuesto por Biden. Analizando el comunicado conjunto y los comentarios alrededor del encuentro, da la impresión de que el documento fue sólo redactado por Estados Unidos, que nuestro país se perdió en contradicciones y cedió ante la agenda, sin que tengamos claro a cambio de qué. O quizá, a cambio de nada. La nueva relación se regirá por la agenda de Biden, y se fincará en la institucionalidad y el profesionalismo. Veamos:

El breve comunicado (https://www.gob.mx/presidencia/prensa) se estructuró alrededor de tres grandes temas:

  • Cooperación bilateral y multilateral sobre migración.
  • Cooperación bilateral para la respuesta y recuperación del COVID-19.
  • Cooperación bilateral contra el cambio climático.

En el primer tema se menciona “impulsar una migración ordenada, segura y regular”. Leyendo entre líneas, con esto Biden se refiere a regularizar a los casi seis millones de indocumentados que ya están en territorio estadounidense, sin duda, un beneficio para México. No mencionó un programa tipo bracero, pues éste sería una mala idea, ya que Biden ve a la migración en un contexto de una atención integral, considerando aspectos culturales, económicos, de seguridad y multilaterales (con ayuda para los países del Triángulo Norte de Centroamérica).

El objetivo es crear oportunidades para desincentivar migraciones masivas desordenadas. Ello sería un claro beneficio para México. El tema económico quedó englobado en el segundo apartado junto con la recuperación del Covid-19. Entre líneas, Estados Unidos urge a México para que mejore su política en contra de la pandemia. Quedó claramente establecido que la cooperación económica se circunscribirá al marco de las reglas y principios de T-MEC. No es una buena noticia para López Obrador ya que, a pesar de haber impulsado el Acuerdo, varios de los compromisos adquiridos no van en línea con su visión de gobierno. El comunicado le recuerda el tema laboral de sujetarse a reglas para proteger a los trabajadores, aunque se oponga a aceptar a los inspectores extranjeros. Puede no gustar, pero así se negoció y plasmó en el T-MEC.

Se menciona que la cooperación económica se sujetará a reinstaurar el instrumento del Diálogo Económico de Alto Nivel. Tema de discusión en ese foro será el adverso ambiente que impera para la inversión. Seguramente de ahí se podrían derivar litigios y solicitudes para someter al panel de solución de controversias muchas de las decisiones como las de la política energética.

En el último apartado sobre cambio climático, es evidente que Biden impuso el tema a México. Ante la política de nuestro presidente de impulsar energías a base de combustóleo y carbón, el comunicado señala: “Los líderes reconocieron los beneficios de reducir los contaminantes climáticos de corta duración, así como la necesidad de promover la eficiencia energética”.

López Obrador tuvo que aceptar el llamado de “trabajar juntos para la Cumbre de Líderes sobre Cambio Climático a celebrarse el 22 de abril de este año”. Es decir, tácitamente aceptó la invitación de participar en esa cumbre cuyo anfitrión será Estados Unidos.

En conclusión, el comunicado, como reflejo de la reunión, revela que la nueva relación bilateral puede beneficiar a México, siempre y cuando nuestro gobierno concuerde con la visión constructiva que plantea Biden. Sin embargo, esto se vislumbra como un panorama complicado, ya que muchas de las políticas de López Obrador son opuestas a lo que propone el comunicado. Ojalá nuestro mandatario no pierda la excelente oportunidad para impulsar una relación bilateral con Estados Unidos sobre bases firmes de cooperación, buscando convergencia de intereses y beneficios mutuos. Y no debe olvidarse de Canadá. En América del Norte somos tres socios que podemos entablar una relación madura y mutuamente benéfica.

* El autor es Socio Consultor MAAT Asesores SC, Vicepresidente Comité de Estudios Económicos del IMEF y miembro del Comité del Indicador IMEF.