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Se requiere de sensibilidad política, experiencia y prudencia para ser rector: Raúl Contreras Bustamante
Un reto inicial de quien se convierta en Rector de la UNAM es evitar que la universidad se convierta en un campo de batalla durante las campañas del 2024.

Foto: Especial.
Durante los siete años que el doctor Raúl Contreras Bustamante ha encabezado la Facultad de Derecho no se han registrado huelgas ni paros, por lo que esta facultad no ha perdido un solo día de clases ni siquiera por la pandemia.
En 1972, el doctor Raúl Juan Contreras Bustamante ingresó a la UNAM como alumno de la Escuela Nacional Preparatoria no. 6, desde entonces ha formado orgullosamente parte de la máxima casa de estudios.
Se tituló como licenciado en derecho por la UNAM, donde también se doctoró en la misma espacialidad, completando su educación con un segundo doctorado en la Universidad de Salamanca, España.
Para el doctor Contreras Bustamante, una de las pruebas más grandes de su trayectoria profesional fue enfrentar la pandemia por Covid-19 estando al frente de la Facultad de Derecho. Dentro de los logros que más destaca el aspirante a Rector de la UNAM, son haber gestionado la entrega tabletas e Internet para los alumnos que no tuvieran acceso a ellos; no hubo necesidad de ajustar calendarios al no perder ningún día de clases y la creación de amplias bibliotecas digitales para sus alumnos y una videoteca con las clases grabadas de todas las unidades de todas las materias, con acceso ilimitado a ellas, así como acceso gratuito a editoriales Porrúa y Tirant lo Blanc.
—En estos 34 años de dar clases, ¿cuáles son los principales problemas que ha visto en la comunidad universitaria?
—Cuando yo entré, a esta fecha la procedencia de los alumnos ha venido radicalizándose más, que el porcentaje de alumnos que vienen de familias de escasos recursos.
Cuando yo estudié, en los años 70, era una población más de clase media, ahora 80% de los alumnos que vienen a la Facultad provienen de familias de escasos recursos, cuatro salarios mínimos mensuales.
Entonces los problemas que yo veo es que, a pesar de que la universidad es gratuita, algunos estudiantes siguen viniendo como siempre de muy lejos y a veces este los recursos de transporte y de alimentación no son los mejores, creo que ese es un problema, puedo decir que es el que más me preocupa: que en este momento que los estudiantes tengan las mejores condiciones para poder aprender porque si vienen sin un desayuno encima es difícil proceso de aprendizaje. La universidad da muchas becas, pero nos hace falta todavía luchar para conseguir más recursos para dar más becas.
—Justo venir de una familia de bajos recursos es un factor que retrasa el proceso de titulación ¿cómo planea incrementar el proceso de titulación en tiempo y forma?
—La carrera de derecho es una carrera muy profesionalizarte, desde que entran a la carrera empiezan a trabajar muchos alumnos, realmente son pocos los alumnos de tiempo completo.
La gran mayoría trabajan durante su carrera, nosotros antes de la pandemia hicimos varias cosas para ayudar: les permitimos a los alumnos del sistema escolarizado poder tomar clases los sábados y algunas materias en el sistema de distancia, que pudieran tener esta flexibilidad. Eso nos dio como resultado una mejoría en las estadísticas de eficiencia terminal y ahora después de la pandemia seguimos manteniendo 30% de las clases en Zoom.
La pandemia nos dejó enseñanzas muy importantes, entre esas, que todos los profesores aprendieron a dar clases vía remota. Debemos de valorar y de preservar la educación híbrida, creo que llegó para quedarse y habrá que profundizar mucho en este tema porque si le ha dado buenos resultados a la Facultad creo que puede ser extensivo para las demás.
—En su plan de trabajo explica que para romper el llamado “techos de cristal”, pretende ofrecer becas a alumnas y académicas que sean madres, ¿cómo sería el plan de acción?
—Primero habría que conseguir los recursos, o ver desde dónde, del presupuesto, transferimos recursos para esto, pero creo que ahí hay un porcentaje de alumnas y de académicas que, pues tienen que venir a estudiar y al mismo tiempo ser madres, hace falta voltear a verlas y tratar de ayudarlas mientras estudian y que a sus hijos no les falte de comer.
—En el mismo apartado “igualdad de género y atención a grupos vulnerables” de su plan de trabajo, ¿tiene alguna otra estrategia para las comunidades vulnerables?
—Primero hay que garantizar que el ingreso siga siendo como ha sido los últimos años, en donde entren quienes pasan el examen, sin ninguna influencia y sin ningún tipo de otro procedimiento. Que entren los que tengan los méritos para estar dentro de la universidad.
Después generar normas y procesos que eviten cualquier tipo de discriminación, hacia las mujeres, la comunidad LGBTIQ+, los estudiantes de origen indígena, afrodescendientes y también hacia los estudiantes con algún tipo de discapacidad.
Por ejemplo, la universidad fue proyectada en los años 50 del siglo pasado sin ninguna especificación para discapacitados, entonces usted recorre la facultad y nos ha faltado presupuesto pues para poder construir rampas, para tener baños suficientes para discapacitados, en los auditorios para que la gente consiga de ruedas pueda ingresar y pueda tener un lugar preferente, entonces todo eso son recursos que parece que es un problema de falta de infraestructura, pero para quien lo sufre es un tipo de discriminación.
—Dentro del mismo plan, plantea llamar a exalumnos a participar en actividades de nuevo, ¿esto para qué serviría?
—Las grandes universidades del mundo tienen como fuente de financiamiento importante, no el más importante, pero sí importante, el apoyo de sus egresados y creo que ahí nosotros tenemos un gran trabajo que hacer para lograr que todos aquellos jóvenes que estudiaron en la universidad de manera gratuita, que encontraron una profesión que les ha dado éxito y que les permitió triunfar en la vida contribuyan con su universidad.
Convocar a la solidaridad de los egresados puede ser un trabajo importante para generar recursos ordinarios, sino también para seguir estableciendo y manteniendo el vínculo que tiene un universitario con su casa de estudios, que nunca se rompe el sentido de pertenencia de los universitarios en el mundo.
—Entrando al tema de infraestructura, a nivel de seguridad propone implementar un sistema de videovigilancia, ¿Cómo funcionaría?, ¿las cámaras estarían en todo el campus, en todos los campus?
—Tendría que ser, obviamente, sistemas por campus, las FES deberían tener su propio sistema y en Ciudad Universitaria el propio.
La idea es incrementar el número de cámaras, sobre todo en los lugares que, de acuerdo con los estudios, tengan una problemática: porque ocurren ahí incidentes a menudo o porque sabemos que son lugares de sendero donde salen las y los estudiantes, o las profesoras en la noche y que necesitan estar iluminadas y que necesita estar más protegido.
—Una de las quejas más recurrentes del alumnado es que los planes de estudio están desactualizados, ¿usted cómo atacaría este problema?
—Recientemente se aprobó una reforma en el consejo universitario, propuesta por la comisión de legislación que yo presido, en donde en el plazo de los próximos meses se tendrá que hacer un proceso de revisión de todos los planes y programas de estudio.
Se tendrán que actualizar los que estén desactualizados y aprobar los que estén bien.
—Por otra parte, ¿cómo planea relacionarse con la comunidad siendo Rector?
—Muy cercana, yo creo que la persona que aspire a ser Rector tiene que haber sido líder de una comunidad universitaria grande y debe de gozar del reconocimiento y el apoyo de su comunidad. Eso solamente se logra teniendo cercanía, saliendo a caminar.
Yo soy un director que todos los días bajó a recorrer la facultad, los estudiantes me conocen. Me encantaría seguir dando clases, me imagino que la complejidad de ser Rector a veces deja menos tiempo, pero, yo procuraría buscar la manera de seguir dando clase.
—Con el gobierno federal, ¿cómo sería la relación que plantearía?
—La universidad es una institución del Estado mexicano, 90% de los ingresos dependen del presupuesto que nos otorgue la Cámara de Diputados y son recursos del pueblo.
Nosotros somos una universidad que tiene que estar al servicio de las mejores causas, tenemos que generar conocimiento para tratar de resolver los grandes problemas, eso obliga que tengamos que coordinarnos con las instancias de gobierno, porque a veces se piensa nada más es una instancia, nosotros debemos tener muy buena relación con el poder federal, el gobierno de la ciudad, y la alcaldía.
Tenemos campus en casi todos los estados de la república y con todos debemos tener una buena comunicación.
—Usted como Rector, ¿qué tendría que ofrecerle a la universidad?
—Mi experiencia como abogado, tengo 43 años de profesionista: he trabajado en el gobierno federal, en muchas instancias del Ejecutivo y el Legislativo, para el Gobierno de la Ciudad, de Veracruz, he tenido cargos de manejo de presupuesto, de recursos humanos, en materia de gobierno, en materias sindical, en mi ejercicio profesional lo cual me ha dado una experiencia importante.
El haber sido director de esta comunidad y que la comunidad sea la que me está proponiendo, para participar yo consulté a mi consejo técnico y a mis colegios de profesores si debía o no participar, y ellos son los que están haciendo en este momento las visitas a la Junta de Gobierno y se organizan de manera muy entusiasta, creo que reconocen que el director no solamente debe, si no tiene que participar, porque hace tiempo que no hay un Rector abogado, entonces la comunidad se siente muy contenta.
Yo veo tres grandes retos iniciales para la persona que se convierta en Rector: evitar que la universidad se convierta en un campo de batalla durante las campañas políticas y las elecciones, tener una buena relación con este gobierno, hasta el 30 de septiembre que termina el periodo de López Obrador, y lograr una buena coordinación con el nuevo gobierno que determinará los próximos seis años.
Se requiere de sensibilidad política, de experiencia y de prudencia, esas condiciones las puedo poner al servicio de la comunidad.