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El viacrucis de las casillas especiales
Los ciudadanos esperaron hasta 10 horas para ejercer el voto en casillas especiales

Foto EE: Gilberto Marquina
En la jornada de este domingo 2 de junio, la espera para ejercer el voto llegó a ser de hasta 10 horas en las casillas especiales y formarse no garantizaba el poder entrar a la casilla.
De las 170,858 casillas aprobadas por el Instituto Nacional Electoral, 1,178 eran especiales para que los mexicanos que están fuera de su lugar de residencia ejercieran su derecho al voto.
Se ofrecían mil boletas conforme a lo establecido por las disposiciones oficiales, esto es mil votos foráneos aprobados; a partir de que estos se acabaron, no había posibilidad de que el resto de los miles de mexicanos que estuvieran fuera de casa emitieran su voto.
A las puertas de la Universidad del Claustro de Sor Juana en la alcaldía Cuahutémoc, de la Ciudad de México, Iván, oriundo de Guadalajara, esperaba poder votar después de haber llegado a las 7:50 de la mañana. No lo logró.
La falta de orden, un avance lento y la ansiedad de no saber si podrían votar o no, llevó a una decena de personas a abandonar las filas de la democracia para después exigirle a los funcionarios de casilla más boletas o que los dejaran entrar para votar.
¡Queremos votar!, ¡Queremos votar!”, coreaba el grupo de personas inconformes a mediodía, mientras que por la fuerza detenían la fila para ingresar a la casa de estudio y, así, “hacer valer su derecho”. Los ciudadanos encargados de proteger la integridad del proceso decidieron cerrar la puerta completamente y limitar el acceso.
“Lo que retrasó este procedimiento es que la gente es inconsciente y quiere aferrarse a las cosas que realmente no están en sus manos”, dijo Alejandro, un oaxaqueño que hacía turismo en la capital del país, pero también destacó “la mala organización por parte del INE”.
Palabras repetidas como “fraude” era el coro de las personas que sabían que no habían alcanzado un número inferior a mil e intentaban presionar a los funcionarios de casillas para que consiguieran más boletas.
El intenso calor, sed, hambre e incertidumbre no fueron impedimento para que la ciudadanía buscara cumplir con su responsabilidad ciudadana y formar parte de la jornada electoral más grande en la historia de México.
Tras el caos y el menor flujo de ingreso de ciudadanos a las urnas, aunado a la desesperación, llevó a los funcionarios de casilla a numerar a cada persona de la fila.
Quien tuviera un número marcado en su brazo tenía asegurado que podría votar, pero muchos de los inconformes decidieron meterse en la fila con la esperanza de participar.
Incluso, una vecina, como halcón, alertaba desde su balcón cuando alguien intentaba colarse y quitarle su lugar a alguien más.
El enojo y decepción se apoderó de los ciudadanos, pero aumentó cuando anunciaron que las boletas electrónicas en la casilla especial se habían terminado.
El principal problema en la casilla fue el "no respetar los lugares, no haber orden y no tener filas definidas”, aseguró Iván.
Tras más de 10 horas en fila y sin comer, la sensación de alivio de haber votado se reflejaba en las caras de cada ciudadano al salir del centro universitario, pues habían logrado ser parte de la fiesta democrática.