Los desencuentros entre militares mexicanos y autoridades fronterizas estadounidenses han sido parte de las historias que se suscitan de tiempo en tiempo en la frontera.

En total, la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) tiene registro de 24 incidentes con autoridades fronterizas estadounidenses debido a cruces o presuntos cruces hacia el territorio de Estados Unidos de elementos del Ejército mexicano y de policías federales.

Ya sea debido a persecuciones de presuntos delincuentes, algunos presumiblemente ciudadanos estadounidenses, o por despistes de los mismos militares mexicanos en su patrullaje de la línea fronteriza. Los cruces, que califica la Sedena como involuntarios o que finalmente no se suscitaron, datan desde el 2004 y hasta abril de este año.

Según información proporcionada por la Sedena a El Economista vía transparencia, se observa que en la mayoría de los casos es la Patrulla Fronteriza la que se comunica con el Ejército mexicano para alertar sobre cruces de milicianos nacionales.

El 10 de junio del 2016, por ejemplo, Raúl E. Lomela, quien se identificó como integrante de la Patrulla Fronteriza estadounidense en el sector de Yuma, Arizona, en EU, llamó al comandante de la guarnición militar de San Luis Río Colorado, en Sonora, para informarle que personal militar mexicano armado había cruzado hacia territorio estadounidense por la garita de San Luis Río Colorado, “siguiendo a ciudadanos estadounidenses”.

En dicha llamada, el integrante de la Patrulla Fronteriza solicitó el nombre de los elementos del Ejército mexicano que habían cruzado la frontera.

Según la información de la Sedena, “se concluyó que no se registró el cruce hacia los Estados Unidos de América”.

Uno de los casos en los que la Sedena aceptó que militares mexicanos cruzaron la frontera se suscitó en el 2009. El 5 de diciembre de dicho año, personal militar estableció un puesto de control en la entrada del poblado Puerto Palomas, en Chihuahua.

Una camioneta tipo pick up obscura atravesó el retén de los militares a exceso de velocidad, motivo por el cual los elementos del Ejército mexicano trataron de darle alcance; no obstante, desistieron de la persecución cuando se dieron cuenta de que se encontraban ya en territorio estadounidense, en donde la camioneta siguió su huida.

El que personas eviten militares mexicanos a través de territorio estadounidense es una situación que se ha repetido. El 16 de enero del mismo 2009, en un puesto de control ubicado en el puente internacional Paso del Norte en Ciudad Juárez, un civil tras actuar de manera sospechosa se dio a la fuga tras observar que elementos del Ejército mexicano procederían a una revisión.

“Al percatarse de que sería revisado, se dio a la fuga hacia el lado norteamericano, iniciando el personal militar su persecución, motivo por el cual sin percatarse se internaron en el territorio de Estados Unidos de América, aproximadamente 5 metros sobre el referido puente, regresando a territorio nacional sin contratiempos”, refirió la Sedena.

En otro caso, suscitado el 4 de noviembre del 2009, fueron las autoridades estadounidenses las que detuvieron a dos elementos del Ejército que buscaban “asegurar” a una persona “sospechosa” a la altura del Puente Zaragoza en Ciudad Juárez, Chihuahua.

Versión de la Sedena

El pasado 13 de abril, según consignó el Comando Norte de Estados Unidos, militares mexicanos tuvieron un encuentro con militares estadounidenses.

La cadena de televisión CNN, derivado de un comunicado del Comando Norte, informó que el desencuentro entre los elementos de ambos ejércitos incluyó el desarme de uno de los milicianos estadounidenses a manos de soldados mexicanos.

Este hecho provocó críticas por parte del presidente Donald Trump, quien ha enviado a elementos de su ejército a vigilar la frontera con México en el marco de la crisis migratoria que se vive en la frontera.

En respuesta a las críticas de Trump, la cancillería mexicana emitió un corto comunicado en el que indicó que “este tipo de incidentes es común, toda vez que se trata de una verificación de patrullaje ordinario, sin consecuencias para ambos gobiernos”.

En la información otorgada a El Economista, la Sedena dio su versión sobre los hechos: “¡Army, Army, Army!”, exclamaron los milicianos estadounidenses, se identificaron como miembros además de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos, eran numéricamente menos.

Los militares mexicanos les llamaron a bajar del vehículo: una Chevrolet Tahoe, tipo militar, verde, sin logotipos, tripulada por dos personas cuyas vestimentas incluían una gorra y el rostro cubierto.

La camioneta tripulada por los estadounidenses asechaba. Se encontraba detrás de un arbusto “cruzando el cauce de un río seco (río Bravo)” a la altura del poblado Lomas de San Isidro, en Ciudad Juárez, Chihuahua.

A la 1 de la tarde con 13 minutos, del pasado 14 de abril, según los registros de la milicia mexicana —un día después de los hechos citados por el Comando Norte—, se realizó un operativo en colaboración con la Policía Federal y la Comisión Estatal de Seguridad de Chihuahua tras un reporte de la policía estatal que alertaba sobre la camioneta.