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México e Italia: cultura, industria y una oportunidad compartida

La modernización del TLCUEM y la diversificación comercial fortalecen la relación México-Italia, impulsando inversión manufacturera, comercio bilateral y cooperación industrial basada en afinidad cultural, talento, tecnología y oportunidades compartidas de crecimiento.

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OpiniónEl Economista

México e Italia no solo comparten los colores de sus banderas. Comparten también una forma de entender la vida, el trabajo y la empresa. Como italiano que llegó a México hace más de tres décadas, puedo decirlo desde la experiencia: nuestras culturas se reconocen con facilidad. Hay cercanía en el idioma, en la mesa, en la familia, en la creatividad y, sobre todo, en la manera de hacer negocios.

Vengo de Trentino, una región muy productiva del norte de Italia, y estudié en Verona, ciudad de empresarios e industria. Ese contexto fue propicio para interesarme en México y verlo con ojos empresariales desde mis primeros días. El destino me trajo al país como parte de mi investigación de tesis sobre el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), cuando México apostaba por un acuerdo comercial de magnitud inédita fuera de Europa. A treinta años de aquello, puedo decir que la conclusión que redacté en mi trabajo fue acertada: México se ha beneficiado de esa decisión estratégica.

Sin embargo, también hay una tarea que desde entonces parecía necesaria y que hoy resulta aún más importante: la diversificación.

Diversificar no significa alejarse de lo que funciona. Significa ampliar horizontes. México ha construido una plataforma exportadora sólida, conectada con Norteamérica y con una vocación manufacturera reconocida. Pero el mundo actual exige más opciones, más socios y más capacidades. En ese contexto, la modernización del Tratado de Libre Comercio entre México-Unión Europea (TLCUEM) surge como una herramienta que busca potenciar relaciones que ya son sólidas, llevándolas a un nuevo nivel. Una de las más importantes, sin duda alguna, es con Italia.

La relación económica México-Italia ya muestra una base firme. En los últimos veinte años, el comercio bilateral prácticamente se ha triplicado. En 2025, nuestro comercio alcanzó un valor de 11,066 millones de dólares. Detrás de esa cifra hay una historia de confianza, presencia empresarial y oportunidades que aún pueden crecer.

Cuando llegué a México, la presencia de marcas italianas era mucho menor. Hoy vemos una participación amplia en gastronomía, automovilismo, productos de belleza, moda, maquinaria, manufactura y tecnología. Lo más importante es que muchas empresas italianas ya no solo venden sus productos en México: también han establecido plantas, generan empleos y desarrollan capacidades locales. Algunas incluso han creado centros de investigación y desarrollo para incorporar nuevas tecnologías a sus procesos y productos.

México, por su parte, también tiene mucho que ofrecer a Italia. Destaca la exportación de autopartes, productos de la industria química, tequila, mezcal, cerveza, entre otros. Además, existen importantes áreas de oportunidad en alimentos, agroindustria, manufacturas especializadas y proveeduría para cadenas industriales europeas. Si sumamos el talento mexicano, la ubicación estratégica del país y la experiencia italiana en diseño, tecnología y manufactura, el potencial de cooperación es enorme.

En materia de inversión, hay un dato contundente: 68% de las inversiones italianas en México se enfocan en la industria manufacturera. Ese dato revela una coincidencia profunda. Italia entiende la industria; México también. Italia valora la calidad; México tiene talento para producirla. Italia sabe competir desde la especialización; México tiene regiones capaces de convertirse en plataformas de alto valor.

Es justo por esa complementariedad y cercanía en nuestro comercio e inversión que la próxima edición del Congreso de Comercio Exterior Mexicano del COMCE, a celebrarse en Monterrey, Nuevo León, tendrá el honor de contar con Italia como país invitado. Contando con un pabellón especial, será una oportunidad única para mostrar, en un mismo espacio, lo que esta relación puede construir hacia adelante.

Después de tantos años en México, sigo convencido de que este país tiene una capacidad única para reinventarse. También creo que Italia puede ser un socio estratégico en esa nueva etapa. La diversificación no debe verse únicamente como un reto, sino como una decisión que marque un antes y un después. México e Italia tienen historia, afinidad y talento; ahora deben convertir esa cercanía en proyectos concretos.

Porque, al final, un reto nuevo es difícil porque es nuevo; pero también es una oportunidad que puede transformar nuestra relación en el futuro.

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