Caravanas de militares circulaban por la Avenida División del Norte en la colonia Del Valle, una zona céntrica en la Ciudad de México. Seguían las ambulancias de la Cruz Roja,'los vehículos del Heroico Cuerpo de Bomberos y los helicópteros sobrevolando. La gente camina por las calles, algunos con perros varios más buscando a sus mascotas pérdidas otros cargando agua, maletas. Los rostros de los vecinos lucían tensos pero trataban de aparentar normalidad y tranquilidad, sobre todo cuando tenían niños al lado.

Sin electricidad ni semáforos funcionando, los vecinos voluntarios de la zona habían tomado la iniciativa de controlar el tránsito para agilizar el paso de los vehículos de emergencia sobre División del Norte. Al caminar hacia la Avenida de Los Insurgentes, un éxodo masivo tomaba esta avenida primaria de la ciudad: "Esto parece el Apocalipsis zombie", decía uno de los caminantes.

Crónica Del Valle

Habían pasado algunas horas después del terremoto de magnitud 7.1 que azotó a la Ciudad de México, a las 13:14 horas del 19 de septiembre del 2017. La sensación de incertidumbre era evidente: pasaban apenas dos horas de que se realizó el mega simulacro para recordar que justamente 32 años atrás, otro sismo provocó una catástrofe en la ciudad, dejando más de 10,000 muertos.

Rostros blancos y grises, labios resecos y voces rasposas. El polvo imperaba en el ambiente. Los primeros reportes del terremoto retrataban la tragedia en la colonia Del Valle. Un edificio colapsado en la avenida Viaducto y la calle Torreón; otro en Patricio Sanz; y dos más en La calle Escocia cerca de Gabriel Mancera. Edificios dañados y a punto de colapsar sobre División del Norte entre Coyoacán y Amores, en Enrique Rebsamen. Voluntarios para las labores de rescate llegaban en bicicletas, motocicletas y caminando. Llevaban víveres, alimentos y apoyo moral. Era una carrera contra el tiempo, la noche caía.

La energía eléctrica fue restablecida esa misma noche en algunos edificios. Pero había otros en penumbras. La Comisión Federal de Electricidad (CFE) explicaba que no podían recolectar todas las zonas por riesgo a un corto circuito sobre todo si había edificios colapsados o a punto de caer.

La madrugada no fue fácil. Mientras las autoridades se reunían para coordinar acciones y hacer un recuento de los daños 12 horas después del sismo se contabilizaban 117 víctimas morrales en la Ciudad de México los brigadistas que buscaban sobrevivientes en la Del Valle comenzaban a sentir el cansancio y se enfrentaban a la oscuridad. Por redes sociales se convocaban más voluntarios para hacer relevos, pilas, lámparas, generadores de luz, gasolina y diésel sobre todo en los derrumbes cercanos a Gabriel Mancera.

El silencio de la madrugada solo era irrumpido por las indicaciones de los brigadistas, las autoridades y las sirenas de los vehículos de emergencia. La mañana siguiente, la pesadilla seguiría en una de las colonias más afectadas.

A las 24 horas después del terremoto, los derrumbes continuaban. Los reportes provenían desde inmuebles ubicados en las calles Peten y Zapata; División del Norte y eje 5; Amores y Obrero Mundial, en Nicolas San Juan. Vidrios y piedras en las banquetas, edificios agrietados, ventanas rotas, pedazos de fachadas tapizaban las banquetas. Y más de una veintena de edificios con riesgo de colapsarse en la Delegación Benito Juárez.

Al transcurrir la mañana, las calles de la colonia Del Valle volvían a llenarse de gente dispuesta a ayudar, cargando desde paquetes de agua embotellada hasta palas, picos y cubetas en la búsqueda de un punto de emergencia donde sus brazos pudieran ser útiles. El ánimo no decaía a pesar de que las cifras no son alentadoras. Las autoridades reportaban unos 38 edificios derrumbados en la Ciudad de México, unas 94 personas fallecidas y unos 700 heridos.

"¿A dónde va? ¿Es vecino de aquí?", decía un policía a un hombre que llegaba a la zona acordonada de División del Norte y Eugenia, donde antes del mediodía se desplomó un edificio.

"Vengo a ayudar, a ver qué puedo hacer, a poner mis manos", responde el hombre, vecino de la colonia. El hombre no iba preparado y las autoridades solo permiten el acceso a gente con casco, cubrebocas y herramienta.

Hay nerviosismo y los vecinos afectados se sienten desolados. Piden que apoyen más allá de víveres: necesitan apoyo para las labores de rescate.

"Es que no entienden, el agua ya no nos sirve, tenemos mucha y no se la van a tomar todos ellos. Tengo dos vecinos que vivían a mi lado, lo perdieron todo, y necesitamos otra cosa, necesitamos herramientas, necesitamos cobijas, medicinas", decía una vecina del edificio colapsado en Escocia y Gabriel Mancera.

Entre el panorama desalentador, las caravanas de jóvenes llegaban en camionetas, bicicletas, vehículos y automóviles preguntando dónde había oportunidad de ayudar de forma ordenada y en conjunto con brigadistas y elementos del Ejército quienes apoyan a la población bajo el Plan DNIII activado la víspera por el presidente Enrique Peña Nieto.

También hay quienes han abierto sus puertas para recibir a sus vecinos, organizado comedores comunitarios, albergues y centros de acopio para apoyar a los afectados por el temblor. Pero sólo a los vecinos de la colonia Del Valle sino de toda la ciudad.

Crónica Del Valle