El 23 de marzo en México el gobierno de la república nos “invitó” a una jornada de encierro. Ese día hubo solamente dos muertes que se sumaban a otras dos y teníamos cuatro acumuladas. Los contagios ese día fueron 51 y 367 acumulados. Y aun con esas cifras, que hoy consideraríamos bajas, el gobierno optó por lo que llamó “jornada de sana distancia”, que no era otra cosa que hacer caso a la recurrente recomendación “Quédate en casa”.

Ya en otras colaboraciones di mi opinión al respecto y apruebo ese llamado, que era un periodo para permitir equipar y convertir hospitales, crear protocolos de atención, establecer alianzas con hospitales privados. Era un periodo para preparar al país para atender los peores momentos, además de ralentizar el contagio. Todo eso se logró, así que no tengo objeción en decir que fue una medida correcta.

Esa jornada se estableció del 23 de marzo al 30 de mayo. En esos casi 70 días murieron 9,772 mexicanos (144 diarios en promedio) y se infectaron 87,145 (1,281 en promedio). Hoy los promedios son más de tres veces esos valores y, sin embargo, estamos ya abriendo actividades. ¿Por qué?

Al igual que las autoridades, muchos previmos que nos llegarían los momentos que veíamos en otros países; en enero, del norte de Italia, una zona con desarrollo y equipamiento médico adecuado, nos llegaban imágenes espeluznantes y allá decretaban el confinamiento, así que teníamos que pensar que aquí también se haría. Tuvimos de alguna manera la suerte de aprender de experiencias, malas o buenas, de otros países.

En ese momento planteé que nos confinarían y que el final de ese confinamiento tendría que ver con tres variables, cualquiera de ellas que se presentara presionaría el regreso de las actividades.

La primera condición era la disminución drástica, evidente y generalizada de las cifras de muertos e infectados, cifras que además fueran creíbles. En ese momento la autoridad nos diría “adelante, tengan cuidado, pero reanuden actividades”.

Una segunda condición, que ya se cumplió, era la necesidad económica. La mayoría de los mexicanos no pueden soportar un confinamiento no digamos largo, ni unos días, por ello requerían apoyo pero nunca sería suficiente. Así que la presión para liberar actividades vino de empleados, informales, empresarios y, por qué no decirlo, de los gobiernos que dejaban de recaudar y perdían ingresos. Esto ya ocurrió y justo es el debate que estamos viendo con los famosos “semáforos” que parece que están por desaparecer, quienes quieren más apertura, en un debate con los que quieren se aguante unos días más.

Por último, la tercera condición era el miedo. Una variable que incluso podría contraponerse con la primera con las cifras: que los mexicanos le perdiéramos el temor a infectarnos y a morirnos. Si esto ocurría, veríamos de nuevo las calles, las oficinas, las tiendas y los restaurantes llenarse poco a poco. Esto no ha ocurrido y por ello, a pesar de las aperturas graduales de muchas actividades en varios estados, aún hay evidencias de que los negocios no están ganando dinero y está el peligro de cierres definitivos de muchos, lo que sería una tragedia para los empleos.

Sin embargo, por tercera semana consecutiva, la encuesta de Consulta Mitofsky nos muestra que disminuyen estos dos miedos. El miedo a infectarse, el 26 de julio, estaba en 82.9% y el pasado domingo, en 77.5%, más de cinco puntos menos. El miedo a morir por la enfermedad está en 63.1%, casi seis puntos menos en tres semanas.

Esta es una noticia positiva, porque si esta pérdida de miedo va aparejada con la conciencia de que debemos mantener los cuidados a los que la sociedad misma nos hemos presionado a tomar, la apertura podría no ser sólo en el papel sino que podría hacerse con éxito. En esas tres semanas bajó también cuatro puntos el sentimiento de preocupación y subió tres el de tranquilidad, insisto buenas noticias.

Mitofsky además, cada semana, le da seguimiento a muchas variables e introduce nuevas. Esta semana nos pide evaluar algunas de las medidas que se tomaron, por ejemplo: el llamado al confinamiento tiene una gran aceptación, pero no así la decisión de terminarlo que está controvertida. La postura de los empresarios de solicitar apoyo para subsistir fue bien vista, pero se evalúa mal la coordinación entre los estados y el gobierno federal. Les recomiendo revisar la encuesta completa.

Por lo pronto, de nuevo la solicitud al presidente, al subsecretario López-Gatell y a todas las autoridades: dejen de decirlo suavemente, decirlo así como que no quiere la cosa, díganlo con énfasis como lo hicieron con la frase “quédate en casa”, repitan hasta el cansancio, vuélvanlo meme y cásense con la frase: “usa cubrebocas”.

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El coronavirus en México: Vigésima octava encuesta nacional

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