Si estamos esperando a que la comunidad científica descubra, pruebe, compruebe, fabrique, distribuya y después los gobiernos masifiquen una vacuna, podemos esperar sentados porque no será mañana cuando tengamos disponible ese esperado elemento que nos permita, aun con restricciones, reanudar mucha de nuestra vida.

La vacuna lo que hará será disminuir drásticamente la posibilidad de que nos contagiemos, reducir la cantidad de contagiados a nuestro alrededor y que el virus no circule como lo hace actualmente. Pero resulta que todo eso lo tenemos a la mano en forma inmediata y muy disponible: el cubrebocas lograría hacer eso, quizá de manera no tan perfecta como una vacuna, pero es la solución con la que nosotros contamos hoy y que debería ser la contribución personal y colectiva para ayudar y ayudarnos a todos. Repito lo que he dicho antes: si les dejamos todo a los gobiernos viviremos criticándolos, que por cierto a veces se lo merecen, pero mucho está en nosotros.

De las muchas críticas que se hacen a las autoridades del Gobierno de México, la única que para mí es totalmente válida es la de no promover, con mucho énfasis, el uso de cubrebocas. El gobierno decidió por muchas razones no apostar a las pruebas masivas, decidió llamar al aislamiento en casa del 23 de marzo al 30 de mayo, presentó unos “municipios de la esperanza” de muy poca duración; un programa centinela para calcular casos totales que tampoco duró mucho en las conferencias de presentación de datos. El gobierno se atrevió a hacer pronósticos que al cambiar las condiciones evidentemente fueron cambiando y generaron la idea de estar mal hechos. En el gobierno son poco receptivos a la crítica, de manera que parece que se minimizan las miles de tragedias familiares, etcétera. Pero de todo, sigo sin entender la tímida recomendación a usar algo tan evidente que los ciudadanos usan aun sin que se lo digan.

Tal vez hay renuencia a explicar las declaraciones iniciales de rechazo a la utilidad o la incongruencia que sería un llamado fuerte como el “quédate en casa” cuando el presidente se niega a usarlo de manera regular. Pero insisto, si el gobierno no quiere promoverlo, hagámoslo nosotros. Por cierto, muchos gobiernos locales, estatales y municipales, sí han optado por presionar a su uso, bien por ellos.

Y todo lo anterior no es una postura personal. Ya la semana pasada mostré cómo 55% de los mexicanos, de poder hacerlo, le recomendarían al presidente López Obrador que lo use, y en la encuesta semanal 27º de Mitofsky 62% de los mexicanos opina que serían menos los muertos registrados si desde el principio nos hubieran “obligado” a usar eso que se debe volver por un tiempo parte de nuestra indumentaria: el cubrebocas, nuestra “vacuna provisional”, la que combinada con una buena higiene, con respeto a la sana distancia y con buena alimentación, nos ayudará a detener la pandemia mientras llega la esperada vacuna científica, úsalo.