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Vino nuevo en odres viejos II

En la primera parte de esta serie, analicé el concepto bíblico de “Vino nuevo en odres viejos”, que se refiere a que una idea o acción nueva difícilmente se materializará si la estructura que la soporta está desgastada o dañada. Analicé varios intentos de reformas que no funcionaron en su momento, porque no se llevaron a cabo cambios de fondo. Comenté sobre los intentos infructuosos del Emperador de China, para revitalizar una monarquía que llevaba más de tres siglos en el poder. Mencioné la reforma que implementó el Zar Alejandro II para liberar a los siervos en 1861, misma que se terminó revirtiendo. También describí los intentos de cambio que se intentaron efectuar en Turquía en el siglo XIX, mismos que no se pudieron materializar por la estructura aniquilosada de un imperio con más de seis siglos de existencia.
Durante el período conocido como la Guerra Fría, la Unión Soviética había tomado gran importancia tanto geopolítca como económica. En 1961, el famoso economista Paul Samuelson, quien obtuvo el Premio Nobel en 1970, afirmó que en un periodo de 20 a 30 años el Producto Nacional Bruto (PNB) de la Unión Soviética alcanzaría al de Estados Unidos. A mediados de la década de 1980, era obvio que esta predicción era completamente equivocada; la “Planificación Centralizada” no podía superar a los mecanismos de mercado. La escasez de productos y el endeudamiento externo dejaron claro que la economía soviética enfrentaba una severa recesión con una elevada inflación.
En 1985, después de la llamada “gerontocracia soviética”, donde varios líderes septuagenarios (Brezhnev, Andropov y Chernenko) no quisieron reconocer los graves problemas que la Unión Soviética tenía, el joven economista Mijail Gorbachov llegó al poder consciente de los retos que enfrentaba. Se dio cuenta de que la única alternativa para el comunismo era iniciar una serie de reformas radicales.En el ámbito político, Gorbachov inició con la “Glassnost” (apertura) que daba mayor libertad a la prensa, buscaba reducir la corrupción y los abusos del poder y reformar el Partido Comunista. Mientras que en el ámbito económico, la “Perestoika” (reestructura) buscaba eficientar la economía permitiendo algunos mecanismos de mercado y limitando el control centralizado sobre la producción, para así poder modernizar la industria y la tecnología.
El resultado no fue el deseado. La Glassnost liberó fuerzas que el régimen ya no pudo controlar. Al permitirse la crítica, la legitimidad del régimen fue cuestionada, lo que debilitó el monopolio ideológico del Partido Comunista. Por su parte, la “Perestoika” se quedó a medio camino, ya que a diferencia de otros países del bloque comunista, la Unión Soviética y la Rusia zarista nunca habían desarrollado una economía de mercado. En ese entorno económico, la “Planificación Centralizada” que ya funcionaba mal, dejó de funcionar por completo. Esto generó una gran descomposición social y una desorganización que provocó una mayor escasez, una inflación reprimida y la pérdida de control económico y político. La historia es conocida, el Muro de Berlín fue derribado en 1989 y de ahí cayeron en cascada los miembros del bloque comunista en Europa Oriental. La Unión Soviética, por su parte, dejó de existir en 1991. Las reformas de Gorbachov sobre una estructura rígida e inamovible, fueron insuficientes y el sistema implosionó. Dicho de otra manera: “Los odres viejos no pudieron resistir al vino nuevo”.
Pasando a temas actuales, la imposición de la nueva presidenta Delcy Rodríguez como sustituta de Nicolás Maduro, hace dudar de que Venezuela pueda avanzar hacia un camino democrático, ya que la estructura del chavismo se mantiene y esto obstruye cualquier cambio. El nuevo gabinete incluye elementos claves del chavismo como Diosdado Cabello, quien continúa como Ministro del Interior y como figura política central del PSUV (Partido creado por Hugo Chávez) y Vladimir Padrino López, quien ocupaba en el gobierno de Maduro el cargo de Ministro de Defensa y ahora ocupa el Ministerio de Agricultura y Tierras. El deseo legítimo del pueblo venezolano de volver a un régimen democrático, se ve sumamente difícil de concretar, ya que Venezuela se fue conformando a lo largo de los gobiernos de Chávez y Maduro como una estructura de corrupción ligada a una dictadura represiva. Pretender establecer un nuevo régimen democrático (“vino nuevo”) bajo la estructura del régimen anterior (“odres viejos”), parece tener muy pocas probabilidades de éxito.
En nuestro país, la llegada de Morena al poder, en 2018, significaba para muchos la consolidación de una democracia plural que apoyaría a los más desfavorecidos. Esta expectativa se ha ido debilitando. Por una parte, la pluralidad democrática es cada vez más endeble ante el desmantelamiento de las instituciones que sirven como contrapeso al poder. Por otra parte, el gran reto en cuanto al apoyo a la población más desfavorecida, es que éste sea perdurable. Si bien es cierto que la ayuda a los adultos mayores y el incremento en el salario mínimo han traído un bienestar inmediato a una parte importante de la población, es muy importante que se prevea adecuadamente su financiamiento a mediano plazo. El resolver temas presupuestales con incrementos en impuestos al sector formal de la economía (que es el que paga impuestos) o con reducciones al presupuesto en programas de educación y de salud, tiene efectos muy desfavorables hacia el futuro. Por otra parte, si bien había un rezago en los salarios mínimos, a los niveles actuales, cualquier incremento por arriba de la productividad de los trabajadores pone en riesgo a las empresas pequeñas y medianas, que son intensivas en mano de obra.
La única forma de lograr mejores condiciones para la población de manera perdurable, es lograr un crecimiento sostenido. Este se logra a través de inversión productiva, tanto pública como privada. La inversión pública de los últimos años ha tenido una falta de productividad alarmante. Por su parte, la inversión privada está muy por debajo de su potencial ante la falta de confianza. La presidenta Claudia Sheinbaum ha expresado su preocupación por lograr un crecimiento sostenido para mejorar las condiciones de la población, sin embargo, parece estar atada al régimen, a los sesgos ideológicos e incluso a los colaboradores de su antecesor. La presidenta parece empeñada en no reconocer los graves errores y problemas heredados del pasado, mismos que han provocado la pérdida de confianza para invertir. Lograr un cambio para favorecer un crecimiento sostenido, requiere de “odres nuevos”, es decir, se debe dar certidumbre en las reglas del juego, brindar seguridad (con el reconocimiento de los problemas de fondo) y no incentivar la informalidad. Está en manos del gobierno actual, decidir si quiere ser un aliado de la inversión y del crecimiento o un obstáculo.
Romper con sesgos ideológicos y favorecer el crecimiento, no es imposible. Un país como China qué pasó por décadas del Maoísmo, donde la política económica se basaba en la planeación centralizada, la colectivización forzada del campo y la industrialización acelerada y donde se sacrificaba la lógica y la eficiencia económica a favor del control político, pudo romper con el pasado. El dirigente chino Deng Xiaoping, quien llegó al poder dos años después de la muerte de Mao, mostró un gran pragmatismo económico pudo hacer la distinción entre el tema ideológico y la inversión. Para él, no importaba si una política que detonara el crecimiento económico pareciera “socialista” o “capitalista”; lo importante era que produjera resultados concretos. Sus reformas económicas lanzadas en 1978, le permitieron a China reintegrarse al mundo e iniciar una senda de crecimiento admirable.
Termino esta serie de dos partes con una frase de este personaje: “No importa si el gato es blanco o negro; mientras cace ratones es un buen gato”. Deng Xiaoping
Sus opiniones son personales y reflejan su interés en aprender de la historia.
