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Opinión

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¿Urge devaluar el peso?

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Jonathan Ruiz Torre | Parteaguas

Jonathan Ruiz Torre

Hay algo que no cuadra. México exporta más que nunca, el superávit comercial con Estados Unidos está en niveles históricamente altos, pero la economía no crece.

Los ingresos de ustedes. El ingreso real por habitante lleva años prácticamente congelado. ¿Cómo es posible que vendamos tanto afuera y adentro no pase nada?

Esa pregunta la ha respondido con datos duros Robin J. Brooks, ex economista jefe del Institute of International Finance.

Su diagnóstico es incómodo. México presume su sector exportador, pero ese crecimiento no se ha traducido en prosperidad. Y no salgan con que en Nuevo León, sí. Quien lo crea, que se dé una vuelta por “San Berna” o por García.

El PIB real per cápita de México acumuló un crecimiento de sólo 1.6% en la década de 2015 a 2025. Canadá, con todos sus problemas, acumuló 4% en el mismo periodo. Estados Unidos creció 20%. Mientras México avanzaba centímetros, su vecino del norte corría.

Brooks va más lejos. Señala que en México existe una élite arraigada que diseña la política económica para enriquecerse a expensas de la población en general.

Su argumento es que la política monetaria en México, igual que en Canadá, ha sido crónicamente demasiado restrictiva. Tasas altas que mantienen la moneda fuerte. Una moneda fuerte que beneficia a quienes importan, a quienes cruzan fronteras, a quienes tienen deuda en pesos y activos en dólares. Es decir, a quien ya tenía patrimonio.

Qué bien por ellos. Necesitamos una porción de la población con capacidad de invertir. El problema es que los datos dicen que lo hacen de manera tímida y débil, un asunto en el que dividen responsabilidad con el gobierno.

¿Mientras tanto, qué pasa con los demás? Las remesas, que son el salvavidas de millones de familias mexicanas, perdieron poder adquisitivo durante casi dos años seguidos. Las familias de Oaxaca con gente en Nueva York o Chicago no celebran el dólar a 17.20.

Según datos del Centro de Estudios Monetarios Latinoamericanos y Banco Base, en agosto de 2023, aunque el envío de dólares creció más de 8% anual, la cantidad de pesos recibida se contrajo 12.5%. Un peso fuerte suena bien en los titulares.

Para quien recibe 300 dólares al mes desde California, es una pérdida real.

Contra las críticas, incluida la mía, el Banco de México acaba de bajar su tasa de interés a 6.50%, acercándose a la tasa de la Reserva Federal, que se ha mantenido sin cambios en un rango de 3.5% a 3.75%.

Paradójicamente, en este contexto, eso ayuda un poco. El amplio diferencial entre tasas que antes atraía capitales y sostenía artificialmente al peso se está cerrando.

Eso podría permitir que el peso se deprecie de forma gradual y ordenada. No un colapso. Una corrección. Hay diferencia.

Las cifras del PIB en 2025 mostraron un crecimiento de apenas 0.6% anual, raquítico, el dato más bajo desde el desplome de 2020.

Brooks sostiene que, a medida que Estados Unidos se vuelve más proteccionista, México necesita una depreciación de su moneda para seguir siendo competitivo.

Estaría mejor elevar rápidamente la productividad, pero no ocurrirá mientras exista la CNTE.

Podríamos abaratar la energía, si permiten invertir, y si alguien ataca la corrupción en el sector.

Mientras lo anterior se resuelve, un peso más débil abarataría la mano de obra, atraería inversión manufacturera y, una vez resuelto el T-MEC, impulsaría exportaciones en nuevas actividades con mayor valor agregado interno y, en teoría, detonaría el crecimiento que las cifras de comercio exterior prometían, pero nunca entregaron.

No es una idea sin riesgos. Una devaluación mal manejada dispara la inflación, encarece las importaciones y golpea a quienes tienen deudas en dólares. México lo vivió en 1994 y nadie quiere repetirlo. Pero hay una diferencia enorme entre el colapso del 94 y una depreciación gradual, ordenada, acompañada de política fiscal activa e inversión pública productiva.

¿Qué dicen en Hacienda y en Banxico? ¿Están dispuestos a aceptar que la fortaleza artificial de la moneda ha tenido un costo? ¿Un costo que no pagaron ellos?

¿Seguiremos presumiendo el superpeso mientras el PIB per cápita no se mueve?

Jonathan Ruiz Torre

Comunicólogo por la UANL, con estudios sobre Mercados de Petróleo, Gas y Energía en la Universidad de Houston. Fue reportero y editor de información de Negocios en Milenio, El Norte y en Reforma, en donde fundó la columna institucional Capitanes. Fue Director General de Información Económica en El Financiero y fundador de la revista Bloomberg Businessweek México. Como Director General de Proyectos Especiales de El Financiero encabezó los esfuerzos de contenidos digitales de la organización. Desde 2014 escribe su columna Parteaguas, dedicada a negocios disruptivos y tecnológicos, que tiene réplica en un podcast: Parteaguas Diario y en redes sociales @parteaguasclub.

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