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Opinión

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Umbrales: la visión curatorial de Alejandro Sordo Guzmán

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Gabriela Gorab | Entre quimeras y palabras

Gabriela Gorab

Estas últimas semanas, el mundo entero habla del Año Nuevo Chino: de ciclos que se cierran, de energías que se transforman, de comienzos que no irrumpen de golpe, sino que se gestan en silencio. Yo, en cambio —o quizá no tan en cambio—, hablo de umbrales. De esos espacios de tránsito donde algo deja de ser lo que era, pero aún no termina de convertirse en lo que será.

Umbrales nació precisamente desde esa idea. Concebida por Alejandro Sordo Guzmán como una feria de arte más que como un formato rígido, Umbrales se planteó desde el inicio como un espacio de cruce: entre disciplinas, generaciones, trayectorias y sensibilidades. No como una exposición colectiva tradicional, sino como un territorio de tránsito y reflexión sensible, donde el arte se entiende como una tecnología de conciencia capaz de transformar a quien lo experimenta.

Nacido de una reflexión profunda sobre la capacidad del arte más allá de la representación, Umbrales propone que la obra actúe como un vehículo de transformación a través de la materia, el cuerpo, el tiempo y la energía.

“El arte sigue siendo una tecnología de conciencia, un dispositivo capaz de activar la percepción, el cuerpo y la experiencia directa”, afirma Alejandro Sordo Guzmán, director y curador de la feria.

Un oasis de introspección en la semana del arte

En el marco de la Semana del Arte que vivió la Ciudad de México,  Umbrales se erigió como una propuesta necesaria y diferente. Mientras el circuito tradicional de ferias suele privilegiar la saturación visual y la transacción acelerada, este proyecto apuesta conscientemente por la desaceleración. Umbrales se presentó como un espacio diseñado para el coleccionismo reflexivo y para un público que busca en el arte un campo de resonancia personal, privilegiando la calidad del encuentro entre la obra y el individuo por encima del espectáculo mediático.

La obra como dispositivo de transformación

El recorrido de la feria estuvo estructurado para que cada visitante atraviese un tránsito emocional y físico. Desde la arquitectura perceptiva de la luz hasta la investigación matérica y sonora, los proyectos presentes en Umbrales funcionan como tecnologías que alteran el ritmo, la atención y la percepción del espectador. Al cruzar estos doce umbrales, el público no solo observa arte contemporáneo y vive nuevas experiencias, , sino que participa en un ejercicio de conciencia, redescubriendo el poder del objeto artístico como pasaje hacia nuevas realidades.

Artistas y proyectos participantes

Las doce propuestas individuales que conformaron Umbrales compartieron una visión del arte como proceso vivo, encarnado y transformador: Las propuestas que conformaron Umbrales trazaron un mapa sensible donde el arte se manifestó como experiencia viva y transformadora.

Desde la investigación de Carlos Génova en Time Warp sobre la distorsión y materialización del tiempo como experiencia perceptiva, hasta la reflexión visual de Damián Suárez en Tiempos de gloria acerca de la dignidad, la permanencia y la vivencia del presente. David Troice, con Ratio mundi, ofreció una lectura crítica de los sistemas de orden, escala y medición que estructuran nuestra percepción del mundo, mientras Héctor Falcón, mediante Elipsis polisémica, exploró la fragmentación y la ambigüedad del sentido, invitando al espectador a completar lo ausente. En D-estructuras y formas cambiantes, Katya Gardea Browne planteó una pintura en constante transformación, donde la imagen se resiste a fijarse definitivamente, y Laura Montes de Oca, a través de Cuerpo origen, indagó en el cuerpo como archivo primario y umbral fundacional de la experiencia. La arquitectura perceptiva de la luz se concretó en Estrudeluz de Le Ser de luz, donde el espacio deviene experiencia sensorial pura. Por su parte, Nicolás Guzmán concibió la pintura en Pintura progresiva como proceso continuo y organismo vivo. Ramón Pous, con Ontología del Sentir, investigó el sentir como forma primaria de conocimiento, previa al lenguaje, y Sebastián Torres, en Transmutación, abordó el cambio de la materia y el símbolo como tránsito entre estados físicos y simbólicos. Santo Guichon, mediante Electroart, activó el sonido, la energía y la resonancia tecnológica como dispositivos sensoriales, mientras Sofía Tormenta clausuró este recorrido con Futurismo zen, una poética en la que velocidad, tecnología y contemplación coexisten en delicado equilibrio.

Más que una suma de nombres, técnicas y narrativas, Umbrales se erige como umbral y portal hacia un nuevo paradigma: un tejido colectivo vivo, un ecosistema de obras que dialogan entre sí y con el espectador, activando perspectivas sanadoras y abriendo espacios donde cuestionar para el bien se vuelve acto de liberación. Cada pieza cruza el umbral de lo conocido, invitando a atravesar portales de percepción que sanan, transforman y despiertan.

Renovación

No es casual —o quizá sí, pero de esas casualidades cargadas de sentido— que la clausura de Umbrales haya ocurrido durante el Año Nuevo Chino. Un momento simbólico que marca el cierre de un ciclo y la apertura de otro, donde el tiempo no se concibe como línea recta, sino como espiral de aprendizaje, renovación y transformación. La feria se despide alineada con esa energía: no como un final definitivo, sino como una pausa consciente, un cierre ritual antes de volver a comenzar desde otro lugar.

Alejandro Sordo es crítico de arte, curador y estratega cultural cuya práctica ha sido clave en la profesionalización y articulación del sistema del arte contemporáneo en México. Maestro en Estudios de Arte Moderno y Contemporáneo, su trabajo se distingue por la creación de modelos integrales que vinculan pensamiento crítico, archivo, curaduría, certificación, mercado e inserción institucional.

Ha desarrollado intervenciones estructurales de largo alcance, entre ellas la reorganización y consolidación del corpus de Pedro Friedeberg, estableciendo sistemas de documentación, autenticación y diálogo sostenido con instituciones nacionales e internacionales como el MUAC, MAM, MUNAL, Fundación Jumex, LACMA, MFAH y el Vitra Design Museum. Su trayectoria curatorial incluye proyectos emblemáticos en museos y espacios culturales de México y el extranjero, así como publicaciones y ensayos que abordan la experiencia estética desde una perspectiva contemporánea.

Como editor, fundó la colección Arte y Letras de Editorial Mirlo, proyecto pionero de “traducción visual” que ha articulado el diálogo entre artistas contemporáneos y la literatura universal. Ha dirigido fundaciones, plataformas curatoriales y proyectos editoriales, y actualmente encabeza el Estudio Alejandro Sordo, desde donde continúa desarrollando estrategias curatoriales y culturales de alto impacto.

Su legado se inscribe en la intersección entre crítica, estrategia y arquitectura cultural, con una práctica que prioriza el rigor, la coherencia ética y la construcción de contextos persistentes  para el arte.

Para concluir, la verdadera fuerza de Umbrales residió en la convergencia: talentos individuales y equipo se potencian mutuamente bajo la curaduría de Alejandro, entrelazando voces en una armonía  coherente donde el todo trasciende —más profundo y transformador— la simple suma de las partes.

Para conocer más del trabajo de Alejandro:

https://easarte.com

IG: @alejandrosordoguzman

Gabriela Gorab

Licenciada en Artes por la Bond University, de Australia, cuenta con un programa de Emprendimiento por el MIT. Es socia de El Lion que Ruge Films, una compañía independiente de producción cinematográfica. Colabora y es consejera en diversos medios con temas relacionados al arte, la cultura y la innovación. Curadora y Co-Fundadora de Artists’ Container.

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