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Más allá de los aranceles: la competencia financiera en el T-MEC

Opinión
En este inicio del 2026, la revisión del T-MEC domina la agenda pública. Aunque el debate suele centrarse en aranceles o la industria automotriz, se menciona poco el impacto que el tratado tiene sobre los servicios financieros. Estos servicios constituyen la infraestructura que permite que cada proyecto de exportación se ejecute y están regulados dentro del Capítulo 17.
Su importancia radica en tres reglas operativas fundamentales. Primero, el Trato Nacional y de Nación Más Favorecida, que garantiza que las instituciones financieras de la región puedan competir en los mercados bajo condiciones equivalentes a las de las instituciones locales. Para México, esto implica una competencia directa en segmentos como banca corporativa, de inversión y seguros, lo que incentiva mejoras continuas en eficiencia, innovación y costos frente a participantes con distintas escalas operativas.
Un segundo pilar es el de los Servicios Transfronterizos, que permite que ciertos servicios financieros se presten desde otro país sin necesidad de una presencia física obligatoria en México. Esto amplía las opciones para los usuarios y fomenta la expansión internacional, particularmente en áreas como banca patrimonial, trading y seguros especializados. Al mismo tiempo, plantea el reto de asegurar que las distintas instituciones operen bajo marcos regulatorios comparables, especialmente cuando se trata de servicios digitales.
Además, la regla sobre el Libre Flujo de Datos Financieros facilita que las instituciones financieras operen con infraestructuras tecnológicas fuera del país. Si bien esto reduce barreras tecnológicas y acelera la adopción de modelos basados en la nube y banca digital, también exige marcos de supervisión robustos que garanticen la protección de los usuarios y la estabilidad del sistema financiero, independientemente de dónde se ubiquen los servidores o plataformas.
Por otro lado, el tratado reconoce el derecho de México a aplicar una regulación prudencial para preservar la estabilidad financiera. En este contexto, el Banco de México y la Comisión Nacional Bancaria y de Valores desempeñan un papel clave para asegurar que las reglas, licencias y requisitos de capital se apliquen de manera consistente y efectiva, de modo que todos los participantes compitan bajo estándares claros y confiables.
El T-MEC promueve una mayor integración de los mercados financieros de Norteamérica, impulsa la competencia internacional, la digitalización, los servicios transfronterizos y fortalece el nearshoring financiero y la banca corporativa. La revisión del 2026 representa una oportunidad para consolidar esta integración asegurando que los marcos regulatorios acompañen la transformación tecnológica y que la competencia se desarrolle en condiciones equitativas y transparentes. En este entorno, la prioridad no es solo participar, sino construir un sistema financiero abierto, sólido y competitivo para toda la región.
(*) Director general de BanCoppel y Servicios Financieros Coppel
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