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Si Televisa es convergente, ¿por qué Telmex no puede ofrecer TV?

Jorge Bravo | En comunicación
Televisa y Fintech compraron AT&T México por 2 mil millones de dólares. Con ello, Televisa será un operador convergente de escala nacional (telefonía fija y móvil, banda ancha y TV de paga). Telmex, su rival directo en banda ancha, sigue sin poder vender TV de paga. Esa asimetría no tiene justificación. Si la autoridad aprueba la compra de AT&T, debe abrir a Telmex la convergencia plena en el mismo acto.
Según cifras de la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones, el consorcio sumaría 22.2 millones de líneas móviles (15% del mercado), incluidas 20.1 millones de conexiones de Internet móvil (15.2%), más 6 millones de accesos de banda ancha (21.5%), 8.3 millones de líneas fijas de telefonía (27.2%) y 11.9 millones de suscriptores de TV de paga (54.8%) de Grupo Televisa. El promedio de las cinco cuotas es de 26.74%. A esto hay que sumar que Televisa tiene 70% de la audiencia de televisión abierta, un segmento donde América Móvil no participa.
América Móvil (Telmex-Telcel), en cambio, tiene 56.1% de telefonía móvil, 61.2% de Internet móvil, 39% de banda ancha fija y 33.1% de telefonía fija. En TV de paga tiene cero. Su promedio en esos cinco servicios ronda 37.8%.
AT&T entró a México con ambición y se quedó corta. Destinó aproximadamente 6 mil millones de dólares desde 2018, pero no alcanzó para desplegar una red inalámbrica de cobertura nacional. Incluso la red compartida de Altán Redes llegó a más sitios y cobertura que la suya.
En 2025 AT&T tuvo ingresos por 85,400 millones de pesos y una utilidad de operación de 1,400 mdp. Es un margen de 1.6%. Con 24.7 millones de líneas, no es una empresa suficientemente sana.
Una red móvil sin servicios fijos no genera economías de escala. El espectro radioeléctrico, las torres y la transmisión cuestan, pero el ingreso por usuario es bajo y la rotación es alta. La convergencia fijo-móvil+TV reparte costos, retiene clientes y financia más red.
A AT&T también le pesó su origen. Su nacionalidad estadounidense no la ayudó ante el poder político. Hubo críticas en el gobierno de López Obrador y también en el de Sheinbaum, quien ve con buenos ojos la compra de Televisa: una aprobación de facto, porque Televisa no presta servicios móviles. A la autoridad de competencia le será difícil objetar la operación.
Es cierto que Televisa concentrará más empresas, más poder y más negocios. Con 54.8% de la TV de paga, no es un actor menor. Pero la convergencia es buena para los usuarios. Permite un solo recibo, mejores precios y más velocidad. Lo que se le debe exigir a Televisa es inversión en redes, no prebendas regulatorias.
Televisa podrá empaquetar celular, Internet y video. Telmex todavía no. Su título de concesión le prohíbe ofrecer TV de paga, una regla que nació en otra época.
Hoy el video ya no es el negocio de antes. La TV de paga perdió relevancia frente al streaming, las redes sociales y los videos cortos. Pero empaquetada la TV con banda ancha y telefonía sigue siendo útil. Ayuda a vender más velocidad, a retener clientes y a llevar fibra a más hogares.
Es decir, la TV de paga sirve como palanca de la banda ancha. Impedir que Telmex la use frena el servicio que México más necesita ampliar, el Internet.
América Móvil vende paquetes convergentes con TV en Brasil, Colombia, Chile, Perú y el resto de sus mercados en América Latina. En México, su país de origen, no puede. Mientras sus competidores empaquetan, el mayor operador de banda ancha fija ofrece la mitad del menú.
Es un asunto de habilitar las reglas. Si todos los operadores pueden ser convergentes, el mercado compite en precio y calidad. Si uno queda fuera, el usuario paga la diferencia.
Urge la competencia convergente. Los usuarios compran servicios en conjunto. La regulación debe medir la competencia donde el cliente la vive, no en compartimentos por servicio.
La libertad de elegir el proveedor y los servicios es del usuario, no de los reguladores. Un hogar debe poder contratar todo con Telmex, con Televisa, con Totalplay o con Megacable. Hoy esa opción está restringida por reglas obsoletas.
Hay que promover la competencia por infraestructura. Telmex tiene fibra. Televisa tiene cable y ahora red móvil. Totalplay y Megacable tienen sus redes propias. Cuando cada uno compite con su infraestructura, invierte. Cuando alguno no puede ofrecer todo, se retrae la competencia, la inversión y la innovación.
La Comisión Nacional Antimonopolio y la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones tienen la oportunidad de desbloquear las inversiones y los servicios. La operación de adquisición de AT&T cerraría en el primer trimestre de 2027. Los reguladores pueden aprobar una compra que crea un gigante convergente y dejar a su rival con las manos atadas o pueden aplicar un solo criterio: quien invierte en telecomunicaciones compite con infraestructura, con todos los servicios y es el usuario quien elige a su proveedor predilecto.
No hay razón para esperar. La convergencia ya llegó a México. Falta que llegue para todos los operadores y clientes. Convergencia plena ya.
Twitter: @beltmondi

