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Siete palabras para no perdernos

Mariano Espinosa Rafful | Siempre hay otros
Quien domina su interior, ya venció la mitad de sus batallas.
Marco Aurelio
Si bien se afirma en más de una ocasión que el hubiera no existe, las suposiciones ante las justificaciones de lo que se deja de hacer, son motivos de cuestionamientos válidos, porque la rutina se incrusta en una zona de confort, para no entender y atender objetivos ni resultados sobresalientes, que no son prioridad para quienes el otorgamiento de la confianza debe ser retirada.
Preocupación no alarma, son uno de los signos distintivos en la preocupación del México de hoy, desde el hackeo de una cuenta bancaria a manos de los mismos de siempre, sin el respaldo del banco que más que escuchar e intentar buscar salidas de solución, intenta también encontrar una salida ante la probable equivocación de un cliente.
Y es que la educación gira en torno a todo el desarrollo de un país, sin ella estamos reprobados, no solo en la medición con esa superioridad por los modelos en la innovación de las tecnologías, sino además en el hacer diario, desde las direcciones de las escuelas, públicas y particulares; personal administrativo en responsabilidades que ya los superan con creces y que deben ser sustituidos, y el acompañamiento válido de docentes con calidez y calidad.
Retrocediendo un poco, no para tomar impulso, sino referencias de la pandemia, los abandonos naturales quizá, de miles y miles de alumnos que no regresaron a las aulas, porque había otras prioridades, trabajar en la informalidad que es una forma de llevar sustento a casa; cada vez más recurrente, o simplemente caer en manos de nuestra primera palabra, “beca”; que no es selectiva sino global en la educación media superior pública, sin retos ni medidas, no de calificaciones, sino de conocimientos que no llegan.
La segunda en la frente es “futuro”, ese que se anhela no contenga signos de incertidumbre, para aterrizar en la tercera; transformación, que está en el ambiente político, en el ánimo de quienes se comprometen realmente de cara a la realidad, pero en la lejanía del fondo del problema, cambiar la mentalidad de la juventud mexicana, despreocupada del que “suceda” mañana.
Llegando a un cuarto escalón de “austeridad” de un solo lado, ante el enorme escándalo de corrupción que día a día se destapa, ante los ojos de una incredulidad de oropel, porque son más de lo mismo los cacicazgos que se incrustan en el modelo de país que debiera ser diferente al menos, en cuanto de vivir en la justa medianía.
Para una quinta palabra “cambio” ese que está sin camino ni rumbo, y ahí si el entorno se vuelve a extrapolar, sin una educación dual que nos conduzca a mejores estadios, donde habita la superación profesional y no quedarnos huérfanos de secundaria o sin saber leer o escribir, ni preocuparnos por saldar esas deudas añejas.
Para entender que “democracia” no es discurso ni mayor prioridad hoy con la cereza en el pastel de “soberanía” en el siete de todo un poco, en la defensa de la beca, el futuro o esa austeridad que se estrella de frente lo mismo en el viaje a Las Malvinas que a Nueva York, mientras una presidenta como Claudia Sheinbaum, nos brinda en la naturalidad y ese respeto a los símbolos patrios, un grito de independencia en la sobriedad de una república que tenemos la obligación de construir todos, sin supuestos ni justificaciones, sin ambiciones mezquinas, sin perdón a los que cometen actos de injusticia.
Estamos a tiempo de todo lo anterior, para cambiarle el rostro a ese futuro que debe involucrarnos como sociedad participativa, no solo en el critica del insulto soez, sino en la propuesta y las sumatorias que multipliquen la confianza en un gobierno incluyente y sobre todo humanista en los hechos.
Entre líneas
Siete de diecisiete han salido en la lista del partido Morena, donde la división de opiniones es distinta, de acuerdo a quien se le escuche, grupos antagónicos desde su origen en el perredismo radical, están haciendo de las suyas para descarrilar a los afines al grupo Tabasco, o simplemente renovar distantes a los Monreal o a los Salgado.


