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El sargazo no es la crisis

Opinión
Un cuarto de hotel en Playa del Carmen costaba 150 dólares la noche en febrero, hace diez años. Este febrero costó 55. La playa es la misma. Lo que cambió fue el modelo.
El dato lo dio Offner Arjona, presidente de la asociación de pequeños hoteles del destino, y conviene tenerlo a la mano, porque toda la conversación sobre el Caribe mexicano se ha reducido a una sola palabra.
Las cifras del año son duras. Según los reportes que ASUR entrega a la Bolsa, el aeropuerto de Cancún movió 17 millones 167 mil pasajeros de enero a julio, 5.2% menos que en 2025. Solo en julio la caída fue de 8.4%. Es el tercer año consecutivo a la baja. Adolfo Castro, director de la empresa, reconoció lo que el discurso oficial tardó en admitir: el Mundial no generó flujo turístico adicional. Los pasajeros desde Estados Unidos cayeron 11.7% y los de Europa, 11.8%.
En tierra el cuadro es peor. Quintana Roo abrió el verano con ocupación por debajo de 60%. Tulum registró 41.5% y Costa Maya 31.9%, según Sedetur. En Tulum la caída de mayo a julio superó 20%, con valles de 15%. Hay hoteles cerrados, otros evaluando volverse estacionales, y la asociación ya pidió reestructurar créditos.
El sargazo, cierto, rompió todos los registros: 106 mil 848 toneladas recolectadas en lo que va del año, contra 92 mil 783 en todo 2025, con un cierre proyectado de 130 mil. Este año la macroalga apareció el 5 de enero. Ya no existe temporada libre.
Pero las aerolíneas desarman la coartada. Volaris subió 14.4% su capacidad en julio, movió 3.3 millones de pasajeros y llenó 87.9% de sus asientos, tres puntos más que un año antes. Su tráfico internacional creció 22.4%. Viva volvió a crecer, 1.4%, tras meses de recortar oferta por el precio de la turbosina. Aeroméxico hizo lo contrario: movió 6.1% menos pasajeros en julio, pero reportó ingresos récord de mil 500 millones de dólares en el segundo trimestre. Menos pasajeros, más ingreso.
Es la decisión que el Caribe no ha querido tomar. La tarifa de Playa del Carmen no cayó por el sargazo. Cayó porque el destino construyó cuartos más rápido de lo que construía valor. Quintana Roo tiene unas 140 mil habitaciones de hotel, 47 mil 639 solo en la Riviera Maya, más 27 mil 804 unidades de renta vacacional. Con esa sobreoferta, cualquier baja de demanda se paga en precio y no en volumen. Y el todo incluido impide que la rebaja se compense con consumo fuera del resort.
Añádase lo que ocurre en la puerta de entrada. Sedetur ha llegado a recibir unas 25 quejas diarias por cobros excesivos y malos tratos. El sindicato de taxistas de Cancún cobra por zonas, a veces en dólares, y el conflicto con las plataformas derivó en agresiones a turistas. El Congreso local endureció penas y la embajada estadounidense alertó a sus ciudadanos. Apenas este año se propuso instalar taxímetros. En 2026.
El dato nacional cierra el diagnóstico. En junio el gasto medio del viajero internacional subió 3.7%, primer aumento tras 26 meses de caídas, según el INEGI. Pero el repunte lo generaron las ciudades sede del Mundial: los turistas llegados por avión cayeron 5.3%. En el semestre, México recibió 4.6% más turistas y la derrama creció 0.5%. Más visitantes que gastan menos.
Se puede recoger cada tonelada de sargazo y aun así perder. Los más de 2 mil millones de pesos anunciados son de recolección. No hay nada sobre capacidad de carga, calidad del agua costera ni sanción a la extracción que sufre el visitante al aterrizar. Son, casualmente, las tres cosas que sí dependen de nosotros.
El sargazo llegó del Atlántico. La devaluación del destino la construimos aquí.

