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¿Qué hacer con el sargazo?

Gabriel Quadri de la Torre | Verde en serio
El sargazo (y el crimen organizado) están destruyendo el principal polo turístico de México. De no resolverse ambos problemas, el costo para Quintana Roo y para nuestro país será brutal. El Caribe Mexicano es la joya de la corona. En 2025 lo visitaron 20 millones de turistas, y la derrama económica superó los 20 mil millones de dólares, lo que representa más del 30% de las exportaciones mexicanas de servicios, y el 60% de los ingresos totales de México por turismo internacional. Esto ameritaría todo para salvarla. Pero hasta ahora, las respuestas del gobierno contra el sargazo han sido erráticas, y sólo artesanales, mediáticas e inútiles. El sargazo que asola al Caribe mexicano está formado principalmente por dos especies de algas pardas flotantes: Sargassum natans y Sargassum fluitans. Estas se han reproducido explosivamente a partir de la segunda década del siglo XXI a través de fragmentación vegetativa para formar grandes manchas flotantes de millones de hectáreas y más de 8 mil kilómetros de longitud, con una biomasa de más de 30 millones de toneladas. Es uno de los fenómenos de transformación ecológica oceánica más importantes, que, paradójicamente, ha creado un nuevo ecosistema marino de gran diversidad y riqueza biológica, ofreciendo soporte, alimento y sombra a cientos de especies de peces, crustáceos, tortugas, moluscos y aves. Se estima que el fenómeno se origina en el océano Atlántico entre África y Brasil por exceso de contaminación (nutrientes) proveniente de los ríos Amazonas y Congo, cambios en vientos y corrientes y aumentos de temperatura asociados al cambio climático, surgencias de nitrógeno en el Atlántico ecuatorial, y un sorprendente reciclaje biológico de materia orgánica que hace autosostenible a este nuevo ecosistema de sargazo. Diariamente, dependiendo de la época del año, llegan entre 2 mil y 10 mil toneladas de sargazo a las costas y playas del Caribe mexicano. Una vez que llega, el sargazo bloquea la luz vital para arrecifes y pastos marinos, su descomposición genera hipoxia o agotamiento de oxígeno y muerte de organismos, y libera masivamente ácido sulfhídrico que causa pestilencia y daños a las vías respiratorias humanas, y desde luego, arruina playas y paisaje. Es devastador para el turismo. Su remoción con maquinaria erosiona playas y destruye nidos de tortugas.
La clave para resolver esta plaga es su aprovechamiento industrial a gran escala, y la única forma de hacerlo es su utilización como combustible en plantas térmicas diseñadas exprofeso para la generación de electricidad. (De lo cual, por cierto, la Península de Yucatán tiene una enorme necesidad). Se trataría de construir barreras flotantes en mar abierto para concentrarlo y desviarlo hacia puntos de captura, recolectarlo mecánicamente mediante grandes embarcaciones especialmente diseñadas, y llevarlo a tierra a puntos de acopio. Ahí se procedería a comprimirlo, deshidratarlo y secarlo a través de medios mecánicos y térmicos, ya que en volumen es aproximadamente 80% agua. Esto, con tratamiento de lixiviados dado que contendría exceso de sales, arsénico y otros metales. La biomasa seca de sargazo puede tener un contenido energético de hasta 20 MJ (Mega-Joules) por kilogramo (poco menos de la mitad de un Kg de petróleo). Una tonelada de sargazo recién recogida tendría aproximadamente 200 Kg de materia seca.
Las estaciones de secado estarían adjuntas a centrales eléctricas híbridas de gas natural y biomasa de sargazo, donde el gas garantizaría potencia firme, complementada con sargazo dependiendo de la disponibilidad. Mil toneladas de sargazo, de esta forma (haciendo algunos cálculos básicos) ofrecerían unos 100 MWh eléctricos al día. Lo anterior con un módulo o caldera de biomasa de sargazo de lecho fluidizado diseñado contra la corrosión, y otro para gas natural, compartiendo el ciclo de vapor o de aprovechamiento térmico, y utilizando, mediante cogeneración el calor residual para terminar el secado del sargazo. El caso es que se podrían construir dos o tres centrales eléctricas híbridas de sargazo y gas natural capaces de procesar hasta 10 mil toneladas diarias del alga, ofreciendo a la península de Yucatán unos 200 MW eléctricos, que resolverían sus problemas de energía.
Hagamos estimaciones gruesas, holgadas, e ilustrativas, del orden de magnitud de costos: Un gasoducto de Valladolid a Tulum tendría un costo aproximado de 300 millones de USD (MUSD). Dos centrales eléctricas híbridas de 100 MW cada una (probablemente en Puerto Morelos y Tulum) requerirían unos 300 MUSD. Las barreras oceánicas y barcos recolectores de sargazo implicarían 250 millones de USD. 30 MUSD para estaciones de recepción y almacenamiento. 50 MUSD para prensado y deshidratación. 30 MUSD para manejo y alimentación de biomasa. 30 MUSD para control de gases y cenizas. 30 MUSD para tratamiento de aguas residuales. 40 MUSD para infraestructura eléctrica. Y 30 MUSD para ingeniería y contingencias.
El gran total se acercaría a 1,100 MUSD. Podría ser inversión privada con garantía de pago del gobierno por tonelada de sargazo procesada y por MWh de electricidad generada. Como referencia, el Tren Maya costó 25 veces más, sin beneficio alguno, sólo para enriquecer a militares.

