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Opinión

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El peso fuerte: una calentura ajena

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Enrique Campos Suárez | La gran depresión

Enrique Campos Suárez

Y ahí vamos de nuevo, a presumir algo que no es, con información torcida, para alimentar la narrativa de un régimen superexitoso en materia económica. La fortaleza del peso es, de hecho, un foco amarillo, no un certificado de triunfo económico como lo pregona la propaganda oficialista.

Lo ocurrido en los últimos días, y en especial en las últimas horas, en el mercado cambiario responde de forma exclusiva a las dinámicas financieras de Estados Unidos. El detonante de ver la relación peso-dólar por debajo de los 17 fue el anuncio del secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, sobre el incremento en el volumen de operaciones de recompra (buybacks) de valores con vencimiento entre 10 y 30 años.

Fue un monto que muchos analistas calificaron como conservador, pero la reacción de los mercados fue inmediata ante la rendija que abre el Tesoro para buscar esa corrección. Por lo pronto, los rendimientos de los bonos retrocedieron entre 1.22 y 1.54 por ciento.

Cuando esta noticia se procesa desde la visión del mercado de divisas, la lectura es clara: mayor liquidez y una oferta superior de dólares en circulación.

Las gráficas de comportamiento de la relación peso-dólar y de la canasta de divisas (DXY) frente al dólar son prácticamente idénticas al momento del anuncio de Bessent: el dólar baja y el peso gana.

Poco nos importa en la vida diaria el won coreano o el franco suizo, pero esas y otras monedas tuvieron procesos de apreciación importantes; por lo que podemos decir que, simplemente, el peso mexicano no fue la excepción… por ahora.

Celebrar este movimiento como una victoria nacional es un despropósito más de un gobierno que tiene muy poco que celebrar. Repitamos todos: la apreciación del peso es el reflejo de la debilidad del dólar de Estados Unidos y de los ajustes en la política de liquidez de Washington.

Lo que verdaderamente debería ocupar la atención de las autoridades de este país son las variables sobre las cuales sí tienen control directo: la salud financiera del país y la trayectoria del gasto público.

Ahí está la verdadera amenaza. La ausencia de un proceso riguroso de consolidación fiscal es lo que ha dejado a las finanzas públicas en una posición de alta vulnerabilidad, en un país en el que las políticas públicas han disminuido la confianza de los capitales. Todo esto se ha sorteado en este régimen desde hace ocho años, pero en el 2027 estos son hechos que no pasarán desapercibidos.

Y no lo dice una bolita de cristal, sino las principales agencias calificadoras, que han sido enfáticas en sus advertencias. De no corregir el rumbo del déficit público, el riesgo de una degradación crediticia es algo inminente.

Perder el grado de inversión no es una amenaza injerencista de los adversarios; es entender que, si eso ocurre, es automática la salida de capitales institucionales obligados por mandato a vender sus activos mexicanos.

El problema del peso inflado por factores externos afecta al sector exportador, pero también eleva los riesgos de correcciones más severas ante cualquier señal de pánico, interna o externa.

El tipo de cambio debajo de 17 no es un trofeo gubernamental; es una calentura ajena que obliga al régimen a tomar en serio la recuperación de la salud macroeconómica perdida.

La apreciación del peso es el reflejo de la debilidad del dólar de Estados Unidos y de los ajustes en la política de liquidez de Washington.

Enrique Campos Suárez

Su trayectoria profesional ha estado dedicada a diferentes medios. Actualmente es columnista del diario El Economista y conductor de noticieros en Televisa. Es titular del espacio noticioso de las 14 horas en Foro TV.

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