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¿Pemex, cuánto daño más?

Juan María Naveja | Al margen
Tarde o temprano Petróleos Mexicanos tendrá que reconvertirse o hasta desaparecer, la empresa se ha convertido en un peligro para el crédito soberano, año tras año se registra una amenaza de las empresas calificadoras que van agotando las justificaciones para no dañar los bonos nacionales que podrían ser clasificados como bonos basura.
Los avances que se lograron con la reforma de 2013 han sido pulverizados por las políticas de los últimos ocho años, los gobiernos morenistas cerraron la puerta a las inversiones privadas y han preferido inyectar dinero bueno al malo, inclusive en tiempos como los que corren, a diferencia de casi todas las petroleras del mundo que están registrando fuertes ganancias, Pemex ha tenido que recibir oxígeno del gobierno federal.
En el concierto mundial todas las empresas petroleras han ganado dinero gracias a los aumentos de los precios internacionales tras la invasión de Israel y Estados Unidos contra Irán.
Mientras Saudi Aramco de Arabia Saudita, la más poderosa del planeta, ganaba hasta 32,000 millones de dólares por trimestre, al ritmo de 355 millones diarios, Pemex en el primer trimestre de este año reportó pérdidas por 46,000 millones de pesos, es el único de los gigantes que registra números rojos recurrentes, a pesar del alza del hidrocarburo en el mundo.
Más grave aún es la deuda que arrastra por casi 100,000 millones de dólares, primer lugar en la materia en todo el mundo, ha sido necesario que el gobierno le meta dinero bueno al malo, en lo que va de los gobiernos morenistas la transferencia alcanza casi dos billones de pesos, una cantidad similar al déficit anual del país en los últimos ocho años, de ahí los riesgos para el crédito soberano.
Petróleos Mexicanos ha pasado por toda clase de posiciones políticas, desde la expropiación ha sido la bandera de la “soberanía”, en ese camino está la corrupción creciente e interminable, un sindicato sobrevalorado, transferencias a los estados, entre otras.
Su programa de investigación y desarrollo ha sido una nulidad, los especialistas han dado cuenta de la forma en que han envejecido las instalaciones y cómo se han tomado decisiones erróneas, para que sea financieramente viable lo mejor sería concentrarse en la extracción y exportación de crudo, es indispensable bajar al mínimo la refinación.
Las cifras confirman que la empresa gana dinero cuando se mantiene como productora, pero pierde cuando pasa a la refinación, sobre todo de crudo a gasolinas.
Uno de los peores errores de los últimos años ha sido la generación de combustóleo, porque es un residuo pesado altamente contaminante, seguramente uno de los procesos más costosos, una especie de impuesto que afecta a la empresa cuando trata de producir gasolina, como prácticamente no tiene mercado, el gobierno ha decidido endosarle el problema a la Comisión Federal de Electricidad, que es la que más consume combustóleo, con el costo adicional que debe pagar.
No se necesita bola de cristal para vaticinar que tendrá que llegar un gobierno que entienda la necesidad de hacer de la industria energética una fortaleza y no un lastre, es indispensable la participación de los privados para que inyecten los recursos que no tiene el gobierno, lamentablemente haber echado abajo la reforma de 2013 trajo un impacto de graves consecuencias.
En el mundo las petroleras se van transformando en empresas de energía para dar paso a la transición energética. A pesar de que traería grandes beneficios, el morenato ni entiende ni quiere un cambio de esta naturaleza, prefiere seguir envuelto en la falsa bandera de la soberanía.

