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La paradoja de estar conectados, pero más vulnerables

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OpiniónEl Economista

Ezequiel Gil

Durante años hemos medido la brecha digital con una pregunta simple: ¿quién tiene acceso y quién no a este universo? Llevar conectividad a más personas ha permitido que tengan más oportunidades de educación, trabajo, salud y desarrollo económico.

Con la evolución tecnológica han cambiado los retos. Los que enfrentamos ahora exigen ver desde otra perspectiva la forma en la que definimos esta brecha, pues ya no solo involucra la cobertura o el número de dispositivos conectados, llegamos al punto de colocar la capacidad de usar la tecnología de forma responsable en la conversación.

La paradoja es que nunca habíamos estado tan conectados y, al mismo tiempo, tan vulnerables.

Entre enero y mayo de 2026, la CONDUSEF reportó un aumento de 18% en las reclamaciones por estafas en la banca múltiple en comparación con el año pasado. Pero el dato más llamativo se dio en las Sofipos y Sofomes, donde las denuncias se dispararon cerca de 49%, confirmando que el fraude financiero, por ejemplo, está llegando a nuevos terrenos y afectando a más usuarios.

Creímos que los fraudes en línea eran un problema informático, con códigos y cables detrás, pero esos mensajes que parecen del banco o las llamadas que generan urgencia responden más a la conexión con las reacciones humanas que con una máquina.

La ingeniería social no está diseñada para romper contraseñas, es una forma de manipulación psicológica que se utiliza para convencer a una persona de que entregue voluntariamente datos, dinero o acceso a sus cuentas por medio de historias que parecen legítimas. Se basa en la confianza, el miedo o la urgencia, sin necesidad de vulnerar la tecnología.

En México se mandan al día millones de SMS, pero la frecuencia de uso que le dan las personas para comunicarse ha caído a apenas seis mensajes de texto al año. Los estafadores entienden el valor de masificar el envío de los mensajes gracias a los mínimos costos que cobran los operadores fijos, quienes en su mayoría carecen de sistemas antispam, lo que les permite encontrar a las personas más vulnerables.

Ese cambio de perspectiva obliga a replantear cómo entendemos la seguridad digital. Podemos desarrollar mejores sistemas de autenticación, incorporar IA para detectar amenazas o fortalecer la infraestructura de las redes y sí, todo eso es indispensable. Pero mientras los usuarios sean manipulados mediante el miedo, la urgencia o el abuso de confianza, el riesgo permanece.

Las personas adultas mayores son muestra de este desafío. Muchas de ellas en poco tiempo se enfrentaron a llevar a lo digital buena parte de su vida y administrar información financiera sensible. Además, en muchos casos, depositan mayor confianza en las interacciones personales. Eso las convierte en un objetivo frecuente para quienes utilizan esquemas de fraude.

Pero reducir el tema a una cuestión generacional simplifica la realidad. Las reclamaciones por estafas se dispararon cerca de 25% para el grupo de 50 a 59 años, 22% entre los 40 y 49 años, y cerca de 20% en los jóvenes de 18 a 29 años. Esto demuestra que todos somos susceptibles cuando la ingeniería social encuentra el contexto adecuado. Cambian los pretextos, las plataformas y las historias, pero el mecanismo se basa en aprovechar el comportamiento humano.

Por eso hablar de habilidades digitales ya no debe enfocarse únicamente en enseñar a usar una aplicación o configurar un teléfono. También hay que desarrollar criterio para distinguir información confiable, reconocer señales de alerta, proteger la privacidad y entender que cada interacción en línea implica una decisión de seguridad. Esto requiere de un esfuerzo conjunto entre las empresas, el sector público y las familias. Pero ¿qué hacer mientras siguen llegando millones de mensajes en busca de la población más vulnerable?

Proteger la experiencia digital no termina cuando alguien compra un dispositivo o contrata un servicio. Hay que lograr que cada persona pueda participar en el entorno virtual con confianza, responsabilidad e información como su blindaje personal.

Un ejemplo de acción es la iniciativa AT&T Cuidado Digital, con la que buscamos concientizar sobre el uso responsable de la tecnología entre menores, adultos mayores y sociedad en general para prevenir riesgos digitales y construir un entorno más seguro para todas las personas. Hoy nuestros usuarios pueden acercarse a las tiendas AT&T para recibir asesoría sin costo alguno sobre cómo activar las funcionalidades de seguridad de sus dispositivos.

Una sociedad conectada ya no solo se traduce en más dispositivos con acceso a Internet, también entiende cómo protegerse mientras los utiliza.

*El autor es Vicepresidente Adjunto de Políticas Públicas y Asuntos Externos en AT&T México

Acerca de AT&T México

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Vicepresidente Adjunto de Políticas Públicas y Asuntos Externos en AT&T México.

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