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Opinión

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El país que se nos fue

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Mariano Espinosa Rafful | Siempre hay otros

Mariano Espinosa Rafful

Las emociones no expresadas nunca meren. Sigmund Freud

Fechas en el vencimiento de los otros demonios, pasajes de la historia de un México que se niega a no manifestarse, a gritar más fuerte desde las heridas abiertas, desde los acontecimientos que nos marcaron para siempre, donde el protagonismo quizá ahora de otras y otros, son las salvedades en los escenarios en desventaja ante la realidad.

Innegable que hemos cambiado, no nos hemos transformado desde la maldad o la desigualdad, debemos respeto a la construcción de un país distinto, que respetemos al prójimo, las libertades de expresión y de conciencia, sin dudas ni resabios diría el poeta, pero más con seriedad y seguridad que vamos en el camino más corto hacia la calma.

Dos de octubre no se olvida es una frase recurrente, año tras año, donde saltan también los excesos y las quejas, la desatención y ese olvido que nunca se pierde, tan solo se extravía como recurso de salvaguarda de unos cuantos, sobrevivientes a lo mediático de una política en la vagancia.

El debate debe permanecer abierto, en una sociedad más plural, incluyente, ahí donde intempestivamente se irrumpe con la ociosidad de palabras al viento, que no discuten, que aprueban lo insostenible, lo cuestionable, en el poder legislativo de la concurrencia de la ignorancia y el nulo compromiso con el otro pueblo.

Reprobados por la obviedad de la ambición del poder, con nombres y apellidos que se lavan la cara y no las manos, mintiendo con ruidos sin llegar a ser estruendos, sin importar una economía endeble o un futuro incierto para millones de niños y jóvenes en la incertidumbre y el desamparo.

La competencia para ser mejores está distante, dispersa en un mundo donde las sobriedades y las solemnidades se han roto, porque consideramos en la austeridad que no se logra percibir, la perversidad del país de cínicos en que nos hemos convertido.

No se aceptan las equivocaciones, los yerros, las tarjetas informativas que no dicen lo que deseamos escuchar, el análisis de los momentos en la deuda pública o la inseguridad en la duda de un combate que no es frontal ante la violencia si, recurrente y sin castigo.

No tenemos ni idea de lo que dejamos, porque el recuento de los daños es enorme, en la paz de la concordia, de una unidad quizá colgada de alfileres, que resistían los vientos huracanados de la seducción y la ambición desmedida.

Pero entre los círculos virtuosos y el vicio que nos envuelve de pronto, la soberanía se nos desgasta, la independencia se queda huérfana, y el nacionalismo pierde su esencia por los valores que hemos dejado de procurar desde la edad temprana.

Ahora nos importa muy poco el enfermo o el desvalido, el que tiende la mano por un apoyo en nuestras calles, aquel que irrumpe en la otra vagancia de las calles sin dueño y los bajo puentes con cartón y unas cuantas “mudas”, que desnudan a nuestro México.

Habrá que releer de la otras historias, aquellas acompañantes de otros sueños y otras vanidades, pero también percibir lo que se niega, confrontar lo que se nos oculta, pero además cuidar quienes llegar a intentar cambiar para mal el natural curso de una historia en desencuentros hoy, pero que sigue, que continua almacenando sueños, porque somos infinitos ante la duda y sufrimiento, porque somos necios ante el castigo silencioso del tiempo, aquel que se refleja donde asisten las arrugas del cuerpo y no del alma.

Irrumpir en los escenarios para seguir gritando, aunque en ello se nos vaya el turismo ante miradas cuestionables, por los otros muros, donde radica la impunidad, donde se asienta la negación de causas justas, de duelos ahogados en el llanto, ahí donde debemos asistir al encuentro en la solidaridad y la atención a esas causas.

ENTRE LÍNEAS

En una fecha tan significativa para México y su lastimoso pasado, la convicción y no claudicar por lo que creemos, consideramos e insistimos en el cambio, nos permitirá transitar entre tantos distractores, en esa economía de ahorro hasta de palabras para expresarnos mejor. Innovar es transformar siempre.

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