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ONU-Habitat señala tres obstáculos para ampliar el acceso a vivienda
Suelo, financiamiento y gobernanza son los principales desafíos para atender el déficit habitacional y evitar una mayor segregación urbana

Anacláudia Rossbach, directora ejecutiva de ONU-Habitat, durante su participación en el IV Foro Regional de Vivienda 2026, organizado por el BID.
La crisis habitacional de América Latina enfrenta tres grandes obstáculos para ampliar el acceso a una vivienda adecuada: disponibilidad de suelo, financiamiento y gobernanza, de acuerdo con ONU-Habitat.
Durante el segundo día del IV Foro Regional de Vivienda 2026, organizado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la directora ejecutiva de ONU-Habitat, Anacláudia Rossbach, explicó que estos desafíos están relacionados con la forma en que las ciudades planean su crecimiento y atienden las necesidades de sus habitantes.
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Desde una perspectiva técnica, Rossbach destacó que una vivienda adecuada no depende únicamente de sus condiciones físicas. También requiere una ubicación apropiada, estructuras y materiales de calidad, adecuación cultural y capacidad para responder a las condiciones climáticas.
Suelo, primer obstáculo para ampliar la vivienda
El suelo representa uno de los principales cuellos de botella para ampliar la oferta de vivienda, debido a que es uno de los insumos más costosos de la cadena de valor habitacional y ha estado sujeto a procesos de especulación.
A esto se suma que las ciudades no siempre han reservado espacios suficientes para responder a los cambios demográficos y a los flujos migratorios.
“El suelo ha sido en los años recientes objeto de especulación. Las ciudades no se han preparado para el cambio demográfico, no han reservado el suelo o establecido las políticas de suelo necesarias para recibir los flujos migratorios y para contestar y responder a los cambios demográficos”, expuso la especialista.
El financiamiento constituye el segundo desafío. Rossbach indicó que incluso los países con sistemas financieros desarrollados enfrentan dificultades para atender a todos los segmentos de la población.
Por ello, el reto no consiste únicamente en contar con recursos, sino en conseguir que los mecanismos de financiamiento existentes lleguen a las personas que necesitan una vivienda.
“Aquí en Estados Unidos, por ejemplo, el país está enfrentando una crisis habitacional y tiene un sistema de financiación muy robusto, muy sofisticado y estructurado. El tema no es la ausencia de un sistema de financiamiento, es que el sistema no está funcionando para llegar a todos los segmentos sociales”, añadió.
El tercer obstáculo es la gobernanza, que implica coordinar la planeación urbana, el acceso al suelo y los mecanismos financieros para dirigir los recursos hacia las zonas donde existe mayor necesidad habitacional.
“Estamos viviendo en momentos de mucha polarización, mucha segregación territorial, entonces hay que hacer un contrato social de cómo superar las segregaciones, las inequidades que tenemos en las ciudades y eso está a cargo de los municipios”, declaró.
Déficit de vivienda alcanza a miles de millones de personas
La dimensión del problema habitacional rebasa las fronteras de América Latina. Más de 3,400 millones de personas carecen de una vivienda adecuada en el mundo, de acuerdo con ONU-Habitat.
A esta brecha se suma la situación de más de 1,100 millones de personas que viven en asentamientos informales o precarios, una población que continúa en aumento en términos absolutos después de la pandemia.
“Es un fenómeno básicamente humanitario y que requiere soluciones y un enfrentamiento urgente”, expuso Rossbach al referirse a la expansión de los asentamientos informales.
El déficit habitacional también implica la necesidad de generar nuevas unidades. Rossbach estimó que hacen falta cerca de 300 millones de viviendas en el mundo.
Los desplazamientos provocados por conflictos y crisis climáticas agregan presión a las necesidades habitacionales. En los últimos 20 años, 64 millones de personas fueron desalojadas y más de 100 millones fueron desplazadas por conflictos y fenómenos relacionados con el cambio climático.
En América Latina, alrededor de 20% de la población vive en asentamientos precarios, según Rossbach.
Frente a esta crisis, la directora ejecutiva de ONU-Habitat planteó aprovechar el suelo y los activos públicos disponibles, mejorar y reconvertir el patrimonio construido, diversificar las alternativas habitacionales y vincular la política de vivienda con la acción climática.
Para ONU-Habitat, estas acciones deben articularse con el financiamiento y la gobernanza para atender las necesidades particulares de cada ciudad y evitar que la expansión habitacional profundice la segregación urbana.





