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El motor financiero que mueve a México

La garantía que representa el propio vehículo ha mantenido la morosidad de esta cartera en niveles notablemente más bajos que los de préstamos personales o tarjetas de crédito.

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OpiniónEl Economista

El crédito automotriz se ha convertido, casi sin que nadie lo proclame, en uno de los productos financieros más sólidos y dinámicos del sistema mexicano. No por diseño deliberado ni por política pública, sino porque resolvió un problema concreto: hacer accesible un bien que la mayoría de las familias y empresas necesitan, pero difícilmente puede pagar de contado.

La historia de ese proceso vale la pena contarla desde el principio, porque explica mucho de lo que ocurre hoy.

El crédito automotriz en México nació en 1923 en Torreón, cuando la escasez de financiamiento bancario en la posrevolución obligó a inventar el “Plan Ford”: un esquema colectivo donde un grupo de compradores aportaba cuotas mensuales a un fondo común y, cada mes, se sorteaba la entrega de un Modelo T.

Durante medio siglo, la lógica fue la misma: o se ahorraba el monto total por adelantado, o se recurría a estos esquemas de autofinanciamiento. El verdadero quiebre llegó en los 90, cuando la apertura comercial y la desregulación financiera introdujeron el enganche inicial y los plazos de dos a seis años.

Ese cambio transformó la compra de un vehículo en una transacción accesible para millones de personas que antes quedaban fuera del mercado.

El resultado, tres décadas después, es un mercado que ya no reconocería al de sus orígenes. En el 2025, 73% de las ventas de autos nuevos en México se realizaron mediante algún tipo de crédito, frente a 68% del 2024.

El año cerró con 1 millón 105, 326 vehículos financiados, un avance de 6.3% anual, según la AMDA. La garantía que representa el propio vehículo ha mantenido la morosidad de esta cartera en niveles notablemente más bajos que los de préstamos personales o tarjetas de crédito, lo que la convierte en una de las más atractivas dentro del sistema.

Pero el mapa del mercado está cambiando por dos fuerzas simultáneas que reconfiguran las reglas del juego.

La primera es la irrupción de las marcas asiáticas. Al primer semestre del 2025 se vendieron en México 132,187 autos importados de China, cuatro veces más de lo que se colocaba hace cuatro años.

Firmas como Jetour, Soueast, Geely y MG registraron crecimientos de doble y hasta triple dígito en el primer trimestre del 2026. Estas marcas llegan sin la infraestructura financiera que los fabricantes tradicionales construyeron durante décadas, lo que abre una ventana para que los intermediarios financieros existentes ocupen ese espacio antes de que las propias armadoras lo hagan.

Los vehículos de marcas chinas alcanzaron una participación de financiamiento de apenas 58.7% en los primeros meses del 2026, muy por debajo del promedio nacional de 75.3%, una brecha que señala tanto el reto como la oportunidad.

La segunda fuerza es la electromovilidad. Entre enero y agosto del 2026, México vendió 129, 359 vehículos híbridos y eléctricos, un alza de 46.1% anual, equivalente a 12.8% del mercado total de vehículos ligeros.

Este segmento crece a una velocidad muy superior a la del mercado general y plantea una pregunta que el sistema financiero todavía no ha resuelto del todo: financiar un vehículo eléctrico tiene una lógica distinta a la de un auto de combustión.

El costo de adquisición es más alto, el costo operativo es más bajo, y la infraestructura de carga forma parte integral de la ecuación. Los esquemas de crédito existentes no fueron diseñados para esa aritmética.

Lo que estos dos fenómenos tienen en común es que están llegando antes de que el mercado financiero haya terminado de adaptarse. Las financieras de marca se quedaron con 79% de los financiamientos otorgados en el 2025, mientras que la banca tradicional mantuvo apenas 19.7 por ciento.

Esa distribución ha sido estable durante años, sostenida por la ventaja que tienen las financieras propias de las armadoras al operar directamente en el piso de venta y aprobar créditos en minutos. El mercado automotriz mexicano seguirá creciendo; la pregunta es si la estructura financiera que lo soporta evolucionará a la misma velocidad que los vehículos que financia.

*Director General de BanCoppel y Servicios Financieros Coppel

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