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Opinión

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¿Marx o el mercado? El dilema de México

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Enrique Campos Suárez | La gran depresiónee

Enrique Campos Suárez

En este país donde es fácil distraerse con la infamia de un sujeto llamado Marx, donde se pierde el interés hasta en las evidencias de podredumbre exhibidas desde las entrañas de la autollamada Cuarta Transformación, es el momento en el que nos estamos perdiendo de atender las decisiones que marcarán el futuro económico global de las próximas décadas.

Nada lejano ni intrascendente resultó el discurso del secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, en la Conferencia de Seguridad en Múnich, Alemania. Más que un ejercicio diplomático del trumpismo, fue el trazado de un nuevo mapa geopolítico.

Es inevitable la comparación del mensaje de Rubio con la manera hostil, grosera, en que un año atrás el vicepresidente estadounidense JD Vance proyectó una imagen aislacionista y de desprecio a los europeos. Esta diferencia podría tomar relevancia cuando se tenga que hablar de la sucesión.

Pero, por lo pronto, Rubio exhibió una sofisticación que lo hace ver como el arquitecto republicano de la política exterior de un país que decidió que el mundo tiene que quedar claramente fragmentado en bloques.

Su visión es clara, impositiva como es Donald Trump, habla de la muerte del “fin de la historia” y del globalismo sin fronteras. Abre las puertas a Europa para conformar una identidad occidental en un mundo de bloques, donde el fortalecimiento del Estado-Nación y la fe cristiana son las nuevas murallas.

Las palabras de Rubio tienen que leerse con cuidado porque estructuran todo lo que Trump es incapaz de hilar en cualquier alocución, pero deja ver el trazo que esta ala republicana ha emprendido en Estados Unidos y desde Estados Unidos para el mundo.

Para México esta ruta planteada por Rubio debe leerse con enorme pragmatismo. Cuando denuncia que Estados Unidos entregó el control de sus cadenas de suministro a sus adversarios y rivales piensa en el Lejano Oriente, pero establece la premisa fundamental de que la soberanía económica de su país depende de la relocalización industrial.

Bajo la reedición contemporánea de la Doctrina Monroe, con todo lo que ello implica, el T-MEC tiene esa posibilidad de pasar de un acuerdo comercial a un asunto de seguridad nacional, si el objetivo es blindar al bloque occidental de “los otros”.

Para competir en una guerra de bloques, de la mano de sus aliados europeos, Estados Unidos necesita un vecindario cohesionado que le provea no solo alimentos y materias primas, sino mano de obra calificada que haga competitivas las manufacturas y, claramente, mantenga a China lejos del continente.

Ante ese camino trazado, que no es una sugerencia de Washington, México debe decidir si insiste en el retroceso de las políticas absurdas dictadas por el lopezobradorismo o si opta por una integración armoniosa con el bloque que ahora se impone.

Está muy claro, o persiste la retórica de confrontación ideológica con los que invierten o se abrazan las reglas del mercado que plantea Estados Unidos. Así de claro y sin espantos.

Marco Rubio no es terso, pero claramente es mucho más nítido y menos estridente que el propio Trump. Y lo que deja ver a México, y a cualquiera, es cuál es el camino que eligieron para la conformación de una nueva realidad geopolítica.

ecampos@eleconomista.mx

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Enrique Campos Suárez

Su trayectoria profesional ha estado dedicada a diferentes medios. Actualmente es columnista del diario El Economista y conductor de noticieros en Televisa. Es titular del espacio noticioso de las 14 horas en Foro TV.

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