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Marco Rubio y Andy, el junior

Fausto Pretelin Muñoz de Cote | Globali… ¿qué?
La carta de Andrés Manuel López Beltrán a Trump produce efectos dañinos a la política exterior mexicana y no daña en lo más mínimo ni a Rubio y ni al Subsecretario Christopher Landau. Al mismo tiempo, también daña a la presidenta Sheinbaum porque la jefa de Estado ha demostrado, particularmente desde el 29 de abril pasado, cuando se hizo pública la solicitud de 10 extradiciones de Estados Unidos, encabezada por el gobernador de Sinaloa Rocha Moya, que antes de ser mandataria y jefa de Estado, es una defensora del movimiento popular creado por el papá de Andy pese a que varios de sus integrantes presumiblemente tengan nexos con el crimen organizado.
Marco Rubio es el secretario más importante y con mayor experiencia del gabinete del presidente Trump.
El 23 de agosto de 2011 Nancy Reagan, pequeña y frágil, tropezó en las escaleras de la Biblioteca Ronald Reagan en Simi Valley, California. Una persona que se encontraba en la comitiva se dobló a la derecha y colocó una mano debajo del brazo de la esposa del expresidente estadounidense, atrapando a la mujer de 90 años justo cuando se inclinaba hacia adelante. Era Marco Rubio.
La escena la narra Manuel Roig-Franzia en “El ascenso de Marco Rubio” (editorial Simon&Shuster, 2012).
Un blog de Los Ángeles Times publicó una secuencia de fotografías acompañadas del siguiente mensaje: “¡Marco Rubio, al rescate!”
Un periodista deThe Blaze escribió: “Esto parece un presagio”.
Rubio, a diferencia de López Beltrán, se ha sometido a un proceso meritocrático para llegar a uno de los puestos con más poder en Estados Unidos.
Roig- Franzia escribió hace 15 años sobre Rubio: “La política estadounidense jamás había visto algo como él: un joven republicano hispano a la medida de YouTube con un porvenir realista a nivel nacional, apoyo de la clase dirigente y un atractivo electoral que iba mucho más allá de su etnicidad”.
Estrellas latinas en la política estadounidense en nuestros días quedan lejanas y apagadas. Henry Cisneros, secretario de Vivienda mexicoamericano y Bill Richardson, también mexicoamericano y maestro de la política exterior (falleció en 2023), eran demócratas.
Marco Rubio fue presidente del Congreso del estado de Florida y, años después, ganó un escaño en el Senado, en Washington, derrotando a Charlie Crist, gobernador de Florida.
Los padres de Marco, Mario Rubio y Oriales García, llegaron a EU procedentes de Cuba dos años antes de que Fidel Castro arribara a la presidencia a través de un golpe de Estado.
El padre de Marco Rubio fue barman en los hoteles Hotel Sans Souci y el Roney Plaza Hotel en Miami Beach, y su madre trabajó como cajera en un K-mart. Marco Rubio recuerda con cariño a su abuelo materno, Pedro Víctor García, zapatero de oficio y padre de siete hijas, quien le leía libros de historia. “Fue el primero de su familia en aprender a leer”, comenta el hoy Secretario de Estado.
A los 13 años Marco Rubio estudiaba la secundaria. Iniciaba la década de los 80 y Miami era un centro de narcotraficantes. Uno de ellos era Orlando Cicilia, esposo de la hermana mayor de Marco Rubio. Cicilia fue encarcelado. El entonces adolescente se enteró del alcance que tienen los narcotraficantes.
Cuarenta años después, Rubio es aludido en una carta cuyo autor agrede a la diplomacia, al gobierno y al Estado mexicano en general.
Dos biografías en las antípodas.
Marco Rubio entiende que Morena ha mutado en una especie de secta donde las instituciones estorban. Son los caudillos los basamentos del movimiento popular.
¿A quién representa el Palacio Nacional?

