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¿En qué liga deportiva hay más competencia?

Rodrigo Alcázar Silva | Reglas del juego
Los equipos deportivos profesionales son empresas: compiten contra otros equipos dentro de sus ligas, pero también por audiencias televisivas, asistencia a estadios, venta de mercancía y patrocinios, entre otros ingresos.
Por ello, es posible aplicar conceptos de política de competencia —normalmente utilizados en mercados no deportivos— para aproximar la estructura de estas ligas. Así, puede hablarse del cuasi monopolio del Bayern Múnich en la Bundesliga, del duopolio del Real Madrid y el Barcelona en España, o de un oligopolio con franja competitiva en la Premier League inglesa y la Serie A italiana.
Una forma de aproximarlo es calcular la “participación de mercado” de cada equipo como su proporción de campeonatos sobre el total histórico. Con esta medida —imperfecta pero ilustrativa— puede estimarse el Índice Herfindahl-Hirschman (IHH), comúnmente utilizado para medir concentración.
Bajo este enfoque, los resultados serían los siguientes: Bundesliga (3,100 puntos), Liga española (2,600), Serie A (1,800), NBA (1,500), Premier League (1,200), MLB (1,200), Liga MX (1,000) y NFL (800). Cabe recordar que, en otros mercados, diversas autoridades de competencia suelen considerar que un IHH por encima de 2,000 puntos refleja un alto nivel de concentración y puede detonar preocupaciones regulatorias.
A primera vista, esto sugeriría que la Liga MX es altamente competitiva, al existir una mayor diversidad de campeones. Pero, ¿es esto un reflejo fiel de la realidad? ¿Basta este indicador para concluir que es más competitiva que, por ejemplo, la liga española? Si bien hay un mayor número de campeones en la Liga MX, ¿no es también cierto que la competencia en la parte alta de la liga española —entre los equipos con mayor probabilidad real de ganar— es mucho más intensa? Esto sugiere que la diversidad de campeones podría estar capturando volatilidad más que competencia efectiva.
Como en otros mercados, las medidas de concentración no son suficientes por sí solas para evaluar la competencia. Es necesario analizar también el diseño institucional y los incentivos que enfrentan los participantes.
En la Liga MX es común que el líder de la fase regular no resulte campeón, debido al sistema de liguilla, en el que incluso equipos de media tabla pueden terminar ganando el torneo. Este formato introduce un componente importante de volatilidad y reduce la correlación entre desempeño y resultado final. En contraste, en ligas como la alemana, española, italiana o inglesa, el campeón suele ser el equipo con mejor desempeño a lo largo de la temporada.
Si bien ligas como la NBA, la NFL y la MLB también utilizan sistemas de playoffs, su diseño tiende a preservar mejor el mérito deportivo: clasifican menos equipos con desempeño medio, se otorgan ventajas significativas a los mejor posicionados (como localía o descansos), y se estructura la competencia de forma que el rendimiento acumulado siga siendo determinante.
Adicionalmente, estas ligas incorporan reglas ex ante para equilibrar la competencia, como topes salariales o sistemas de draft que benefician a los equipos con peor desempeño. En la Liga MX, en cambio, estos mecanismos son más limitados, lo que permite a los equipos con mayores recursos mantener ventajas persistentes en la conformación de plantillas.
En consecuencia, no existe una respuesta única sobre si una liga requiere más o menos reglas. Lo relevante es contar con un diseño institucional que promueva una competencia equilibrada sin sacrificar el mérito deportivo.
En otras palabras, las reglas deben permitir que distintos equipos puedan ser campeones, pero como resultado de su desempeño y no únicamente de la volatilidad. Una liga en la que cualquiera puede ganar sin consistencia puede ser tan poco atractiva como una en la que siempre gana el mismo equipo. Algo similar ocurre en los mercados económicos: tanto el monopolio como la inestabilidad extrema pueden erosionar el interés y la eficiencia del sistema.

