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Opinión

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La inteligencia artificial llegó al anaquel

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Alfredo Duplan | Más allá del éxito

Alfredo Duplan

Durante décadas, las decisiones comerciales en el retail se han construido alrededor de una pregunta fundamental: ¿qué quiere comprar el consumidor? Para responderla, las empresas han invertido millones en investigaciones de mercado, encuestas, grupos de enfoque, análisis de ventas y estudios de comportamiento. Hoy, la inteligencia artificial está transformando no solamente la manera de responder esa pregunta, sino también quién toma las decisiones y cómo se influye en lo que finalmente termina dentro del carrito de compras. 

La inteligencia artificial dejó de ser exclusivamente una herramienta tecnológica para convertirse en una herramienta comercial. Su verdadero potencial no está solamente en automatizar procesos o reducir costos, sino en ayudar a las empresas a vender mejor, desarrollar productos más relevantes y entender con mayor profundidad las necesidades de sus clientes.

Pensemos en el surtido de una tienda. Tradicionalmente, los compradores y responsables de categoría analizaban históricos de ventas, tendencias y márgenes para decidir qué productos colocar en los anaqueles. Hoy, los algoritmos pueden incorporar miles de variables adicionales: clima, ubicación, hábitos de consumo, estacionalidad, comportamiento digital y hasta acontecimientos locales. Esto permite construir surtidos más precisos, incluso diferentes entre tiendas de una misma cadena, respondiendo a las necesidades particulares de cada comunidad.

Algo similar sucede con los precios y las promociones. Durante años, las empresas diseñaron campañas masivas buscando atraer al mayor número posible de consumidores. La inteligencia artificial permite identificar qué clientes son sensibles al precio, cuáles buscan conveniencia y cuáles están dispuestos a pagar más por determinados atributos. El resultado puede ser una estrategia promocional más eficiente, donde los descuentos dejan de distribuirse indiscriminadamente y comienzan a responder a oportunidades comerciales específicas.

Pero quizás una de las transformaciones más interesantes está ocurriendo antes de que el producto llegue al anaquel.

La investigación de mercados está cambiando radicalmente. Antes, conocer al consumidor implicaba semanas de trabajo, entrevistas y análisis de información. Hoy, la inteligencia artificial puede procesar millones de comentarios, reseñas, búsquedas y conversaciones digitales para identificar necesidades insatisfechas, frustraciones y tendencias emergentes. No sustituye completamente la investigación tradicional, pero permite complementarla con una velocidad y profundidad que antes resultaban difíciles de imaginar.

Esto abre oportunidades importantes para el desarrollo de nuevos productos. Una empresa de alimentos puede identificar que ciertos consumidores buscan mayor proteína, menos azúcar, ingredientes naturales y presentaciones individuales. A partir de esa información, puede explorar formulaciones, empaques, propuestas de valor y conceptos comerciales antes de invertir en producción. Incluso puede utilizar modelos predictivos para evaluar qué combinaciones tienen mayores probabilidades de aceptación.

La innovación deja de depender exclusivamente de la intuición de los equipos comerciales y comienza a incorporar evidencia más amplia sobre lo que realmente necesita el mercado. Sin embargo, existe un riesgo: si todas las empresas utilizan información y algoritmos similares, podrían terminar desarrollando productos demasiado parecidos. La creatividad, la diferenciación y la capacidad de sorprender al consumidor seguirán siendo indispensables.

Otra transformación importante ocurre en la comunicación entre las marcas y sus clientes. Durante décadas, las empresas hablaban y los consumidores escuchaban. La publicidad, los empaques y las promociones transmitían mensajes predominantemente unidireccionales. Hoy, la inteligencia artificial permite construir conversaciones personalizadas, responder preguntas, recomendar alternativas y acompañar al consumidor durante todo su proceso de compra.

Un cliente puede preguntar qué alimento le conviene para determinada dieta, qué producto ofrece mejor relación entre precio y calidad o cuál alternativa responde mejor a sus preferencias. La respuesta ya no necesariamente proviene de un vendedor, una publicidad o una página comercial. Puede venir de un asistente de inteligencia artificial que compara opciones, interpreta necesidades y recomienda productos.

Y aquí aparece una pregunta que podría transformar profundamente la industria: si un algoritmo comienza a influir en lo que compra el consumidor, ¿a quién tendrán que convencer las marcas en el futuro?

Hasta ahora, las empresas han dedicado enormes recursos a construir reconocimiento, preferencia y lealtad hacia sus marcas. Buscan estar presentes en la mente del consumidor cuando llega el momento de comprar. Pero imaginemos un escenario donde una persona simplemente solicita a su asistente digital que organice las compras de la semana, encuentre las mejores alternativas y respete determinado presupuesto.

En ese momento, la decisión podría estar parcialmente intermediada por un algoritmo. Las marcas tendrían que competir no solamente por la atención del consumidor, sino también por aparecer entre las recomendaciones de esos sistemas. La calidad de la información, la disponibilidad, el precio, las evaluaciones y la confiabilidad podrían adquirir todavía mayor importancia.

Esto no significa que las máquinas sustituirán las emociones, las preferencias o la lealtad. Significa que aparecerá un nuevo intermediario comercial capaz de influir en las decisiones de millones de consumidores.

El reto para las empresas será aprovechar esta inteligencia sin perder su propia capacidad de entender a las personas. Porque los algoritmos pueden identificar patrones, anticipar comportamientos y recomendar decisiones, pero construir confianza, generar experiencias memorables y desarrollar relaciones duraderas sigue siendo una responsabilidad humana.

La inteligencia artificial ya llegó al anaquel. La pregunta no es solamente cómo la utilizaremos para vender más, sino cómo cambiará la manera en que los consumidores deciden qué comprar.

Esto es Más Allá del Éxito. Nos leemos pronto.

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