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¿Cómo diablos se llega de bailarina a presidenta? La retórica de Trump de la ambivalencia. El halago y la burla

Armando Guzmán | El qué y por qué desde Washington
El presidente Donald Trump en un acto de campaña volvió a mencionar a la presidenta de México y esta vez se refirió a que Claudia Sheinbaum en su juventud estudió ballet. Pero no solo eso, el presidente de Estados Unidos hizo a un lado el muy robusto currículo de la presidenta mexicana, para preguntarse en voz alta, ¿cómo se llega de bailarina a presidenta?
Este estilo discursivo de Trump, ya lo conocemos. Ya hemos visto como hablando de otros jefes de estado, el presidente suele mezclar comentarios condescendientes con cuestionamientos duros.
En el mismo discurso en el que se burló de su origen, se refirió a Sheinbaum como una "mujer realmente buena" y elogió que tiene "una de las voces más hermosas y elegantes". Al encapsularla bajo los términos de "bailarina", "hermosa" y de "buena voz", Trump lo que hizo fue reducir la figura de una jefa de Estado a atributos físicos o artísticos, una táctica habitual en él para proyectar la superioridad que él siente que necesita tener en sus relaciones y negociaciones con otros mandatarios.
Si dejamos de lado si el comentario fue elegante o no, la pregunta es:
¿Por qué Trump sigue hablando de Sheinbaum cuando ni siquiera es el tema central del evento?
Y aquí hay varias lecturas posibles.
1. Porque México es un tema permanente para su base política
Trump construyó gran parte de su carrera política alrededor de temas como inmigración, frontera, comercio y seguridad. En la mente de muchos de sus seguidores, México no es un asunto extranjero más; es uno de los temas centrales de la política estadounidense.
Cuando menciona a Claudia Sheinbaum, en cierto modo está hablando indirectamente de frontera, migración y relación bilateral. Aunque el mitin sea en Carolina del Sur, esos temas siguen movilizando a su electorado.
2. Porque Sheinbaum es una figura que políticamente le resulta útil
Trump suele personalizar los conflictos. En lugar de hablar de "el gobierno mexicano" o "la política mexicana", habla de una persona concreta.
Lo hizo durante años con otros líderes internacionales. Le resulta más fácil contar historias sobre individuos que discutir políticas complejas.
Por eso convierte una conversación diplomática en una anécdota sobre "ella me llamó", "ella me dijo", "ella tenía esta reacción", etc.
3. Porque parece sentir una mezcla de respeto y superioridad
Esto es lo que me llama la atención.
Si escuchas sus referencias recientes, no son puramente condescendientes.
Habla favorablemente de la voz de Sheinbaum y la describe como una buena persona, mientras al mismo tiempo hace observaciones como la de la bailarina.
Psicológicamente, eso suele ocurrir cuando alguien reconoce que su interlocutor tiene relevancia, pero quiere mantener una posición de dominio en la conversación.
En otras palabras:
No, la trata como una enemiga irrelevante.
Tampoco la trata como una figura política de igual estatura y por eso disminuye su estatura.
La presenta como alguien que le parece interesante, pero a quien coloca dentro de una narrativa donde él sigue siendo el protagonista y quien toma las decisiones.
Por eso su narrativa de que Sheinbaum le rogó no cambiarle el nombre al Golfo de México y el como su superior, simplemente se lo negó.
4. La realidad es que Sheinbaum le ha resultado más difícil de encasillar de lo que Trump esperaba
Aquí ya debemos entrar en un análisis político, no meramente en hechos verificables.
Trump suele clasificar rápidamente a las figuras políticas: aliados, enemigos, débiles o fuertes.
Sheinbaum no encaja fácilmente en esas categorías.
Por un lado, representa una izquierda nacionalista que ideológicamente está lejos de Trump. Por otro, ha mantenido una relación relativamente institucional y pragmática con Washington.
Eso la convierte en una figura que llama la atención.
No es raro que Trump vuelve una y otra vez sobre personas que le resultan difíciles de encasillar o que le generan curiosidad.
5. Porque le sirve como material de espectáculo
Y aquí está la explicación más simple.
Trump es, ante todo, un comunicador de espectáculo político.
Decir:
“La presidenta de México practicó ballet en su juventud”
No genera reacción. Pero con decir:
"¿Cómo demonios pasó de bailarina a presidenta de México?"
Trump provoca risas, sorpresa y comentarios en los medios de los dos países. Eso a este presidente le garantiza atención.
Mi impresión personal, es que, si Trump mencionara a Sheinbaum una vez, sería anecdótico.
Pero cuando un político vuelve repetidamente sobre una persona en discursos distintos, normalmente indica que esa persona ocupa un espacio en su mente política. No necesariamente porque la admire o porque esté obsesionado con ella, sino porque la considera una figura relevante en una de las relaciones internacionales más importantes para Estados Unidos.
Lo curioso es que muchas veces Trump habla peor de adversarios a quienes considera insignificantes. En cambio, cuando alterna críticas, bromas y elogios sobre la misma persona, suele ser señal de que le presta atención y la considera un actor político que vale la pena mencionar repetidamente.
Donald Trump, en estos días de campaña se ha mofado públicamente de los candidatos demócratas e incluso republicanos. Lo ha hecho en el pasado de varios jefes de Estado y de líderes internacionales con comentarios sobre su vida personal, su apariencia física o sus decisiones políticas.
Hay quien dice que esto podría demostrar que Donald Trump tiene un problema personal de autoestima y que esto de sobajar a todos a quienes tiene en la mente, es su forma de sentirse mejor.
Quizás, pero de este episodio a mí me quedan dos razonamientos.
Uno, quienes en México toman esto como un insulto y una afrenta nacional, no han captado aún la personalidad tan complicada de Trump, y por tanto están perdiendo el tiempo en enojarse.
El segundo razonamiento es el que realmente me intriga
¿Por qué piensa tanto en la presidenta mexicana, que siempre la anda nombrando?

