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AFAC-Seneam: el costo de ahorrar en seguridad aérea

Rosario Avilés | Despegues y Aterrizajes
Hay recortes presupuestales que pueden discutirse en términos de eficiencia administrativa y otros que deben analizarse desde la gestión del riesgo. El que propone el Paquete Económico 2027 para la Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC) y para Servicios a la Navegación en el Espacio Aéreo Mexicano (Seneam) pertenece, claramente, al segundo grupo.
La AFAC tendría apenas 175.4 millones de pesos, 73% menos que los 657.5 millones asignados para 2026. Seneam, por su parte, recibiría alrededor de 926 millones de pesos, una reducción cercana a 76% respecto al año anterior.
Las cifras no sólo resultan difíciles de conciliar con las necesidades actuales de la aviación mexicana, sino que chocan de frente con la coyuntura actual, después de la auditoría de la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA) que nos tiene al borde la Categoría 2. Hay que entender que AFAC no es una oficina administrativa más: certifica, inspecciona, vigila y supervisa aerolíneas, talleres, centros de capacitación, personal técnico y operaciones. Seneam, por su parte, opera servicios indispensables para que los aviones puedan despegar, volar y aterrizar con seguridad, incluyendo control de tránsito aéreo, navegación, comunicaciones y meteorología.
Los lineamientos de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) son claros: un sistema efectivo de vigilancia de la seguridad necesita personal técnico competente, capacitación, herramientas y recursos suficientes. La propia FAA considera que una autoridad aeronáutica que carezca de experiencia técnica, organización o recursos para supervisar adecuadamente a sus operadores puede ser clasificada en Categoría 2.
México conoce perfectamente las consecuencias. En 2021 perdió la Categoría 1 y las aerolíneas mexicanas quedaron impedidas para abrir nuevas rutas hacia Estados Unidos o incorporar nuevas aeronaves a esos servicios hasta recuperar la categoría 1 en 2023. Con la nueva evaluación IASA y sus conclusiones que se esperan en octubre, no parece éste el mejor momento para enviar la señal de que la autoridad aeronáutica tendrá menos recursos.
En Seneam el asunto tampoco es menor. Los controladores han señalado este año un déficit cercano a 500 profesionales. La OACI advierte, además, que los proveedores de navegación aérea requieren niveles adecuados de personal y recursos para gestionar riesgos como la fatiga y garantizar la continuidad segura de las operaciones.
Ante las críticas, la SICT y la propia AFAC reaccionaron anunciando que habrá “recursos adicionales a los previstos en el Paquete Económico” y que Hacienda garantizará los fondos necesarios para cumplir las funciones de regulación, supervisión y seguridad operacional.
La declaración tranquiliza parcialmente, pero abre una interrogante importante: ¿cuánto dinero adicional habrá, de dónde saldrá y bajo qué mecanismo presupuestario? ¿Serán ampliaciones posteriores? ¿Economías de otras dependencias, como ocurrió anteriormente? ¿Ingresos derivados de derechos, servicios o multas? La AFAC genera recursos por diversos trámites y servicios, pero carece de autonomía presupuestaria. Si el dinero existe y Hacienda está dispuesta a garantizarlo, sería mucho más sano que quedara claramente identificado desde el Presupuesto, ya que sería lo más transparente.
La seguridad aérea necesita certidumbre institucional, no financiamiento contingente. Hacienda enfrenta restricciones fiscales comprensibles, pero reducir recursos precisamente a quienes regulan y mantienen funcionando el sistema puede resultar ahorros muy costosos.
En aviación, prevenir siempre cuesta menos que corregir una crisis. Y México ya ha pagado varias veces el precio de aprenderlo.


