La definición de un economista, dice un sarcasmo popular: es aquella persona que explicará mañana las razones por las cuales, sus predicciones de ayer no se realizaron hoy. El refrán es un reflejo de la imposibilidad de predecir, en términos cuantitativos, un escenario o un evento en el mundo de la economía moderna, dada la fabulosa cantidad de imponderables que pueden incidir en lo que sucede en el futuro.

Pero ello no parecería ser el caso con la reforma fiscal integral que tanto ha figurado en el debate político popular en el país. Otra vez, la cacareada reforma está en la mesa de discusión, de cara al 2011, y otra vez dicen, protagonistas y antagonistas que ahora sí se tratarán los temas difíciles, sobre todo los regímenes preferenciales (suena mejor esa frase que la tradicional homologación del IVA ).

En el fondo, sin embargo, el vox pópuli ha cosechado una curva de aprendizaje durante los últimos 13 años de debate al respecto, en los que cualquier mención de reforma fiscal se interpreta como un aumento de impuestos. Así se veía la unificación del impuesto al consumo, aun cuando hay salidas probadas para demostrar que los ingresos capturados de las clases económicas, que sí pueden absorber el gravamen, podrían redireccionarse en la forma de subsidios directos. Así también sucedió con el IETU, que hoy es otro sinónimo más de un aumento impositivo. Ni hablemos del IETU reloaded del 2009 y la madre de las misceláneas, especialmente cuando en momentos de austeridad sirvió para financiar el proyecto de presupuesto más alto en la historia moderna del fisco mexicano.

Corrección: pesitos más, pesitos menos. El sentimiento popular es inevitable, cuando los expertos y los políticos abordan el tema fiscal, es que Lolita tiene apetito nuevamente.

El centro de la discusión fiscal es cómo recaudar más ingresos para el ogro filantrópico. No es cómo debería, sino cómo facilitar el sistema impositivo, de tal suerte que la tarea de maximizar ingresos no lesione los incentivos laborales y empresariales. En cristiano: la prioridad es maximizar los ingresos, no hacerle la vida menos complicada al contribuyente.

Iniciamos le sexenio con un maravilloso planteamiento alrededor del impuesto único. Hoy no tan sólo hay más impuestos, sino que el laberinto tributario actual desafía a la inteligencia fiscal más sofisticada.

Nuestra predicción fiscal, apoyada en el pasado: la nueva reforma fiscal integral acabará en una nueva ronda de impuestos, junto con una nueva adición de complejidades administrativas. Ya veremos.

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