Lectura 4:00 min
La cultura del orgullo

Opinión
Los incentivos, la nueva ley y todo lo que se pueda hacer por impulsar, sobre todo la distribución del audiovisual hecho en México, es más que bienvenido. Pero lo verdaderamente emocionante fue ver a una productora bien perrona, hablando con tanto orgullo de su país, de la capacidad creadora y el profesionalismo de su comunidad y de la diferencia de tratar con las mujeres de la política.
Hace unos años, a propósito de la producción de Monarca, una espléndida serie producida por ella, en una entrevista habló del guionismo nacional y de cómo tantos años de tener al sector trabajando para producir telenovelas estúpidas, habría atrofiado mucho del oficio y del talento. Porque ojo, las telenovelas no son per se estúpidas, pero durante muchos años se trataron de nada, de estereotipos denigrantes, de hacer estupideces para entretener a lo estúpido. Pero eso ya no funciona ¡Por fortuna! Pues porque tonto es quien cree que el pueblo es tonto.
Todas las porras a Salma por su visión crítica de aquel momento hacia las televisoras que le apostaron a lo estúpido en vez de apostarle al amor a la ficción y a contar buenas historias. Todas las porras por ese relato que hizo este domingo 15 de febrero, tan desordenado y tan emocionante. Pero más porras porque genuinamente le dijo a la industria, que aquí hay de todo como en botica y además ¡buenísimo! Talento, oficio, locaciones, voluntad política, gente linda, de todo.
Soy un poco cursi, lo sé, pero sin duda me identifico con esas ganas que tenemos tanta gente de que se sepa qué hermoso es este país y cuanta gente noble, decente y sabia hay por todos lados. Me identifico con el orgullo y con el amor. Me identifico porque tuve la oportunidad de trabajar en teatro en “los mejores” lugares del mundo y el teatro que se hace en esta ciudad es brutal, no le pide nada a nadie. Me identifico porque estoy cansada de que retraten a mi país desde el prejuicio. Me identifico porque me ha dolido cada vez que he escuchado “Es que en este pinche país…” agregue usted la frase que guste.
Este país no es pinche. Punto. No somos pinches. Punto.
Lo de Salma emociona porque nos estamos educando también en el orgullo y eso es parte fundamental de la transformación cultural. Y no, no se trata de sentir que una entelequia fronteriza (porque eso son las nacionalidades) te da de por sí una cualidad. Pero en este país, a quienes nos tocó crecer y hacer profesión justo en la larga noche neoliberal, que no entendimos porque se iban disolviendo todos los derechos sociales que nuestros abuelos tuvieron, nos costó mucho trabajo sentir orgullo.
Mi abuelo Pedro asistía a un centro deportivo increíble donde nadábamos. Iba a un buen hospital a atenderse la diabetes y tenía una pensión que le alcanzaba perfectamente para la vida y hasta para llevarse de viaje a la nieta quinceañera que le tocara. Todo sin pagar un centavo porque era público. A mis papás ya no les tocó nada. Así ¿cómo sentir orgullo?
Falta mucho, sobre todo en distribución. Porque cuando yo era niña, el cine mexicano atiborraba las salas y los productores vivían sin problema, de las taquillas. Después del TLC, aniquilaron esa parte de la industria. Falta mucho por la soberanía narrativa, pero estos pasos emocionan y dan orgullo.