Una de las modas más llamativas en las discusiones de política económica es el tema de los empleos verdes. En particular, la administración de Obama ha colocado este concepto en el centro de su visión para el desarrollo de la economía global. De hecho, es congruente con el movimiento para evitar el cambio climático y de paso pone en tela de juicio el concepto tan políticamente incorrecto de egoísmo capitalista.

Este posmodernismo económico, entonces, representa una carambola de tres bandas; y pocos son los que han confrontado sus tesis fundamentales contra esta nueva sabiduría verde. El mismo Obama cita los casos de España o Alemania, donde la inversión pública en energías renovables supuestamente ha generado empleos de alta remuneración.

La idea, según otros estudios, es que la economía estadounidense, vía subsidios, invierta 100,000 millones de dólares en iniciativas verdes. Gabriel Calzada, el joven e inteligente director del Instituto Juan de Mariana en España (www.juandemariana.org), se ha atrevido a desafiar la petición de principio de que usar recursos públicos en energías renovables genera prosperidad de facto. Al contrario, los estudios de Calzada demuestran que la lógica de este posmaterialismo verde está basado en la premisa que debemos hacer menos con más. El caso de España, según el análisis de Calzada (análisis que, por cierto, se ha convertido en una bomba de tiempo mundial, con inmensa cobertura editorial en casi todos los rincones del mundo) demuestra el otro lado de los subsidios destinados a la inversión en energías renovables. Su cálculo es: los subsidios a plantas de electricidad renovable existentes, las cuales disfrutan un compromiso de subvención durante las próximas tres décadas, conllevan un costo de 30,000 millones de euros- un monto que a la fecha ha generado un poco más de 50,000 empleos- o sea, una regla de algo así como casi 600,000 euros por empleo. El sector privado español genera alrededor de un empleo por cada 260,000 euros de inversión.

La conclusión, fulminante pero políticamente incorrecta, es que en España se han destruido 2.2 empleos en la economía general por cada uno creado artificialmente por medio de subsidios a energías renovables, empleos que, además, son una especie del subprime, inflados y no sostenibles en el largo plazo .

Es, pues, una burbuja verde, o esmeralda. El sueño de las energías renovables, para convertirse en realidad sostenible, deberá estar basado en algo más que masivas transferencias de recursos escasos.

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