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Opinión

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Tecnología en el sector agroalimentario

El aumento de la población en el mundo, la disponibilidad y tipo de recursos energéticos y el clima, debido a su influencia en la disponibilidad de tierra, agua y calidad de aire, son los grandes rubros que definirán el futuro de la agricultura y el sistema alimentario del mundo.

Algunos segmentos del mercado y organizaciones verdes pugnan contra la tecnología desarrollada para el sector agroalimentario, olvidando los beneficios que se han obtenido por medio de su aplicación. Algunos consumidores, conscientes de los problemas ecológicos y de salud, buscan regresar a lo natural evitando el uso de la tecnología y tienden a producir sus alimentos en pequeñas granjas familiares para satisfacer sus necesidades y las de pequeños mercados locales.

Esto es una buena iniciativa, pero no deja de ser limitada en términos de volumen, conservación y desperdicio, entre otras cosas; además, el consumidor en centros urbanos posee dos características que lo incitan a buscar cosas diferentes y a lo cual difícilmente renunciará: ser sofisticado y exigente. Limitar el uso de la tecnología para la producción de alimentos incrementa la magnitud del problema actual y el que se avecina para alimentar a la población mundial.

La tecnología del sector agroalimentario busca el manejo y la conservación de los alimentos en grandes volúmenes, la cual, de no utilizarse, aumentaría el desperdicio de alimentos a un nivel mayor del que se tiene actualmente. La tecnología va evolucionando y se va sofisticando conforme avanza el conocimiento, pasando de tecnologías básicas, como puede ser el salado o el uso de la temperatura, a la biotecnología y a la nanotecnología.

La nanotecnología aplicada en la actividad agrícola podría generar un mejor aprovechamiento de los recursos, como un uso más eficiente del agua, fertilizantes y otros agroquímicos, un mayor rendimiento en la producción, un mejor control de plagas y enfermedades, monitoreo de enfermedades en las plantas y nivel de estrés debido al medio ambiente, lograr una producción sostenible y precisa, así como mejorar la tecnología poscosecha, incluyendo el manejo de desperdicios.

Por ejemplo, se han investigado materiales super absorbentes con baja velocidad de liberación para mejorar la capacidad de retención de agua del suelo y para regular la temperatura alrededor de la raíz de la planta, con lo que disminuiría el consumo del agua para riego.

No hay duda de que se requiere de tiempo para probar que una tecnología es segura e inocua para el consumidor, pero no se debe descalificar antes de tiempo, porque hay 7,000 millones de bocas que alimentar y en 13 años habrá 1,000 millones más.

*Fernando Antonio Martínez Mendoza es especialista de la Subdirección de Análisis Económico y Redes de Negocio. La opinión es del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

famartinez@fira.gob.mx

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