El 1º de diciembre llega y México no tiene un sistema de salud como el de Dinamarca. Pero primero, pongamos las cosas en contexto. Dinamarca es sólo uno de los ejemplos de comparación (“benchmark”) en el discurso del presidente Andrés Manuel López Obrador en enero pasado, al hablar de un sistema de salud que “funcionaría al 100% con atención de calidad y medicamentos gratuitos para todos”. En la misma arenga, se refirió a Canadá, Gran Bretaña y otros países europeos. No era la primera vez que el Presidente usaba este ejemplo, lo hizo desde la campaña y en la inauguración de su gobierno. Utilizar esos sistemas de salud como punto de referencia es muy llamativo, sí, pero es engañoso y lo más probable es que el mismo López Obrador no supiera en lo que se metía al hacer esta promesa.

La idea de un sistema de salud universal, gratuito y único ha sido el santo grial de muchos países; sin embargo, no se logra de la noche a la mañana y mucho menos en dos años por decreto. Esto lo aprendió de la manera dura la Dra. Asa Cristina Laurell, exsubsecretaria de Integración y Desarrollo de la Secretaría de Salud, en los primeros días de la administración cuando propuso una salida alterna al darse cuenta de que no podría unificar a los sindicatos de IMSS e ISSSTE con los de los sistemas estatales de salud o Pemex. En el camino, no entendieron o no quisieron aceptar que el principal problema del sistema de salud en México es una histórica falta de inversión, que nunca ha pasado del 2.9% del PIB, cuando deberá rondar entre el 5 y el 6% (aportación gubernamental). 

Sí, si no hay dinero no hay Dinamarca. Sin embargo, en el 2020 el presupuesto a la salud se elevó solo 4% vs. 2019 y se calcula que el subejercicio solamente en el primer trimestre fue del 30 al 50% en varios rubros. Para 2021, el presupuesto asignado es de poco más de 145,000 millones de pesos(+ 13%) pero con una trampa: Ese dinero incluye 33,000 millones que se tomaron del Fondo para la Salud y el Bienestar que originalmente estaba destinado (y era adicional) a la cobertura de gastos catastróficos proveniente del extinto Seguro Popular. El gobierno en realidad presupuestó solo 112,000 millones de pesos, 13% menos que en 2020.

El déficit presupuestal en salud, con recortes y subejercicios es importante, pero es solo una parte del problema. La promesa de Dinamarca es fácil cuando no se conoce cómo funcionan los sistemas europeos, los cuales no son 100% “gratuitos” ni en todos los casos ni en todos los servicios, ya que recurren a una enorme participación público-privada (cosa que detesta la 4T) y en muchos casos como la Gran Bretaña o Canadá, subrogan hospitales y atención de especialistas a la medicina privada. En el caso de España, las recetas se surten en las farmacias privadas, con medicamentos de marcas comerciales que luego son reembolsados al fabricante y en la mayoría de estos países el fondeo se hace desde una sociedad que puede pagar 60% o más de impuesto sobre la renta. No, no somos Dinamarca.

Al hablar de un sistema universal, la 4T no piensa en estos ejemplos. Su objetivo era un sistema de salud estatizado, al estilo de Cuba, por lo menos en la medicina pública; de allí que se usen frases y palabras como “bienestar” o “medicina social” en el discurso y revela por qué se ha castigado presupuestalmente a los Institutos Nacionales de Salud y a la alta investigación científica. La consigna de promover la medicina preventiva y beneficiar los primeros niveles de atención es correcta, pero destruir la medicina de alta especialidad ya nos está costando caro. En Dinamarca sí se cuida la medicina de primer nivel, pero se invierte mucho en la de tercero.

El más grave problema de la salud en México ha sido la injusticia. Casi el 50% de la población vive sin acceso a servicio médico institucional y quienes son derechohabientes, pagan además la medicina privada con su dinero. Una suerte de doble pago, ya que no se puede renunciar a la aportación del IMSS. Como resultado, México es el país de la OCDE con más alto gasto de bolsillo: desde el consultorio de la farmacia de la esquina, hasta los hospitales privados, algunos excelentes y otros bastante malos. Para solucionar esto, el presidente decretó la gratuidad y a partir del día de hoy los hospitales públicos no pueden pedir que los pacientes compren absolutamente nada de su dinero. ¿Cómo se pagarán insumos o tratamientos completos que antes recibían recursos del Seguro Popular, con tan solo el presupuesto que comenté arriba? Nadie lo sabe. Sin embargo, los responsables de los hospitales de especialidad nos dicen que la decisión de cobertura de gastos catastróficos será: Páguense todos los gastos de todas las enfermedades, a todos los pacientes… hasta donde alcancen los recursos. Así, si hay 10 pacientes con leucemia, se pagará todo lo que se pueda a 2, 3 o 6 de ellos… hasta que el dinero se acabe. La decisión será de cada hospital. Así no funciona la medicina en Dinamarca.

La desaparición del Seguro Popular fue absolutamente ideológica. Ni al presidente ni a la Dra. Laurell les gustó nunca un modelo basado en un sistema de cobertura, donde el asegurado aportara algo, como ocurre en muchos países. Sin embargo, lo que más les molestaba eran los autores y creadores del Seguro Popular, a quienes siempre consideraron neoliberales y contrarios a sus causas. A cambio de destruirlo, en enero nos amanecimos con un Insabi carente de reglas de operación y sin un liderazgo con conocimiento del sistema de salud. Pasaron semanas en las que vimos a pacientes molestos, autoridades hospitalarias confundidas y muchas mujeres pacientes de cáncer de mama viéndose súbitamente en la incertidumbre. 

El desabasto de medicamentos, producto del desmantelamiento del sistema de compras y distribución especializado en salud, ha tenido a los padres de niños con cáncer en ascuas y “conversaciones” desde hace más de un año y generó la muerte de 8 personas en el hospital de Pemex de Villahermosa, al comprarse un medicamento falsificado. Difícilmente veremos esto en Dinamarca.

En esas condiciones nos llegó la pandemia. Una dolorosa reconversión hospitalaria, con compras tardías y heroicos vuelos privados a China, ya que los grandes distribuidores mexicanos fueron inhabilitados meses antes por un decreto; compras de pánico y ventiladores nacionales que se entregaron a destiempo. Al momento de escribir este artículo, hace apenas unas horas que la Organización Mundial de la Salud acaba de decir que “la situación de México es muy preocupante”. Mientras tanto, en Dinamarca, llevan apenas 79,872 contagios acumulados y tan solo 829 muertos.

*Xavier Tello es Médico Cirujano y Analista en Políticas de Salud.

Twitter: @StratCons