Luego de un hiato de dos semanas, regresar a leer noticias sobre tecnologías de información y comunicaciones (TIC) revela una triste verdad: los avances en el diálogo son lentos y la repetición se presenta como dominadora de todos los diálogos. Por un lado se encuentran quienes viven adorando al Dios 5G que promete 1,001 una posibilidades que serán aprovechadas por los gobiernos para acelerar la llegada de la innovación tecnológica a sus mercados por medio del Internet de las Cosas. El problema es que parece un aceleramiento amordazado, pues los servidores públicos no parecen inclinados a percibir, o identificar un emprendimiento con este fin. El resultado son pruebas, prototipos y lanzamientos con más promesas postergadas de reales.

El otro tema donde parece ser que en lugar de analistas y consultores nos encontramos con astrónomos y astrólogos es en el tema de las proyecciones de adopción y crecimiento de plataformas audiovisuales o videotecas conocidas comúnmente como OTT de video. Lo importante es poder ofrecer contenido al usuario final sin que este precise afrontar grandes costos para acceder al mismo.

Lo interesante en ambos casos no son las proyecciones de crecimiento de líneas u abonados, sino cómo la proyección de ingresos generados por humanos sigue creciendo independientemente de las condiciones macroeconómicas del mercado, la repartición de riquezas en el mismo y el poder adquisitivo de las masas.

Al final de cuentas, cuando el operador decide masificar un servicio tiene que tarde o temprano contemplar la llegada del mismo a esos quintiles económicos DE que sí proveyeron clientes a los operadores durante el boom del crecimiento celular gracias a la implementación de un esquema de facturación prepago acompañado de interesantes subsidios para facilitar la compra de teléfonos.

Durante esta contemplación se dan cuenta que Jorge Manrique podría haber tenido un poco de verdad, pues aquellos tiempos pasados de mensajería de texto y telefonía básica eran el siglo de oro de los servicios móviles. Ahora, el problema es otro, en un mundo donde todas las redes de los operadores dan servicios similares (utilizan equipos de los mismos proveedores), el problema es cómo evitar emular los versos del Arcipreste de Hita acerca del gran agitador que es don Dinero.

Agitador porque ahora los operadores que tanto desean abrazar al dinero tienen como responsabilidad compartir entre una multiplicidad de gastos el monto de dinero que anteriormente se enfocaba a cubrir los gastos de un solo proveedor. Ahora, hay que pagar parte de ese celular que ya no se subsidiar, cubrir parcialmente los costos del nuevo teléfono y la tarifa mensual por plan de pago y telefonía.

Tal vez ese sea el fallo de gran parte de la discusión de telecomunicaciones y las TIC, se habla en abstracto de oportunidades y crecimiento. Es como si fuese un ente independiente del resto de la economía, pero se ignoran aspectos de desarrollo básicos que impactan directamente en los niveles de adopción de nuevas tecnologías. Por ejemplo, cuando se menciona la pobreza como obstáculo inmediatamente se menciona el impacto de las TIC en la economía, creando un círculo vicioso que no le sirve a nadie.

La simple verdad es que para avanzar, la adopción de las telecomunicaciones y los servicios que ofrece es imperativo reducir los niveles de pobreza, mejorar la educación, reducir el desempleo, mejorar la infraestructura básica y atender a demandas por servicios de salud, entre otras. Si no hay dinero no se puede pagar por un servicio, sobre todo cuando la prioridad es buscar qué comer.

Una simple razón que forzará la desaparición de tantas plataformas audiovisuales, pues como dice la canción, “no hay cama pa’ tanta gente”.

*José F. Otero tiene más de 20 años de experiencia en el sector de las TIC.

José F. Otero

TIC y Desarrollo

José F. Otero tiene más de 20 años de experiencia en el sector de las TIC. Esta columna es a título personal.