En los últimos años, cada 8 de Marzo resuena con más fuerza un grito de hartazgo, de protesta, de encono. Algunos hombres y mujeres (sí, todavía hay algunas), se preguntan por qué las mujeres estarán tan enojadas. Las respuestas a esta pregunta en muchas ocasiones se hacen desde una posición en la que el machismo se hace presente para atribuir el enojo, a la “costumbre de hacerla de tos” que se atribuye al carácter femenino.

No, nada tiene que ver “hacerla de tos” de un hartazgo de lo que sigue significando ser mujer en un país donde los feminicidios se normalizan. Los microgestos se reducen a comentarios como “Ya sabes cocinar, ya estás lista para casarte” a cuestiones como la discriminación laboral que existe en las cocinas profesionales en torno a las mujeres chefs y al real “pago de cuota” que significa entre otras cosas, soportar los comentarios y el acoso sexual de colegas masculinos. La discriminación existe desde el momento en el que se asume que por ser mujer, “toca” realizar cierto rol en torno a la alimentación de un hogar, como si fuera un designio divino.

A veces se nos olvida que el hecho de abogar por un feminismo, no solamente constituye un debate sobre los roles que las mujeres desempeñan tanto en la vida privada como en la vida pública. El tema no es, como muchas personas aún hoy en día lo conciben, que las mujeres quieran “ser como los hombres” – sí, por más increíble que parezca esta concepción del feminismo se encuentra todavía arraigada-. La cuestión es que las mujeres puedan ser lo que quieran ser, sin ningún tipo de imposición y condicionamiento que las considere personas “de segunda categoría”. De esta manera, si una mujer quiere cocinar, que cocine, pero porque verdaderamente eso sea lo que decide querer hacer, no por imposiciones de roles que perpetúen la dominación.  Así de simple y a la vez, tan difícil de entender para muchos.

El rol de la mujer en la alimentación socio-históricamente se ha concebido como una obligación inherente. Si bien la madre es la principal designada para nutrir en una primera etapa a sus hijos, esto no significa sin embargo que su rol se reduzca a esta participación en el cuidado de los hijos. Si se reduce a algo biológico, entonces la responsabilidad de la gestación es compartida.

¿Cómo podemos explicar entonces la gran mayoría de hombres chefs célebres en el mundo en relación con las pocas mujeres que pueden alcanzar un estatus de celebridad en la gastronomía? Estas contraposiciones evidentemente son el resultado de condicionamientos sociales en los que mientras la mujer no fuera partícipe de la vida pública o de la profesionalización del trabajo de cocinera, podía mantenerse en un rol acotado y controlado.

Es aún difícil sin embargo para muchas personas, reflexionar hasta qué punto sus roles y decisiones son el producto de determinismos sociales de control y dominación. No tiene nada de malo elegir quedarse en casa al cuidado de los hijos (sobre todo para formar mejores personas, más conscientes de la equidad de género), pero es sumamente difícil llegar a la realización y conclusión de que ese rol ha sido tomado a partir de lo que el machismo influyó en la trayectoria de vida de una mujer. Hoy tristemente todo esto se queda al margen cuando el caso de vida o muerte es combatir la violencia de género.

@lilianamtzlomel

Liliana Martínez Lomelí

Columnista de alimentación y sociedad

PUNTO Y COMO

Columnista de alimentación y sociedad. Gastronauta, observadora y aficionada a la comida. Es investigadora en sociología de la alimentación, nutricionista. Es presidenta y fundadora de Funalid: Fundación para la Alimentación y el Desarrollo.

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