El presidente López Obrador tiene razón cuando expresa que los rescates financieros y económicos han dejado la impresión de que las pérdidas empresariales se socializan, mientras que las ganancias se privatizan. Esta afirmación tiene fundamento cuando los probados y aceptados esquemas de rescate económico son hechos con corrupción, confabulándose las empresas con los gobiernos para que, además del rescate económico per se, los actos delictivos que pudieran darse queden impunes, además de la existencia de sospechosas ganancias para unos cuantos políticos y empresarios. Sin embargo, cuando los rescates económicos se llevan a cabo con el liderazgo de gobiernos notablemente carentes de corrupción, como es el caso del actual gobierno mexicano, y están enfocados en apoyar generalizadamente a todos los estratos sociales sin distingo, los resultados positivos son evidentes. Los casos del rescate del mercado de ahorro y préstamo en EU en los 80 y el reciente rescate en Alemania producto de la crisis del 2008 son claros. Igualmente hay casos ejemplares en Chile, Brasil, Japón, Francia, Inglaterra y nuevamente en Alemania bajo el liderazgo de Angela Merkel.

Estamos ante un hecho extraordinario que requiere acciones extraordinarias. No se habla de rescates obscenos a las grandes compañías o multinacionales. Toda la comunidad tiene que ser solidaria con el empleo empezando con los gobiernos. Estamos iniciando una crisis económica mundial que no provocó una ideología o modelo económico específico sino el súbito e inédito retraimiento social global. El mundo entero bajó la cortina y lo hará por la mayor parte del año, por lo que la actividad económica naturalmente se frenará. El apagar la economía mundial va a traer serias consecuencias para todos, lo mismo ocurrirá al intentar encenderla y máxime si durante su interregno los gobiernos no tomaron medidas para apoyar al sector privado a la par que a los sectores más desprotegidos. El menú forzosamente incluye el apoyo de subsistencia a los que menos tienen y el alivio fiscal temporal a la micro y pequeña empresa que conlleva la real defensa del empleo. Se habla de alivio temporal de obligaciones, no de prebendas económicas a los particulares. En un planteamiento trascendente con relación a la intervención en la economía, después de la Gran Depresión, Keynes demostró la importancia de cuidar el empleo a toda costa durante una crisis económica. En su reciente artículo en El Universal, Porfirio Muñoz Ledo argumenta, con razón, que la intervención del Estado en la economía es inevitable y necesaria, comentando que ésta podría ser aún más profunda que lo que el propio Keynes recomendó.

En México, ante la obligada parálisis de más de 30 millones de trabajadores, el primer gobierno de izquierda no puede perder la oportunidad de aprovechar su decisión de combatir la corrupción para que, a partir de ello, promueva un plan de apoyo a la economía que permita que las personas que viven al día, así como las pymes y profesionistas independientes puedan sostenerse varios meses. El freno a la corrupción ha sido el signo de este gobierno y debe de ser el eje para que despliegue un plan de protección al empleo rápido y eficiente. Si un gobierno en la historia económica reciente puede otorgar programas de alivio al sector privado sin corrupción es justamente el actual. Ojalá se haga pronto.

Carlos Alberto Martínez

Doctor en Desarrollo Económico y Derecho

AUCTORITAS

Profesor en la Universidad Panamericana, Ibero y TEC de Monterrey. Ha trabajado en el Banco de México, la Secretaría de Hacienda, en Washington, DC y en la Presidencia de la República. Actualmente estudia el doctorado en Filosofía con investigaciones en el campo de la ética y la economía. Autor de libros en historia económica, regulación financiera y políticas públicas.